El chef pastelero que entendió el mundo real y humano en Ecuador
Julissa Villanueva Periodista
Julissa Villanueva Periodista
Para Yves Revelly, Ecuador no fue un destino turístico, sino una misión de vida. El 21 de agosto de 2000, con 28 años de edad y una herencia familiar de cuatro generaciones de panaderos y chocolateros, aterrizó en Quito. No venía a hoteles de lujo, sino a Toctiuco, un barrio popular del centro de la capital, para trabajar en la fundación ‘Refugio de los Sueños’.
La historia comenzó en una pequeña asociación de panaderos suizos. Revelly era el cuarto de una cadena de profesionales que se relevaron para enseñar el oficio a niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. “Llegué a Ecuador para atender a 15 niños desde los cinco hasta los 16 años", recuerda. El objetivo era darles una herramienta para que, al cumplir la mayoría de edad y dejaran la fundación, tuvieran un oficio con el cual mantenerse.
Durante ese tiempo, el horno no solo producía lecciones; preparaba el pan diario para cinco refugios de la ciudad. Lo que originalmente sería una estancia de seis meses se extendió a diez. Al no llegar un reemplazo inmediato, decidió quedarse cuatro meses más como voluntario puro, sin sueldo, entregado a la causa.
Su paso por la Fundación transformó su escala de valores. Al descubrir que el deseo de Navidad de un niño en Quito eran zapatos o medias, y no tecnología, el chef comprendió por qué sus abuelos valoraban tanto lo esencial. “Eso te abre la mente; entendí cosas que no comprendía de chiquito", reflexiona. Para Revelly, Ecuador fue el fin de su aislamiento cultural. "A veces siento que Europa vive en una burbuja; aquí te das cuenta de que el verdadero mundo es uno más real y humano", dice.
Su labor no pasó desapercibida. Al terminar su tiempo en la fundación, la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) lo reclutó. Yves pasó de enseñar a niños de la calle a formar a la élite académica del país, convirtiéndose en el primer profesor en abrir un curso de chocolatería en Ecuador.
A pesar de haber pagado un costoso curso en Suiza antes de viajar, aterrizó con un español casi inexistente. “Era frustrante; una alumna se reía porque no entendía nada”, confiesa. Sin embargo, su persistencia lo llevó a dominar el idioma en la práctica, hasta el punto de corregir a sus alumnos: "¡Harina se escribe con H!", recuerda entre risas.
Hoy, ese acento francosuizo es su sello distintivo mientras saluda con fluidez a los clientes que ingresan a Gourmandises by Yves Thuriès, en el centro comercial Alhambra, el local insigne de la marca ubicado en Samborondón, que recientemente fue remodelado con una inversión de US$ 50.000 para reafirmarse como el corazón de la experiencia.

Para Yves Revelly, la pastelería es un código genético. Nació en la Suiza francesa y es heredero de cuatro generaciones marcadas por la migración. En los años 1950, su abuelo compró una panadería en la frontera italiana tras "equivocarse de semana" en el servicio militar. Yves, que creció hablando alemán, rompió el ciclo europeo al ser el primero en cruzar el océano.
En 2003, regresó a las élites del dulce en París (Le Nôtre y Bellouet Conseil) antes de liderar Chocolat Guayaba en Nigeria, donde enfrentó una realidad cruda. "En Lagos conocí el verdadero mundo; no podía manejar mi propio carro porque, por ser blanco, siempre tendría la culpa en caso de un accidente". Aquel año en África le confirmó que su destino estaba en la calidez de América Latina.
El rumbo definitivo se trazó en 2006 en un pasillo del Hilton Colón de Guayaquil. Allí conoció a una pasante ecuatoriana y sentenció: "Un día nos vamos a casar". Aunque el "sueño americano" lo llamó con una oferta para el Ritz-Carlton en el Gran Cañón, la cadena lo redirigió a Santiago de Chile en 2007. Para que su novia, oriunda de Piñas pudiera acompañarlo, apostó por el amor y se casaron en Chile un 7 de junio de 2007.
Su trayectoria continuó en el Grand Coral Beach de Cancún, en un restaurante de cinco diamantes, donde vivió la fragilidad del lujo durante la crisis de la gripe porcina: “Tuvimos que despedir a 20 personas antes del mediodía”. Buscando estabilidad, se trasladó en 2010 a Guatemala, donde trabajó para el grupo económico más fuerte del país. Allí nació su hijo, Micael, un 1 de marzo.
“La cocina es una red. Si tú dejas una buena imagen y un buen trabajo, la gente te va a buscar. He tenido directores que me llaman desde Marruecos o amigos de Chile con los que sigo conectado después de años; el mundo es un pañuelo si haces las cosas bien”, indica este chef que acumula premios y reconocimientos internacionales obtenidos en 1989, 2003, 2010 y 2013.
Tras su retorno definitivo a Ecuador en 2015 y un paso por el tradicional local Galleta Pecosa, encontró su libertad creativa en 2017. Gracias a la conexión con su mentor, el legendario Yves Thuriès, y la visión de la fundadora Catherine Burrus, nació la oportunidad en Gourmandises, como chef ejecutivo. La marca, fundada en 2018, fusiona la elegancia europea con la riqueza del cacao ecuatoriano. Más que una cafetería, es un punto de encuentro de parejas, amigos y familiares.
Gourmandises en francés significa ‘el deseo de disfrutar de manjares’ y es el laboratorio vivo para Revelly. “A menudo me dicen “eres solo pastelero”, pero este es un mundo inmenso que incluye chocolatería, tortas, sánduches y dulces árabes", explica.

En sus vitrinas, las tortas tradicionales han cedido el paso a la sofisticación. El chocolate es un pilar fundamental; utilizan producto propio, el mismo que se comercializa en Francia, para garantizar un estándar superior en bombones y trufas. Actualmente, los dulces representan casi el 50 % de las ventas de la firma.
El postre estrella es el tiramisú, de origen italiano y con base de café; le siguen Ópera, un pastel con bizcocho de almendra, almíbar de café, ganache de chocolate amargo y mousse de café; y el milhojas, dulce de varias capas delgadas de hojaldre crujiente intercaladas con relleno cremoso. Los macarons son los más vistosos y pedidos por enamorados: estos bocados franceses son valorados por su textura crocante por fuera y cremosa por dentro, que utilizan harinas de frutos secos de alta calidad.
La marca atraviesa un momento de expansión robusta. En 2025, Gourmandises alcanzó una facturación aproximada de US$ 1,3 millones, tras un 2024 marcado por la construcción de su planta de producción y centro de distribución con una inversión de US$ 1,5 millones, según la Gerencia General. Para 2026, la proyección es crecer un 25 %, impulsado por nuevas aperturas como el esperado local en Vía a la Costa.

Hoy, Yves Revelly, con 53 años, lidera la producción que abastece a las cinco boutiques de la marca, ubicadas estratégicamente en Alhambra, Village Plaza, Riocentro Los Ceibos, Riocentro El Dorado e Hipermarket Buijo, entre Samborondón, Guayaquil y Daule, donde imprime su sello de “arte en el detalle” en cada pieza. A la par del crecimiento del negocio, el chef mantiene intacta esa red de conexiones que cruza océanos.
Para este nómada, el éxito no reside únicamente en la pureza del chocolate de origen, sino en valores como la lealtad y la gratitud. Tras cuatro generaciones de panaderos europeos, Yves rompió la inercia geográfica de su linaje para entregar la posta a su hijo Micael, quien tiene el español como lengua materna. Así consolida un alma ecuatoriana que hoy se saborea en cada una de sus creaciones artesanales. (I)