Banco Pichincha cultiva la confianza de los agronegocios ecuatorianos
Cuando se habla del futuro del Ecuador, se debe incluir al agro en la conversación. Detrás de cada producto que llega a los mercados nacionales e internacionales, existen empresas y emprendimientos que generan empleo y un sector que impulsa el crecimiento económico, fortalece la seguridad alimentaria y promueve el desarrollo de miles de ecuatorianos. El agro es una actividad productiva que suma varios actores en el desarrollo nacional, es una red de conocimiento, innovación y compromiso que conecta territorios, familias, negocios y mercados.

Para Banco Pichincha el desarrollo del agro es inseparable del desarrollo del país. Por esa razón, ha construido una propuesta integral que va más allá del financiamiento tradicional. Su compromiso es acompañar a quienes sostienen este sector mediante productos especializados, educación financiera, sostenibilidad, cercanía territorial y una visión de largo plazo. Esa convicción se expresa en un portafolio para las distintas realidades productivas y en iniciativas como "Cultivamos Confianza" y "Aprendamos de Dinero", que buscan fortalecer capacidades, ampliar oportunidades y consolidar relaciones responsables con sus clientes.

La agricultura, la ganadería, la acuacultura y la agroindustria ecuatorianas conviven con una riqueza geográfica extraordinaria, pero también con desafíos complejos. Los ciclos productivos, la presión sobre los recursos, la variabilidad climática, la volatilidad de precios, la logística, la tecnificación y las exigencias de los mercados requieren respuestas especializadas. Frente a ese contexto, una entidad financiera cercana debe comprender cómo se produce, cuándo se invierte, en qué momento se recupera el capital y qué riesgos pueden comprometer la continuidad de cada actividad. Esa comprensión es la base para construir confianza.

Un aliado estratégico para el agro

La transformación del agro exige instituciones capaces de conocer la diversa realidad de la agricultura ecuatoriana y actuar oportunamente de acuerdo con las necesidades de cada ciclo productivo. No existe una única fórmula para atender al sector, las necesidades de una familia productora son distintas a las de una pyme que procesa alimentos o a las de una empresa que exporta y gestiona operaciones de mayor escala. Por ello, Banco Pichincha desarrolla un modelo de atención que reconoce esas diferencias y responde con soluciones acordes con la dimensión, el ciclo y los objetivos de cada cliente.

La visión de Banco Pichincha consiste en construir relaciones de largo plazo basadas en la confianza y el acompañamiento continuo. Para la institución financiera el crédito es una herramienta y no un fin en sí mismo, su valor aparece cuando permite adquirir insumos, renovar equipos, mejorar infraestructura, ampliar capacidad, incorporar tecnología, sostener capital de trabajo o aprovechar una oportunidad comercial, para que esa herramienta sea adecuada, debe dialogar con el flujo real del negocio y con la dinámica propia de la producción.

Esta mirada le ha permitido acompañar procesos de crecimiento, inversión y fortalecimiento empresarial dentro de diversas cadenas de valor. Ese acompañamiento se refleja en la evolución de la cartera agro del Banco, que pasó de más de USD 1.029 millones en 2019 a más de USD 2.484 millones en 2025 y superó los USD 2.611 millones a mayo de 2026. La cercanía con el territorio, el conocimiento de los sectores y el intercambio con los clientes ayudan a identificar barreras, anticipar necesidades y diseñar respuestas que se ajustan a las necesidades de cada región y producto. Su propósito es ser un aliado que aporte soluciones financieras, conocimiento y conexiones para que las decisiones de hoy se conviertan en sostenibilidad futura.

Un portafolio especializado para cada ciclo productivo.

Uno de los principales atributos de la propuesta agro de Banco Pichincha es su alcance multisegmento. Acompaña a clientes de microfinanzas, negocios rurales, negocios familiares, pymes agroindustriales y empresas vinculadas con el comercio nacional e internacional. En 2025, la cartera agro del Banco registró más de 126 mil clientes. Esta cobertura permite observar el agro como un sistema articulado y no como una suma de actividades aisladas.

