Frente al agotamiento y la sobrecarga digital, cada vez son más las compañías que dejan de medir las horas trabajadas y empiezan a gestionar la energía de sus equipos como un activo estratégico.
"Vivimos en una sociedad de que nos incita a bloquear y anular las emociones. Esto se debe a que parece que sentir o emocionarse es un signo de debilidad o de falta de fortaleza. Si uno guarda lo que siente por miedo a lo que piensen los demás, por temor a quedar en ridículo o por incapacidad para expresarlo, eso termina causando un daño". Marian Rojas Estapé.