El avance de la inteligencia artificial (IA) reconfigura el mundo laboral a una velocidad que pocos sectores pueden seguir. Mientras algunas empresas impulsan su productividad con algoritmos cada vez más potentes, crece la preocupación por los empleos que quedan en el camino.
Sin embargo, los datos que surgen del Foro Económico Mundial (WEF) y el análisis de referentes como Walter Abrigo, Socio y Director General de Santex, permiten desmontar el mito de que automatizar implica necesariamente despedir.
La balanza del empleo: cifras que exigen contexto
En enero, el Foro Económico Mundial detalló que, en esta década, la IA y otras tecnologías emergentes crearán 170 millones de nuevos empleos, pero a la vez provocarán la pérdida de 92 millones de puestos. El saldo, según el informe, es positivo: un crecimiento neto de 78 millones de empleos. Sin embargo, el número total no refleja el verdadero desafío: la transición entre tareas obsoletas y nuevas competencias requeridas.
La comunidad de empresas de tecnología y comunicaciones del WEF también proyecta que 25 compañías líderes brindarán formación y herramientas digitales a más de 120 millones de trabajadores para 2030. La prioridad está puesta en quienes no tienen antecedentes técnicos formales. @@FIGURE@@
Pese a este impulso, persisten las alarmas. En mayo de 2025, el mismo Foro Económico Mundial hizo un análisis más profundo del impacto laboral de la IA. Según publicó, el 40% de los empleadores planea reducir su plantilla en las áreas donde la automatización permite reemplazar tareas. Por otro lado, citó un dato de Bloomberg, donde se remarca que la IA más del 50% de las tareas realizadas por analistas de investigación de mercado (53%) y representantes de ventas (67%), en comparación con solo el 9% y el 21% de sus contrapartes gerenciales.
Lo que desaparece y lo que se transforma
En una columna de opinión, Walter Abrigo, Socio y Director General de Santex, describió con precisión el dilema que enfrentan las empresas. "Los titulares recientes sobre despidos en el sector tecnológico han reavivado un fantasma que recorre la industria: la idea de que la inteligencia artificial es un juego de suma cero. Si la máquina gana, el humano pierde", escribió. Y agregó que muchas empresas deciden prescindir de su personal justo después de alcanzar nuevos niveles de eficiencia, un movimiento que considera miope.
Abrigo advierte sobre el error de confundir "tareas" con "roles". A pesar de que más del 50% de las tareas actuales tienen potencial técnico para ser automatizadas, esto no implica que los puestos desaparezcan. La IA sobresale en funciones repetitivas como clasificación de datos o redacción mecánica, pero no puede asumir funciones que requieren empatía, criterio ético o creatividad.
El verdadero problema aparece cuando una empresa elimina directamente un rol completo. Allí se pierden capacidades que no pueden ser reemplazadas por un algoritmo. "Al eliminar el rol, eliminamos también el 'pegamento' cultural y contextual que hace que las empresas funcionen", sostiene Abrigo.
El informe "IA en el trabajo" del Foro Económico Mundial también insiste en este punto: los puestos de coordinación intermedios, los que hacen de puente entre la estrategia y la ejecución, son claves para sostener la adaptabilidad de las organizaciones. Su desaparición podría tener efectos negativos en la cohesión interna de los equipos.
La economía aumentada: una alternativa con datos
Otro de los puntos que plantea Abrigo es el concepto de economía híbrida o aumentada, donde los equipos humanos trabajan junto a sistemas de IA. Estudios de EY que cita en su columna muestran que estos equipos pueden rendir hasta 2,4 veces más que aquellos que operan sin tecnología o con automatización completa.
Para Abrigo, este modelo marca la diferencia entre recortar costos o hacer crecer a la empresa. "Si utilizamos la eficiencia que nos regala la IA para despedir, simplemente achicamos la estructura", escribe. En cambio, si se libera tiempo para que los equipos se enfoquen en innovación, atención al cliente o nuevos mercados, la automatización se convierte en palanca de expansión.
El caso de los entrenadores de bots es paradigmático. Estos perfiles entienden cómo "piensa" el modelo de IA, conocen sus fallas y sus límites. Reemplazarlos implica perder un conocimiento clave para el futuro. Abrigo señala que quienes trabajaron en la etapa de entrenamiento de los modelos son fundamentales para dar el salto hacia una IA responsable, segura y alineada con los objetivos de negocio. @@FIGURE@@
Según el WEF, los dividendos culturales que genera una buena integración de la IA son tan importantes como los productivos. Menor agotamiento, aprendizaje acelerado y mayor compromiso son algunos de los efectos que reportaron las empresas que adoptaron la IA en forma planificada.
La reconversión como inversión, no como gasto
El reskilling o reconversión profesional aparece como una estrategia necesaria. Según Abrigo, es más rentable que despedir y contratar de nuevo. Roles como especialistas en experiencia de usuario o entrenadores de datos pueden evolucionar hacia nuevas posiciones como auditores de IA o estrategas conversacionales.
El desarrollo de nuevas habilidades no es solo una cuestión técnica. También implica una inversión en la cultura organizacional. El compromiso de los empleados también entra en juego. "Cuando un equipo ve que su aporte para entrenar una herramienta deriva en su propia obsolescencia, la innovación se frena por miedo", alertó Abrigo.
Las 25 empresas tecnológicas que integran la comunidad del WEF se comprometieron a respaldar con formación a más de 120 millones de personas. El objetivo es evitar que los trabajadores sin formación técnica formal queden excluidos de los empleos del futuro. Las iniciativas incluyen acceso a plataformas digitales, tutorías y trayectorias laborales claras para integrarse en la economía inteligente.
El informe también remarca la necesidad de que estas estrategias vayan acompañadas por inversiones en ética digital y gobernanza, ya que la automatización no puede estar desvinculada de los valores que sostienen a cada organización.
IA, movilidad social y oportunidades equitativas
Aunque la IA también abre nuevas puertas, el informe de mayo de 2025 del Foro Económico Mundial advierte que podría cerrar otras. En Estados Unidos, se estima que casi 50 millones de empleos podrían verse afectados. Las compañías expanden operaciones en mercados donde los costos laborales son más bajos, como India, lo que intensifica la competencia por empleos de cuello blanco.
Por otro lado, también hay un potencial democratizador. La IA podría hacer más accesibles conocimientos y habilidades técnicas que antes solo estaban al alcance de trabajadores con educación formal. Nuevas estructuras laborales, como los aprendizajes o la eliminación de la hora facturable en estudios jurídicos, podrían dar paso a formas más flexibles y equitativas de formación.
A mediano plazo, también se espera que los gobiernos y sistemas educativos aceleren la adaptación curricular para acompañar los cambios del mercado laboral. La articulación entre sector privado y Estado será clave para que el desarrollo tecnológico no amplíe las brechas sociales, sino que contribuya a cerrarlas.
El verdadero desafío no es tecnológico, sino humano. Las empresas que comprendan esta tensión y se enfoquen en integrar la IA sin sacrificar talento podrán construir ventajas sostenibles. Como planteó Walter Abrigo: "La pregunta que define a los líderes de esta era es: ¿cómo integramos la IA para multiplicar el valor humano en lugar de sustituirlo?".
Mientras los algoritmos avanzan, la decisión sigue siendo de las personas.