El portafolio especializado busca responder a necesidades concretas dentro del ciclo productivo. Incluye alternativas para capital de trabajo, inversión productiva, adquisición o renovación de activos, infraestructura, tecnificación y atención de requerimientos operativos. Dependiendo de la realidad de cada cliente, estas soluciones pueden apoyar la compra de insumos, maquinaria y equipos; la mejora de procesos; el fortalecimiento de capacidades de almacenamiento; la gestión de pagos y cobros; o la preparación para nuevos mercados. El criterio central es que la solución financiera se adapte al negocio, y no que el negocio deba forzarse a una estructura ajena a su realidad.

En microfinanzas, la cercanía permite comprender unidades económicas donde la actividad familiar y productiva suele estar estrechamente conectada. En pymes, el acompañamiento se orienta a fortalecer gestión, liquidez, capacidad de inversión y profesionalización. En empresas, la propuesta considera operaciones más complejas, relaciones con proveedores, necesidades transaccionales y vínculos nacionales o internacionales. La articulación entre estos segmentos abre oportunidades para potenciar compras locales, formalizar relaciones comerciales, mejorar trazabilidad y generar mayor estabilidad dentro de las cadenas.

Especializarse también significa reconocer que el clima, la estacionalidad y el mercado influyen de manera distinta en cada actividad. Una solución útil debe considerar el momento productivo, la capacidad de pago y el horizonte de inversión. Por eso, el diálogo entre el cliente y el banco resulta esencial, cuando existe conocimiento mutuo, el financiamiento puede convertirse en una palanca para elevar productividad, proteger continuidad y promover decisiones responsables.

Cercanía que inspira confianza

En un país con realidades productivas tan diversas, la cercanía territorial es determinante para comprender qué necesita cada zona y cómo cambian sus prioridades. La Costa, Sierra y Amazonía concentran actividades, escalas y condiciones distintas. Estar cerca significa reconocer esas particularidades y mantener canales de relación que permitan responder con oportunidad. Entre agosto de 2019 y junio de 2026, los clientes del Banco en zonas rurales pasaron de 432 mil a 661 mil.

Para Banco Pichincha, la cercanía no se limita a una oficina o a una interacción comercial. Se expresa en la disposición para conocer el negocio, conversar sobre sus objetivos y acompañar momentos decisivos. También implica combinar atención humana con herramientas digitales que simplifiquen operaciones y ayuden a administrar el tiempo. En el agro, donde las jornadas, distancias y temporadas condicionan la gestión cotidiana, esa combinación puede marcar una diferencia significativa.

Escuchar a productores y empresarios permite entender preocupaciones que no siempre aparecen en una solicitud financiera. La continuidad generacional, el acceso a mercados, la seguridad, la productividad, la formalización o la necesidad de enfrentar eventos inesperados forman parte de una visión integral del cliente. Esa comprensión fortalece relaciones duraderas y facilita que las soluciones evolucionen junto con cada negocio.

Cultivamos Confianza

"Cultivamos Confianza" es la forma en la que Banco Pichincha desarrolla su vínculo con el agro.  El programa reúne acciones orientadas a impulsar capacidades productivas, financieras, tecnificación y empresariales de quienes forman parte del ecosistema agropecuario ecuatoriano.

La iniciativa representa una evolución de su relación histórica con el sector. Parte de una premisa sencilla: el desarrollo sostenible no depende únicamente de disponer de recursos, sino también de saber administrarlos, anticipar riesgos, interpretar oportunidades y construir alianzas. Por eso, "Cultivamos Confianza" busca acercar contenidos, espacios de aprendizaje y experiencias que aporten a la toma de decisiones.

Su vocación es inclusiva. El conocimiento debe ser útil para quien posee una actividad agrícola, para quien busca consolidarla y para quien necesita transformarla para competir. Al integrar educación, acompañamiento y visión de sostenibilidad, el programa promueve una cultura de planificación y resiliencia. También invita a valorar el aporte de cada eslabón. El productor, el proveedor, la pyme transformadora y la empresa compradora participan de una misma cadena, y el crecimiento de uno puede abrir oportunidades para los demás.

