Julian Hayes II Colaborador
Stephen Curry, medallista de oro olímpico, cuatro veces campeón de la NBA y dos veces MVP de la temporada regular, atraviesa su 18ª temporada con una prioridad renovada. Tras pasar dos meses fuera de las canchas por lesiones en la rodilla la temporada pasada, el basquetbolista modificó su entrenamiento y su preparación para mantener su rendimiento al máximo nivel y seguir aspirando a otro campeonato.
En una entrevista reciente con CNBC, Curry dijo que piensa en el retiro todos los días. "Influye en mi forma de trabajar. Influye en mi preparación", afirmó. La posibilidad de que su carrera entre en la recta final pasó a formar parte de la forma en que encara cada jornada.
La misma lógica puede trasladarse al mundo de los negocios. Mantener un rendimiento elevado durante muchos años exige adaptarse a entornos que cambian y a capacidades que evolucionan, sin perder de vista los objetivos que todavía quedan por alcanzar.
La experiencia vale más cuando el cuerpo acompaña
Encestar tiros libres en los últimos segundos de un partido de playoffs, con todo el estadio en contra, y dirigir una empresa durante una crisis económica parecen situaciones muy distintas. Sin embargo, ambas exigen tomar buenas decisiones bajo presión, una capacidad que suele mejorar con la experiencia. Los años ayudan a enfrentar escenarios complejos, pero mantenerse en buenas condiciones físicas y mentales es lo que permite seguir aprovechando ese aprendizaje.
Para los directorios, un CEO experimentado puede aportar un valor considerable. Probablemente haya atravesado crisis económicas y participado en adquisiciones, tanto exitosas como fallidas. Además, pudo haber construido durante décadas relaciones capaces de abrir puertas o ayudar a resolver problemas complejos. Un CEO de 52 años, por ejemplo, puede acumular décadas de experiencia al frente de una empresa. La cuestión es si su estado físico y mental le permite seguir respondiendo a las exigencias del cargo, tanto hoy como en los próximos años.
Los equipos profesionales hacen una evaluación similar antes de contratar a un jugador. Su talento y su trayectoria pueden justificar la inversión, pero los estudios médicos ayudan a determinar si está en condiciones de sostener ese rendimiento a lo largo del tiempo. Para quienes ocupan posiciones de liderazgo, cuidar esa capacidad también puede ser una parte clave de su preparación.
Prepararse distinto para durar más
Mantenerse en la élite durante muchos años obliga a cambiar la preparación. Curry es un ejemplo claro. A medida que su carrera avanzó, su entrenamiento dejó de centrarse únicamente en lo físico y empezó a darle más espacio al trabajo mental y a la recuperación.
Su entrenador de toda la vida, Brandon Payne, lo sometió este año al trabajo mental más intenso de su carrera. En uno de los ejercicios, un iPad mostraba números de distintos colores. Cada color indicaba un movimiento y cada número cuántas veces debía repetirlo antes de lanzar. Las combinaciones cambiaban todo el tiempo, por lo que Curry tenía que interpretar la información y reaccionar en cuestión de segundos. El objetivo era obligarlo a tomar decisiones rápidas mientras ejecutaba los movimientos.
Payne empezó a prepararlo para esta etapa desde sus primeros años de trabajo juntos. Su intención es que Curry pueda compensar los cambios físicos propios del paso del tiempo con una mayor capacidad para leer las jugadas y tomar mejores decisiones. Durante el verano también probaron distintas cargas de entrenamiento para determinar cuánto descanso necesitaba entre sesiones.
Al comienzo de una carrera, un atleta puede apoyarse más en la velocidad, la potencia y la capacidad de recuperación. Con los años, en cambio, empieza a ganar peso la lectura del juego. Anticipar qué hará un rival y gestionar mejor el esfuerzo puede marcar la diferencia.
En el mundo empresarial pasa algo parecido. Durante sus primeros años, los CEOs y fundadores pueden soportar jornadas más largas y participar de casi todos los aspectos de la compañía. Con el crecimiento del negocio, esa forma de trabajar se vuelve cada vez más difícil de sostener. El rol también cambia. Delegar, formar equipos y construir relaciones pasan a ocupar una parte mayor del trabajo. Por eso, el bienestar de los líderes puede ser determinante para que sigan aprovechando la experiencia acumulada.
Con los años también crecen el conocimiento del negocio, los vínculos y el criterio para tomar decisiones. Esa experiencia puede volver valiosa la etapa final de una carrera, siempre que el líder conserve la capacidad necesaria para ponerla en práctica.
Curry todavía busca nuevos objetivos después de casi dos décadas en la NBA. Su caso muestra que prolongar una carrera no depende de entrenar de la misma manera durante más tiempo, sino de adaptar la preparación a lo que exige cada etapa.
Para CEOs y fundadores, la lógica es similar. Pensar en la longevidad implica cuidar la capacidad de seguir liderando, desarrollar a otros y encarar nuevos proyectos. Para los directorios, también implica tener en cuenta cuánto puede influir el estado de un líder en su capacidad para seguir generando valor.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.