Sofía Lara Benítez Periodista
José Samaniego lleva décadas leyendo la economía ecuatoriana. Como economista y como socio fundador de la Administradora de Fondos y Fideicomisos en Ecuador (Anefi), ha visto al país subir y bajar en ciclos que siempre parecían depender de una sola variable: el precio del petróleo. Por eso, cuando dice que algo ha cambiado de fondo, vale la pena escucharlo.
"Antes tenías que fijarte en qué pasaba con el petróleo. Si bajaba, desastre y estancamiento para el Ecuador. Ahora no". Dice que hoy la economía ecuatoriana crece con camarón, cacao, café, banano, frutas, brócoli y una lista de productos que hace diez años nadie hubiera imaginado que encabezaran la balanza exportadora del país.
Esa transformación es el punto de partida para entender el momento que atraviesa el Ecuador. Uno que Samaniego define con precisión, no como un circuito virtuoso todavía, pero sí como un “ciclo virtuoso” que lleva cerca de dos años construyéndose y que tiene respaldo en los números macroeconómicos
Los números que sostienen la apuesta
Las cifras del ciclo son concretas. Según Samaniego, Ecuador alcanzó este año una reserva monetaria internacional superior a US$ 12.500 millones, un nivel que él califica de histórico y que representa el respaldo más sólido que ha tenido la dolarización desde su implementación en el año 2000. Ese colchón de divisas, explica, es la columna vertebral del modelo monetario. Sin moneda propia para emitir, la reserva es el escudo que garantiza el desempeño económico.
Samaniego recuerda la época en la que fue asesor del presidente de la Junta Monetaria y en el Banco Central del Ecuador, hace aproximadamente tres décadas. En esa época, cuando se tenía el sucre, la política cambiaria generaba problemas importantes para la economía del país. Con la dolarización, ese nudo crítico de años se eliminó y el país dejó de tener inflación, devaluación y obstáculos con el desempeño de la moneda en los mercados internacionales.
Las remesas alcanzaron US$ 7.729 millones en 2025, un récord desde que el Banco Central del Ecuador (BCE) lleva registros, que equivale al 6 % del producto interno bruto (PIB) y representa un 18,2 % más que en 2024, según las cifras oficiales presentadas en abril de 2026. Solo el camarón, con US$ 8.401 millones en exportaciones, supera a las remesas como fuente de divisas. El dinero que envían los migrantes ecuatorianos desde Estados Unidos, España, Italia y otros países ya no es un ingreso marginal, es la segunda fuente de ingresos del país, asegura el economista quiteño.
La balanza comercial, por su parte, registró entre enero y octubre de 2025 un superávit de US$ 5.052 millones, impulsado por el extraordinario desempeño de las exportaciones no petroleras, que crecieron un 20 % en ese periodo reportado por el BCE. De los 13 sectores que el Servicio de Rentas Internas (SRI) monitorea mes a mes, 12 crecen a esta fecha. “Eso es un muy buen signo”, dice Samaniego.
De la dependencia petrolera a la diversificación real
La diversificación de la economía ecuatoriana no es un eslogan. Es un dato verificable en la estructura de las exportaciones. Ecuador ya no depende del petróleo ni en sus ventas al exterior ni en su inversión extranjera. Según Samaniego, antes el 80 % de la inversión extranjera directa (IED) iba a exploración y explotación petrolera. Ahora se distribuye entre comercio, industria manufacturera, construcción, generación eléctrica y minería.
Esa recomposición se refleja también en los acuerdos comerciales que Ecuador ha firmado en los últimos años con la Unión Europea, China, Estados Unidos, Corea del Sur y Arabia Saudita. Cada acuerdo amplía la frontera de mercados a los que pueden llegar el camarón ecuatoriano, el cacao, las flores y los elaborados de fruta. “Si un país asiático te deja de comprar, te das la vuelta y le vendes a otro. Eso logran los acuerdos comerciales”, expone.
El camarón ecuatoriano es el ejemplo más claro de lo que la diversificación puede lograr. El sector acuícola ecuatoriano compite con los principales productores asiáticos y se ha posicionado por calidad en mercados que antes no lo conocían. Las flores ecuatorianas, el chocolate de origen y el café especial siguen el mismo camino. De ahí la importancia de los acuerdos de comercio internacional y el reto de dinamizar e internacionalizar la producción nacional.