"Cultivamos Confianza" también fomenta conversaciones sobre el futuro del sector. La innovación, la digitalización, las nuevas exigencias ambientales y los cambios en el consumo demandan aprendizaje continuo. Generar espacios en territorio para compartir buenas prácticas contribuye a que productores y empresas identifiquen soluciones aplicables a su propia realidad, sin perder de vista la diversidad del campo ecuatoriano.

Aprendamos de Dinero: educación financiera con propósito

El acceso a servicios financieros genera mayor impacto cuando está acompañado de conocimiento. Por ello, la educación financiera constituye un pilar de la propuesta de Banco Pichincha. "Aprendamos de Dinero" acerca contenidos prácticos sobre ahorro, presupuesto, planificación, endeudamiento responsable, administración de recursos y bienestar financiero. Su propósito es facilitar decisiones informadas para personas, familias, emprendedores y negocios. En 2025, el programa de educación financiera y sostenibilidad para agro pymes, con talleres presenciales y virtuales y mentorías personalizadas, impactó a más de 1.100 clientes. Y en lo que va del 2026 ha alcanzado más de 700 clientes.

En el agro, la educación financiera adquiere características particulares. Los ingresos pueden concentrarse en determinados momentos, mientras los gastos se distribuyen durante el ciclo de producción. Administrar esa diferencia requiere disciplina, registros, previsión y una lectura clara del flujo de caja. También exige separar, cuando sea posible, las finanzas del hogar de las del negocio, calcular costos, evaluar inversiones y reservar recursos para contingencias.

Aprender a mirar el negocio con información permite responder preguntas esenciales: cuánto cuesta producir, qué margen deja cada venta, qué obligaciones deben atenderse primero, cuánto financiamiento puede asumir la actividad y qué inversión tendría mayor impacto. Estas preguntas son relevantes para un pequeño agronegocio, una microempresa, una pyme o una compañía consolidada. La escala cambia, pero la necesidad de decidir con evidencia permanece.

La educación financiera se conecta directamente con la sostenibilidad. Una empresa que ordena sus cuentas puede planificar mejor el uso de recursos, evaluar tecnologías eficientes y prepararse para eventos adversos. Del mismo modo, un productor que conoce sus costos y su capacidad de pago puede negociar con más claridad y evitar decisiones que comprometan futuras cosechas. El conocimiento protege, fortalece la autonomía y convierte el financiamiento en una herramienta de crecimiento responsable.

El enfoque del programa de educación financiera de Banco Pichincha busca utilizar un lenguaje cercano, aplicable y respetuoso de las distintas realidades. La educación solo transforma cuando puede llevarse a la práctica. Por eso, los contenidos deben relacionarse con decisiones cotidianas y ayudar a construir hábitos sostenibles. Cada presupuesto elaborado, cada registro actualizado y cada inversión evaluada con criterio representa un paso hacia negocios más sólidos y familias con mayor capacidad de planificación.

Sostenibilidad: producir hoy sin comprometer el mañana

El cambio climático, la presión sobre el agua y los suelos, las pérdidas productivas y las nuevas expectativas de consumidores y mercados obligan a revisar prácticas y acelerar la adaptación. Para Banco Pichincha, el crecimiento debe integrar criterios económicos, sociales y ambientales, porque la rentabilidad de largo plazo se asocia al uso sostenible y respetuoso de los recursos naturales, comunidades fortalecidas y empresas capaces de gestionar sus impactos.

Esta visión invita a promover inversiones que mejoren productividad y eficiencia, pero también que reduzcan vulnerabilidades. La tecnificación, el uso responsable del agua, la mejora de procesos, el manejo adecuado de residuos, la eficiencia energética y la protección de los ecosistemas pueden convertirse en ventajas competitivas. No todas las transformaciones ocurren al mismo ritmo ni requieren la misma solución. Lo importante es avanzar con objetivos realistas, medición y una comprensión clara del beneficio para el negocio y su entorno.

