Elizabeth Frías Rivas Periodista
"Si no vivo para servir, no sirvo para vivir", es una de las frases que marcó la vida de Leopoldo Avellán. La escuchó durante sus años en el colegio jesuita, y se la atribuye a la Madre Teresa de Calcuta. Esa vocación de servicio social lo impulsó a elegir la carrera de economía, buscando comprender y transformar su entorno.
Ese mensaje lo acompaña desde su infancia cuando jugaba en las calles de Urdesa, en el norte de Guayaquil. Eso lo llevó a estudiar economía en España y Estados Unidos, a trabajar en Ecuador y a pasar 17 años en Washington, antes de asumir un nuevo desafío.
Ahora, a sus 52 años, este economista guayaquileño acaba de comenzar un nuevo capítulo como representante del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Bolivia. Llegó al cargo en febrero de 2026 y comenzó a trabajar en una nueva estrategia para ese país. El multilateral anunció un apoyo financiero de hasta US$ 4.500 millones durante tres años, como parte del acompañamiento al proceso de estabilización y crecimiento.
Su historia no comenzó con una decisión clara de convertirse en economista. De niño, Avellán pasaba buena parte de su tiempo entre bicicletas y patinetas, recorriendo las calles de su barrio con sus amigos. La secundaria la pasó en el Colegio Javier donde tuvo experiencias que lo acercaron a los temas sociales.
Recuerda las visitas a personas mayores y acciones dirigidas a niños de escasos recursos. Una actividad que permanece en su memoria fue la campaña para reunir dinero y ayudar a los recicladores, más conocidos como chamberos en el Puerto Principal.
Su madre, María Isabel, era profesora de primaria en una escuela fiscal de Mapasingue y luego dictó cursos universitarios. Durante su infancia, Leopoldo la acompañaba al trabajo cuando no tenía clases. Esa experiencia le permitió observar de cerca las diferencias entre la educación pública y privada.
"Me acuerdo que jugaba con los niños que estaban y chiquito me daba cuenta de las diferencias entre la educación pública y la educación privada, las instalaciones eran el día a la noche", comentó Avellán.
Las vacaciones también tenían una rutina particular. Su madre aprovechaba esos meses para reforzar con sus hijos algunas materias, principalmente matemáticas y lengua. Leopoldo y sus hermanas Gabriela y Silvia se sentaban juntos a repasarlas. Fue en esos momentos cuando comenzó a desarrollar una afinidad particular por los números y la física. "Amé la física porque con ella se pueden aplicar las matemáticas a problemas reales", recuerda Avellán.
Con esa inclinación, ingresó a la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) para estudiar ingeniería. En ese entonces, en 1993, en esa institución primero se dictaban clases generales y luego se tomaba la especialización. Por eso, los primeros años recibió materias como cálculo, física y química, mientras consideraba especializarse en ingeniería mecánica o industrial.
Pero algunas preguntas comenzaron a interesarle y no siempre tenían una respuesta tan precisa como las que encontraba en los problemas de ingeniería. En sus años universitarios, también observaba lo que ocurría en Ecuador. En esa época, a finales de los años noventa, el cambio de moneda comenzó a ser una incertidumbre para la población y lo que quería era entender por qué ocurrían estos cambios y cómo se conectaban variables como el petróleo, los precios, el dólar, el déficit, la deuda y el empleo.
"Al existir incertidumbre, hay cosas que no se pueden controlar y que no se conocen. Empecé a cuestionarme por todo y entonces la universidad lanzó la carrera de economía que arranca en el 94", comenta Leopoldo.
La economía que había conocido en el colegio no le había despertado mayor interés. "La asociaba con la historia del pensamiento económico y con nombres como Adam Smith, Karl Marx, Alfred Marshall y John Stuart Mill. Me parecía una disciplina alejada de la lógica y la sistematización que buscaba".
Eso cambió cuando la universidad abrió la carrera de Economía. Avellán encontró allí una combinación que hasta entonces no había identificado y las herramientas cuantitativas que ya le interesaban. "La carrera de ingeniería era muy exacta y yo tenía más dudas y cuando abrieron la carrera de Economía y comencé a comprender más cosas y ahí fue cuando el salto fue inevitable para cambiarme", comenta Leopoldo.
