A los 79 años, una fortuna valuada en US$ 7.100 millones según Forbes y más de 50 años de oficio encima, Steven Spielberg puede permitirse opinar sobre inteligencia artificial sin necesidad de posicionarse ni de vender nada. Y lo hizo: con claridad, sin matices vacíos y con una frase que sintetiza todo: "No creo que haya ningún sustituto para el alma".
Las declaraciones surgieron en una participación del cineasta en el podcast IMO with Michelle Obama & Craig Robinson, publicado el 27 de mayo pasado y que se viralizó esta semana en redes sociales. En ese espacio —un programa semanal en el que Obama y Robinson reciben invitados para responder preguntas del público sobre la vida cotidiana— Spielberg fue directo sobre dónde está dispuesto a aceptar la IA y dónde no.
"Me estoy reservando mi juicio sobre la IA hasta que vea realmente cómo se está utilizando", dijo. Pero enseguida precisó el límite: "Donde no me gusta la IA es cuando roba un puesto de trabajo o crea una silla vacía en una mesa de guionistas". La imagen es concreta y elocuente: seis guionistas, una silla vacía y una computadora frente a ella ocupando el lugar del séptimo. "No estoy dispuesto a sustituir a nadie", afirmó.
El director de Tiburón, E.T. y La lista de Schindler —y también ganador de dos premios Oscar a mejor director y tres veces responsable de la película más taquillera del mundo en su momento— trazó una distinción que no deja lugar a interpretaciones. La IA puede ayudar a encontrar locaciones. Puede ser "una herramienta más en el amplio arsenal del diseñador de producción". Pero no puede decirle a él cómo escribir un diálogo, dónde poner la cámara ni cómo diseñar un decorado.
"Usa la IA como una herramienta pero no como la última palabra en nada creativo. Ahí es donde pongo el límite", sentenció.
Lo que está en juego, para Spielberg, no es solo laboral sino ontológico. “La diferencia entre una computadora que es más inteligente que las personas y una computadora que piensa que siente más de lo que sentimos nosotros es una aberración para la forma en que fui criado y para cómo ejerceré mi propio oficio de productor y director en el futuro”.
El contexto: un debate que llega a la Argentina
Las declaraciones de Spielberg cobran otra dimensión en un momento en que el debate sobre los límites de la IA está lejos de ser académico. El lunes 8 de junio, el historiador israelí Yuval Noah Harari publicó en Financial Times una columna de opinión en la que cuestionó una iniciativa del presidente Javier Milei: la creación de una nueva categoría legal para corporaciones no humanas —es decir, empresas dirigidas por agentes de IA o robots— a las que se les otorgaría personería jurídica.
"Podría generar enorme riqueza nueva, pero muy preocupantemente también le daría a las IA una llave de acceso a nuestros sistemas financieros, económicos y políticos", escribió Harari, según publicó en su cuenta de X (ex Twitter).
Milei le respondió en la misma red social. "Estamos en el amanecer de una nueva era", escribió el Presidente, y trazó un paralelo con lo que el propio Harari describió en Sapiens: el momento en que los humanos usaron ficciones para organizar el trabajo colectivo y beneficiarse de la tecnología. "Necesitamos más que nunca toda nuestra inteligencia para construir el marco que nos permita aprovechar las oportunidades que tenemos por delante", añadió, y prometió una respuesta más detallada.
La posición de Spielberg —que la IA puede ser un instrumento útil pero nunca el árbitro de lo creativo ni un reemplazante de lo humano— resuena en ese cruce. No habla de personería jurídica ni de marcos regulatorios. Habla de una silla vacía en una sala de guionistas. Pero en el fondo, está hablando de lo mismo.
Spielberg regresa a las pantallas argentinas el jueves 112 de junio con el estreno de El día de la revelación (Disclosure Day), su nueva película sobre el encuentro entre humanos y extraterrestres.