La sostenibilidad también tiene una dimensión social. El agro genera empleo, conserva conocimiento local y dinamiza poblaciones fuera de los principales centros urbanos. Solo el banano genera más de 250 mil plazas de empleo y el sector florícola, 100 mil entre directos e indirectos. Fortalecer negocios rurales contribuye a crear oportunidades y a sostener comunidades. Cuando la inversión llega acompañada de educación y planificación, aumenta la posibilidad de que el crecimiento sea inclusivo y se mantenga en el tiempo.

El sector financiero puede facilitar esta transición al identificar necesidades y acompañar proyectos viables. El papel de Banco Pichincha es contribuir a que más clientes incorporen la sostenibilidad en sus decisiones, no como un requisito aislado, sino como una forma de proteger productividad, reputación, acceso a mercados y continuidad.

Cadenas de valor que multiplican oportunidades

El agro conecta múltiples actividades. Antes de que un producto llegue a una mesa, una industria o un mercado internacional, intervienen proveedores de insumos, productores, transportistas, centros de acopio, procesadores, comercializadores, exportadores y prestadores de servicios. Cada vínculo puede generar empleo, circulación de recursos y aprendizaje. También puede convertirse en un punto de vulnerabilidad si faltan liquidez, coordinación o información.

La cobertura de Banco Pichincha en microfinanzas, pymes y empresas permite acompañar diferentes eslabones y comprender sus interdependencias. Cuando una empresa fortalece a sus proveedores, cuando una pyme o empresa mejora su capacidad de transformación o cuando un productor accede a mejores condiciones comerciales, la cadena completa gana estabilidad. Esta articulación puede favorecer la formalización, la trazabilidad, el cumplimiento y relaciones comerciales más previsibles. El crédito a cadenas de valor refleja ese camino: pasó de USD 451 millones en agosto de 2019 a USD 885 millones en junio de 2026.

Generar ecosistemas productivos implica mirar más allá de una operación individual. Supone reconocer que el crecimiento de una compañía puede movilizar a decenas de negocios pequeños, familias y comunidades. También implica promover conexiones para que la demanda encuentre oferta local con calidad, continuidad y capacidad de respuesta. En ese encuentro aparecen oportunidades para elevar productividad, diversificar ingresos y distribuir mejor los beneficios del crecimiento.

El compromiso de Banco Pichincha es acompañar ese ecosistema con una visión integral. Las soluciones transaccionales, el financiamiento, la educación y la cercanía pueden contribuir a reducir fricciones y fortalecer vínculos. Los clientes agro del banco con cuenta pasaron de 225 mil en agosto de 2019 a 619 mil en junio de 2026. Así, la institución financiera participa como articulador de oportunidades y como aliado de quienes agregan valor desde distintos lugares del país.

Resiliencia frente al fenómeno de El Niño

La capacidad de adaptación es una de las mayores fortalezas del agro ecuatoriano. Sin embargo, fenómenos climáticos como El Niño pueden alterar lluvias, infraestructura, producción, movilidad y comercialización, con impactos distintos según la actividad y el territorio. Estos eventos recuerdan que la preparación no puede comenzar cuando la emergencia ya está presente, debe formar parte del negocio para garantizar su continuidad.

La resiliencia combina prevención, información, planificación y acceso oportuno a herramientas financieras. Un productor o una empresa mejor preparados pueden identificar los procesos críticos, revisar coberturas, organizar reservas, proteger activos, evaluar proveedores alternativos y definir prioridades de liquidez. La educación financiera aporta una base para esas decisiones, mientras la cercanía permite comprender cómo evoluciona cada realidad. La necesidad es concreta: en una encuesta a 202 clientes PYME del banco al 3 de agosto de 2026, 68,3% no cuenta con plan de contingencia y 83,7 % no ha presupuestado medidas de mitigación.