Los cinco retos que definen el largo plazo
Samaniego no es de los economistas que solo cuentan la buena noticia sin incomodarse. Para que el ciclo virtuoso se convierta en una tendencia sostenida, identifica cinco temas estructurales que Ecuador debe resolver, desde la política nacional y la gobernanza, hasta el sector privado que impulsa los engranajes financieros y las bases a largo plazo.
El primero es el sistema de seguridad social, que enfrenta una brecha actuarial cuya solución no es fácil. La población envejece, los trabajadores activos serán menos que los jubilados en el futuro, y el modelo de financiamiento actual no alcanza. Es un problema global, pero en Ecuador tiene urgencia local.
El segundo es la oferta de energía eléctrica. La inversión extranjera que está llegando al país encuentra un obstáculo concreto en la garantía de suministro. La Constitución de 2008 declaró la generación eléctrica como un sector estratégico, lo que limita la inversión privada. Una reforma reciente amplió esa apertura a proyectos de hasta 100 MW, pero el país necesita mucho más. “Sería una gran noticia para Ecuador que este sector se abriera al privado con grandes inversiones y acuerdos lógicos con el Estado”, dice.
El tercero es la seguridad. Un problema permanente que impacta directamente en el turismo, en la inversión y en la percepción internacional del país. El cuarto son las leyes laborales, cuya configuración actual frena decisiones de inversión. El quinto, quizás el más determinante para el largo plazo, es la institucionalidad: justicia independiente, respeto a contratos, un track record de que en Ecuador las reglas se cumplen. "El inversionista extranjero necesita saber que en Ecuador se cumplen las leyes y los contratos".
Anefi apuesta al Ecuador desde adentro
Desde la orilla de los servicios financieros, Anefi es un ejemplo concreto de lo que significa apostar al mercado local con visión de largo plazo. La administradora de fondos y fideicomisos, constituida en 1994, cerró 2025 con 15.000 clientes y activos administrados por US$ 1.450 millones, según datos confirmados por Samaniego. Sus ingresos totales superaron los US$ 6,97 millones en 2025, frente a US$ 6 millones en 2024, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros. En lo que va de 2026, la empresa acumula un crecimiento del 22 % en ventas.
Anefi, con operación a escala nacional, administra cuatro fondos de inversión por cerca de US$ 125 millones y gestiona más de 9.500 negocios fiduciarios en un mercado que mueve aproximadamente US$ 10.000 millones en el Ecuador. Opera con 60 colaboradores y está presente en Quito y Guayaquil.
En la oficina ubicada en el sector norte de Quito, Samaniego asegura que el crecimiento de Anefi es también un reflejo del momento que vive la industria de servicios financieros en el país. “Ha crecido y tiene un futuro importante, porque la gente confía cada vez más en nuestros servicios”, asegura. Sin dudarlo, agrega que la curva de crecimiento se deriva también del manejo macroeconómico del país, con una reducción importante del riesgo país en 2026. Según registros del BCE, este indicador descendió de un promedio superior a los 800 puntos en 2025, a un mínimo cercano a los 400 puntos a julio 2026. Es el dato más bajo en una década.
La apuesta de Anefi por la tecnología como apps móviles, transacciones en línea, digitalización del negocio de fondos responde a la misma lógica que Samaniego aplica al análisis macro. “La inteligencia artificial está aquí y hay que jugar con ella. No hay que evitarla ni eludirla. Nosotros ya decidimos estratégicamente crear una gobernanza de la IA y considerarla una herramienta para desarrollar los negocios”.
El Ecuador de 2026 no es el mismo que el de 2000. Cuenta con reservas históricas, remesas récord, una balanza comercial superavitaria y una canasta exportadora que ya no depende de un solo producto. Samaniego lo resume con la misma honestidad con la que lee los balances de sus clientes, “Hay que seguir apostando al país. Hay que invertir en el Ecuador”. Y, mientras lo dice, en Anefi ese argumento no es solo una declaración, es un balance que crece. (I)