Es oncólogo y lideró una travesía a Los Andes junto a sus pacientes para motivarlos
Fernando Petracci es especialista en cáncer de mama del Instituto Alexander Fleming: para ayudar a sus pacientes a atravesar la enfermedad, realizó una expedición al Valle de las Lágrimas para conmemorar el Milagro de los Andes.

Fernando Petracci es médico oncólogo, especialista en cáncer de mama. Día a día, estudia, trabaja e interactúa con pares en una búsqueda continua de excelencia académica para recomendar a cada paciente la mejor estrategia de tratamiento en pro de encontrar la curación, de paliar los síntomas producidos por el cáncer, de evitar efectos adversos secundarios de los tratamientos, aliviar el dolor, mejorar la calidad de vida, y sobre todo, de acompañarlos en cada etapa, a ellos y a su familia.    

"Motivar a un paciente para que siga paso a paso hacia adelante en todo el proceso de la enfermedad no es fácil. Mantenerlo en el tiempo es una tarea muy difícil. A pesar de concientizar a los pacientes de los múltiples beneficios de realizar actividad física para mejorar la salud ósea, mejorar su estado inmunológico, mejorar su estado psico-emocional, y más aún, impactar positivamente en las chances de curación con similar beneficio a tratamientos instaurados como la quimioterapia, la mayoría de ellos claudican a corto plazo. Sin duda alguna lograr que realicen un cambio en sus vidas, que incorporen hábitos nuevos, que realicen actividades deportivas y recreativas en forma rutinaria es más difícil que hacerlos transitar las primeras etapas de la enfermedad", reconoció el médico bahiense.   

"Sin duda alguna el día a día en el consultorio nos deja una enseñanza, y los pacientes son nuestros verdaderos docentes. El enfrentarse a lo desconocido, el confiar ciegamente en los profesionales, el sacar fuerza para seguir adelante, caerse y levantarse. Los pacientes nos demuestran que tienen la valentía de cambiar, de tomar decisiones, de empujar hacia adelante a sus afectos, de tomar la decisión de ser padres o madres y formar una familia dejando de lado su propia historia para ser parte de una nueva historia. Nos corrigen, nos agradecen con un abrazo o una sonrisa, y nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos como oncólogos", continuó.  

Fernando Petracci

Petracci aseguró que desde el punto de vista personal, en el consultorio pone su cuerpo y energía en motivar a sus pacientes, estimularlos y brindarles confianza que van por el buen camino: "En determinado momento, notamos que la mayoría hace un "click" y dejan de ser las personas que conocimos en la primera consulta, cargadas de miedos, e incertidumbres, y años después te encontrás con personas empoderadas luego de haber padecido cáncer".

Es ahí donde esta expedición se empezó a gestar, a tomar sentido. ¿Qué más podemos hacer por nuestros pacientes para que sigan adelante y disfruten al máximo de sus vidas?, ¿por qué no presentarles un desafío que les marque un norte, que los focalice, que los estimule a ejercitarse y prepararse, y a la vez sirva de ejemplo para otros que jamás saldrían de su status-quo o zona de confort?. Un desafío que los lleve a realizar algo jamás pensado o planeado, acompañados por desconocidos pero que son pares, personas que caminaron el mismo sendero, con más o menos dificultad, pero el mismo sendero al fin.    

 

 

-¿Como fue la idea de unir a tus pacientes con El Valle de Las Lágrimas y ese homenaje en particular? 

-En febrero de 2021, junto a 6 amigos de Bahía Blanca, nos embarcamos en el trekking al Valle de Las Lágrimas y un equipo excepcional de guías de montaña. Más allá de haber vivido 3 días inolvidables, de regreso todos coincidimos en lo mismo: "fue una experiencia movilizante", "te cambia", "única", "volveremos". A los pocos días de regresar, mi cabeza empezó a trabajar y se gestaron algunas ideas y preguntas junto a otro compañero y amigo de aventuras: ¿Y si llevamos a pacientes recuperados? ¿Si les ponemos un desafío? Tal vez si hacemos un documental con relatos de resiliencia, cómo hicieron, qué recomendarían a otros pacientes a los cuales su avión se acaba de caer.  Así empezamos a trabajar y llegamos al 2021 haciendo esta propuesta, esperando que se sumen. 2022 fue un año especial, se cumplieron 50 años del accidente y quisimos estar todos juntos ahí, conmemorando a los que descansan en la Cordillera y recordando lo que nos enseñaron los sobrevivientes. La expedición fue realizada el primer fin de semana de marzo.   

 

-¿Cómo fue la convocatoria a tus pacientes?