Ante contextos complejos, Banco Pichincha reafirma su vocación de acompañamiento al sector productivo. La respuesta considera la situación particular de los clientes y busca alternativas responsables que protejan la continuidad económica. Esta postura parte de reconocer que una afectación no termina en una finca o un agronegocio. Puede extenderse hacia trabajadores, transportistas, comercios, proveedores y comunidades completas.

Apoyar al país frente a estos desafíos significa contribuir a que las cadenas productivas recuperen capacidad, mantengan relaciones y vuelvan a generar oportunidades. También significa promover una cultura preventiva. Cada aprendizaje obtenido de un evento climático debe convertirse en mejores prácticas, decisiones más informadas y planes más sólidos para el futuro.

Innovación para el agro del futuro

El campo ecuatoriano atraviesa una transformación impulsada por tecnología, datos y nuevas formas de colaboración. La digitalización puede mejorar registros, pagos, comercialización y acceso a información. La tecnificación puede optimizar recursos, elevar productividad y reducir pérdidas. Al mismo tiempo, los mercados exigen mayor trazabilidad, calidad, eficiencia y evidencia sobre prácticas responsables.

La innovación no pertenece únicamente a las grandes empresas. Una mejora sencilla en el registro de costos, un canal digital de cobro, una herramienta para planificar inventarios o una decisión basada en datos pueden transformar la gestión de un pequeño negocio. El reto consiste en acercar soluciones útiles, comprensibles y compatibles con las capacidades de cada cliente.

Banco Pichincha busca acompañar esta evolución combinando cercanía y transformación digital. La tecnología debe facilitar la relación, reducir tiempos y ampliar posibilidades, sin perder la comprensión humana que requiere el agro. El futuro será más conectado, pero seguirá dependiendo de confianza, conocimiento del territorio y relaciones de largo plazo.

Las nuevas generaciones también desempeñarán un papel decisivo. Su familiaridad con herramientas digitales, su interés por modelos sostenibles y su capacidad para conectar mercados pueden acelerar cambios. Para que esa transición sea exitosa, necesita acceso a educación, oportunidades y financiamiento responsable. Acompañar a quienes toman la posta es invertir en la continuidad del agro.

Una apuesta por el agro ecuatoriano

Hablar del agro es hablar de empleo, alimentos, exportaciones, competitividad y desarrollo. Es reconocer a quienes convierten conocimiento y esfuerzo en productos que sostienen hogares y representan al Ecuador ante el mundo. También es valorar a las empresas que invierten, innovan y crean relaciones comerciales capaces de movilizar economías locales.

Banco Pichincha cree en el potencial de los agronegocios ecuatorianos y en su capacidad para seguir impulsando el crecimiento nacional. Su compromiso es fortalecer una propuesta que combine especialización, cercanía, educación financiera y sostenibilidad. El banco acompaña a los distintos actores del ecosistema en sus decisiones cotidianas y en sus proyectos de transformación.

"Cultivamos Confianza" y "Aprendamos de Dinero" expresan esa visión. La primera conecta acompañamiento, conocimiento y desarrollo sectorial; la segunda contribuye a que personas y negocios tomen decisiones financieras más informadas, juntas refuerzan que la confianza se construye cuando las soluciones responden a la realidad y generan capacidades a largo plazo.

Ese compromiso se renueva en cada conversación con un cliente, en cada inversión que mejora una actividad y en cada conocimiento que ayuda a decidir con mayor seguridad. Cultivar confianza significa estar presentes en cada desafío; comprender que el progreso individual puede convertirse en bienestar colectivo; y trabajar para que el financiamiento, la educación y la sostenibilidad se traduzcan en oportunidades concretas. Ecuador necesita un agro cada vez más preparado, capaz de adaptarse a los cambios, impulsar su crecimiento, y al mismo tiempo, mantener un vínculo cercano con las personas y los territorios. Banco Pichincha asume esa tarea con responsabilidad, experiencia y vocación de servicio, convencido de que acompañar a los agronegocios es apoyar al país y fortalecer su futuro. (P)