Si recorrés el CES 2026, podés salir con la sensación de que estamos al borde de la era cuántica. Entre el debut de un chatbot orientado al consumidor que intenta forzar el "momento ChatGPT" de la cuántica y el entusiasmo por los procesadores listos para usar, todo parece indicar que las computadoras cuánticas están a punto de dejar el laboratorio y meterse de lleno en las empresas.
Sin embargo, la realidad es bastante más moderada. Incluso las estimaciones más optimistas de los proveedores ubican las primeras etapas de valor para las compañías recién hacia el final de la década. La computación cuántica difícilmente tenga un "momento ChatGPT". A diferencia de la inteligencia artificial, que tiene múltiples usos, la tecnología cuántica se concentra en un conjunto muy acotado de problemas matemáticos de alta complejidad.
Además, la mayoría de esas soluciones todavía no alcanzaron su punto más alto y, según el horizonte que manejan las propias compañías, ese escenario queda más adelante.
DARPA quiere comprobar la ventaja cuántica
Nada genera más expectativa que una iniciativa de investigación con respaldo del Gobierno. En ese terreno se mueve la Iniciativa de Evaluación Comparativa Cuántica de DARPA, que apunta a poner bajo la lupa a los proveedores que aseguran que la ventaja cuántica está cerca. El programa exige que las empresas abran sus puertas a los científicos del organismo para que analicen su hardware y midan su potencial real. El objetivo es determinar si pueden alcanzar lo que DARPA define como utilidad cuántica: una computadora que genere más valor del que cuesta construir y operar.
Hoy, dos compañías —Microsoft y PsiQuantum— llegaron a la fase final de la iniciativa. La propuesta del organismo busca ir más allá de la simple presentación de un plan y comprobar si la construcción del hardware resulta viable. En noviembre, otros 11 proveedores avanzaron a la segunda etapa del programa, instancia en la que deberán detallar cómo planean desarrollar una computadora cuántica.
El objetivo de DARPA es claro: definir si se puede construir una computadora cuántica útil antes de 2033. Ese plazo llega algunos años después de que varios proveedores aseguraran que alcanzarían la utilidad cuántica en el corto plazo. Para lograrlo, las empresas deben desarrollar equipos tolerantes a fallos, capaces de ejecutar cálculos de manera eficiente sin acumular errores que arruinen los resultados. En ese marco, IBM proyectó alcanzar esa meta en 2029. Quantinuum manejó un calendario similar y apuntó a 2029 o 2030. El plan más ambicioso lo presentó PsiQuantum, que fijó como objetivo fines de 2027 para llegar a la escala de utilidad, aunque la tolerancia total a fallos quedaría para una etapa posterior.
Los proveedores que compiten por financiamiento del Gobierno de Estados Unidos dentro del programa no forman un bloque homogéneo. Existen cinco estrategias de hardware bien diferenciadas para crear los cúbits, que constituyen el corazón de un procesador cuántico. A pesar de esas diferencias, comparten un rasgo central: la apuesta por procesadores basados en puertas, es decir, equipos que utilizan el mismo conjunto de puertas lógicas para resolver problemas.
Las aplicaciones cuánticas corren detrás del hardware
Incluso si DARPA cumple su meta para 2033, eso no va a inaugurar una etapa de transformación masiva en las empresas. Para que eso ocurra, primero hay que desarrollar aplicaciones que resuelvan problemas concretos del negocio. Y ese trabajo está mucho menos avanzado que el desarrollo del hardware cuántico. Uno de los impulsos más relevantes en ese terreno es el XPRIZE para Aplicaciones Cuánticas, patrocinado por Google Quantum AI y GESDA. El certamen promete un premio de US$ 5 millones para los equipos que demuestren aplicaciones cuánticas capaces de enfrentar desafíos del mundo real.
Entre los siete finalistas anunciados aparece Phasecraft, una firma con base en el Reino Unido que modela con precisión las estructuras electrónicas de nuevos materiales. La propuesta delega la parte cuántica del proceso en procesadores cuánticos y mantiene el resto del trabajo en sistemas clásicos. El potencial resulta atractivo, aunque los casos de uso de los finalistas se concentran en áreas muy específicas, como la ciencia de materiales o la optimización compleja.
A esta altura, estamos lejos de un fenómeno comparable al de ChatGPT. Las computadoras cuánticas universales, basadas en puertas y con tolerancia a fallos todavía necesitan varios años antes de generar un impacto concreto en las empresas.
Los anexadores cuánticos ya muestran valor comercial
Existe, sin embargo, otro tipo de computadora cuántica que ya encontró lugar en entornos empresariales. Los annealers no funcionan con puertas lógicas. Se apoyan en propiedades analógicas de la física cuántica para atacar problemas de optimización muy específicos.
D-Wave es hoy el único proveedor que comercializa un annealer cuántico genuino. Su tecnología apunta a compañías que necesitan resolver desafíos de optimización de alta complejidad. La empresa japonesa NTT Docomo, por ejemplo, planea trabajar con D-Wave para mejorar el rendimiento de su red móvil en estaciones base a nivel nacional. En Canadá, Pattison Food Group recortó los tiempos de programación de entregas de comestibles gracias a esta tecnología.
En estos casos, las mejoras que observamos, tanto yo como otros referentes del sector, superaron con claridad lo que se podía lograr solo con computación clásica. A gran escala, eso puede traducirse en ahorros de millones de dólares para las empresas. De todos modos, se trata de un tipo de beneficio distinto al que prometen las futuras computadoras cuánticas basadas en puertas, que apuntan a ventajas de carácter exponencial.
¿Se acerca el día Q?
El descifrado aparece como otra de las aplicaciones sensibles de la computación cuántica. Tal vez escuchaste hablar del Día Q: ese momento futuro en el que una computadora cuántica podría romper el cifrado RSA moderno con relativa facilidad.
La base técnica de esa amenaza está en el algoritmo de Shor, que permitiría a una máquina cuántica resolver en poco tiempo un problema que a las computadoras clásicas les resulta inviable. Frente a ese escenario, la industria avanzó con estándares de cifrado más resistentes y las empresas deberán migrar en los próximos años. El desafío es grande, aunque no exige utilizar computadoras cuánticas para protegerse del ataque. Además, el único usuario legítimo de un algoritmo de descifrado cuántico sería un gobierno. Por esa razón, el mercado potencial para ese tipo de herramienta se considera acotado. @@FIGURE@@
Así que, la próxima vez que alguien te diga que la computación cuántica está a punto de despegar, bajá un cambio. Si querés un punto de partida concreto, podés pensar en esto: las empresas tienen la posibilidad de identificar casos de uso potenciales, analizar si son viables y trazar un plan para implementarlos cuando la tecnología lo permita. En la mayoría de los escenarios, eso ocurrirá dentro de una década o incluso más. En paralelo, algunas compañías ya pueden detectar problemas de optimización que mejoren de manera gradual con un annealer disponible hoy.
A mi criterio, las empresas también deben anticiparse a la amenaza que representa la computación cuántica. Eso implica planificar y ejecutar una migración de cifrado para proteger sistemas y datos críticos en un plazo de entre cinco y diez años.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com