 -Durante el 2021 los pacientes fueron invitados por sus oncólogos de cabecera. La invitación no fue exclusiva para pacientes míos del Instituto Alexander Fleming, fue extensiva a médicos de La Plata, Salta, Zona Norte, Bahía Blanca y otros. Se trató de seleccionar pacientes con historias de vida, más allá de ser sobrevivientes de cáncer de mama, pacientes empáticos que con experiencia o no en trekking de montaña estén predispuestos a la convivencia armónica en un ambiente rústico cargado de esfuerzo, inclemencias del tiempo y emoción. Finalmente aceptaron 31 pacientes, una paciente mía proveniente de Ecuador, una paciente de Bahía Blanca, otra de Coronel Suárez, 5 pacientes del Hospital Italiano de La Plata acompañadas por el oncólogo el Dr. Sergio Daniel y 5 pacientes de Hospital Austral de Pilar acompañadas por la jefa de psicoóncología ,Lic. Daniela Berdinelli. 

Ante la invitación la confirmación fue casi inmediata y rondando el 100%. Las pacientes que no pudieron sumarse en su mayoría no pudieron por compromisos familiares, o laborales y en un menor número por no creer estar preparadas para este desafío. 

-¿Qué rango etario tienen los pacientes que realizaron el trekking?

-Dentro del grupo de pacientes las edades eran de 36 a 68 años, 30 mujeres y un hombre.  
 

Fernando Petracci

-¿Cuántos días duró la expedición y en qué consiste la travesía? 

-Es un trekking que tuvo como destino final un lugar emocionante en el corazón de La Cordillera de Los Andes donde el avión de la Fuerza Aérea Uruguaya sufrió el accidente en Octubre de 1972. Habitualmente el trekking al Valle de Las Lágrimas es una expedición abierta a todo aquel que quiera vivir esta experiencia única. Hay diferentes guías que arman el viaje ya sea a caballo o caminando. La expedición del 4 al 6 de marzo de 2022 fue propuesta por mí y organizada por el experimentado guía de montaña Eduardo Molina y exclusiva para pacientes que se encuentran en control luego del diagnóstico y tratamiento previo de cáncer de mama, pacientes sanos que han sabido enfrentar la enfermedad y su tratamiento con entereza y reencaminarse para continuar en todos los ámbitos de sus vidas.  

En total, conformamos un grupo de 52 expedicionarios, incluyendo soporte médico de traumatología, emergentología, psicooncología, fotografía, 4 integrantes de una productora para filmar un documental y 4 experimentados guías de alta montaña, arrieros, caballos y mulas de soporte.  

Es un trekking de dificultad intermedia. Se necesita cierto estado físico para realizar la expedición y disfrutarla en todo su esplendor. A los pacientes se les brindaron pautas de entrenamiento y equipamiento, ya que se trata de un trekking con gran apoyo de guías de montaña y de silleros, caballos con montura que se utilizan para el cruce de los ríos que no puedan cruzarse a pie o de soporte para aquellas personas que por cansancio no puedan seguir caminando hasta el campamento o hasta los restos del avión, los subimos a los caballos para recuperarse y seguir con todo el grupo a destino. 

El trekking



-¿Cuál crees que es el mayor aprendizaje de esta campaña que organizaste? 

-No hay palabras para expresar lo vivido en esas 72 horas de convivencia en la montaña. Las expresiones de emoción y alegría, el darse continuamente a los demás, la preocupación de unos hacia otros por estar bien, contenidos, empujando hacia adelante y hacia arriba, entre pares y del equipo médico, de asistentes y guías hacia ellos. El agradecimiento continuo de ellos hacia nosotros, día a día y al regreso. No hay palabras para describir cuando las emociones se dejan a flor de piel.  

 

 

Estando allá, cada paciente recibió una o varias cartas de sus familiares, de sorpresa, sin esperarlo. Fue un momento íntimo en el cuál quisimos que todas aquellas personas que acompañaron a los pacientes desde el diagnóstico hasta la fecha estén presentes en la Cordillera. Pero claramente el mayor aprendizaje fue que siempre podemos dar más sin esperar o pedir nada a cambio. Con nuestros actos podemos cambiar la vida de las personas que nos rodean: nuestro rol como oncólogos lo tratamos de cumplir de la mejor manera en el día a día, brindando confianza, consuelo, calmando las incertidumbres, acompañando, tratando. Y a pesar que nadie nos obliga a hacer más por ellos, surge esa necesidad de hacer más, y la recompensa es mayor de lo pensado. Esa sensación de plenitud del alma luego de empujar a cada uno a lograr este desafío.