Se graduó como economista en 1998 en Espol y ese mismo año ingresó al Banco Central como analista económico. También había recibido una propuesta de un banco privado, con una remuneración atractiva y un trabajo relacionado con modelos estadísticos para riesgo y cartera. Sin embargo, optó por el Central. Además, allí surgió la posibilidad de capacitarse en el extranjero.
Un año después viajó a Barcelona, España para estudiar una maestría en Economía en la Universitat Pompeu Fabra. Fueron nueve meses de una formación académica que recuerda como una de las etapas más intensas de su carrera.
La experiencia terminó de convencerlo de que quería continuar con un doctorado y lo realizó en Estados Unidos. En la Universidad de Maryland estudió el doctorado en Economía, con énfasis en macroeconomía, finanzas internacionales y economía aplicada. Su mentora y directora de tesis fue la reconocida economista estadounidense cubana Carmen Reinhart, famosa por sus investigaciones sobre crisis financieras, deuda soberana y flujos de capital.
Al regresar a Ecuador retomó su trabajo en el Banco Central e ingresó como catedrático a la Espol. Dictó econometría, macroeconomía y microeconomía. También dirigió el Centro de Investigaciones Económicas. Entre 2004 y 2009 se desempeñó como profesor asociado.
¿Cómo llegó al BID? En 2007 aplicó para el área de investigación de esta multilateral. Fue entrevistado por un representante de este organismo, pero no lo llamaron y dejó de esperar.
"Buscaban economistas para el área y apliqué. Viajé a Washington, me entrevistaron, pero no llamaron de inmediato".
Después de las entrevistas dejó de esperar una respuesta. Sin embargo, su nombre quedó en la lista de candidatos elegibles. Dos años después, en 2009, recibió una llamada que tanto anhelaba.
El BID buscaba un economista para trabajar durante un año en temas relacionados con los países andinos. La noticia llegó cuando se dirigía con su esposa y unos amigos al concierto de la banda mexicana Maná. Después del show tomó un avión rumbo a Washington.
El objetivo inicial era que trabajara durante un año. Ese contrato temporal se prolongó por 17 años.
Los primeros años fueron complicados. Se dejó vencer por la nostalgia. Cuando llegó le confirmaron que se quedaría en la multilateral, lo primero que hizo fue llamar a su esposa Carmita y sus hijas Ariana y Doménica y las llevó a vivir con él.
"La distancia con ellas fue una de las partes más difíciles. Mi familia es lo más importante para mí", afirma.
Durante ese tiempo, si bien su carrera se desarrolló principalmente en Washington, estuvo vinculada a América Latina. Trabajó durante siete años en el área de países andinos, con responsabilidades relacionadas con Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.
Más adelante pasó al área de planificación estratégica. Allí conoció otra dimensión del funcionamiento de una institución multilateral como, por ejemplo. cómo se financia, cómo se diseñan los instrumentos de financiamiento y cómo se determina el apoyo que reciben los países.
Uno de los proyectos que más recuerda de esa etapa fue su participación en el desarrollo de una metodología para dimensionar operaciones de apoyo a políticas públicas. El proceso tomó varios años e implicó analizar reformas, su alcance y sus posibles impactos para construir un sistema que permitiera determinar el valor de este tipo de operaciones.
En 2026, después de 17 años en Washington, Avellán aterrizó en Bolivia. Su experiencia en los países andinos resulta ahora especialmente relevante. "Uno de mis mayores activos es ser ecuatoriano, comparto una identidad en común con Bolivia ya que ambos son países andinos y resultan ser muy parecidos en muchos ámbitos", entiendo los retos, todas las cosas lindas que tenemos, dice Leopoldo.
La cercanía cultural le permite reconocer similitudes entre Ecuador y Bolivia, pero también identificar las diferencias que deben considerarse al momento de diseñar políticas y proyectos.
Su trabajo consiste en representar al organismo en el país, contribuir a la definición de las prioridades de intervención y articular el trabajo de las tres instituciones que lo integran: el BID, que trabaja principalmente con los gobiernos; BID Invest, enfocado en el sector privado; y BID Lab, orientado a innovación y emprendimiento.
La responsabilidad está en ayudar a traducir la estrategia del organismo en operaciones concretas y concentrar los recursos y capacidades del Grupo BID en sectores donde puedan generar impacto. No es quien lidera técnicamente cada préstamo, esa tarea suele estar en manos de especialistas sectoriales, pero participa en la construcción de las operaciones, su orientación estratégica y la relación con las autoridades. (I)