‘En la educación y en los negocios la responsabilidad no se la podemos delegar al algoritmo’
Carla Fernández, profesora del Incae, conversó con Forbes Ecuador sobre un tema fundamental: la formación de ejecutivos en tiempos de inteligencia artificial.

Carla Fernández Corrales tiene un método de enseñanza que combina el mundo análogo con el digital. Ella es la directora Senior de Educación Ejecutiva & INCAE Online y es Profesora Asistente en INCAE Business School. Tiene su Ph.D. en Administración de Negocios con concentración en Sistemas de Información en la University of Illinois at Urbana-Champaign. Además, la costarricense realizó estudios de grado en Ingeniería Industrial y obtuvo con honores una Maestría Académica en Computación, ambos de la Universidad de Costa Rica. Fue distinguida con la beca Fulbright del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América.

Forbes Ecuador conversó con ella para entender la importancia del aprendizaje y cómo asumir responsabilidades en tiempos de IA.

¿Cómo están actuando los ejecutivos en América Latina frente al uso de la inteligencia artificial? ¿Es posible que un gerente confíe más en la IA que en su experiencia?

La IA nos abre grandes reflexiones. La estamos usando mucho a nivel personal por herramientas como el Chat GPT que desde el inicio fue muy accesible y la gente pudo tenerla, literalmente, en su celular. La usamos en el día a día, pero esto no quiere decir que haya escalado empresarialmente de acuerdo a la expectativa que se tenía. Esa es una primera diferencia. Otro punto es que el 95 % de las iniciativas de inteligencia artificial a nivel empresarial en realidad están fallando y no pasan del piloto. Mi primer consejo es no usemos la IA para aquello en lo que somos muy buenos, porque vamos a perder esa habilidad, vamos a perder eso que nos hace humanos, que nos hace diferentes, usémosla para las cosas en las que no somos buenos. Otro tema es que al usar herramientas de inteligencia artificial casi no hay actividad cerebral y lo peor es que no hay retención de aprendizaje. Nuestro cerebro sigue siendo el mismo de hace 300.000 años y si algo sabemos es que el aprendizaje requiere esfuerzo.

¿En el mundo empresarial cómo va esta tendencia, los estudiantes la usan para temas estratégicos?

En Incae nuestra obsesión es que la gente aprenda. Entonces, cuando el profesor repregunta, cuando contrapone tu opinión con la de un compañero y genera una discusión de ideas, es muy difícil que el estudiante lo pueda hacer apoyado en IA en tiempo real. En los métodos de enseñanza entre más tecnología más volvemos a lo básico. Yo soy profesora y a veces enseño programación a líderes para que entiendan la lógica, no es para que vayan a ser programadores, sino para que entiendan y puedan hablar con el departamento técnico de la empresa. Luego los estudiantes pueden usar las herramientas que quieran, pero el examen vuelve a ser en papel porque yo necesito ver que hubo aprendizaje. Posiblemente vamos a volver a más exámenes orales, a más discusión de ideas. Eso lo hemos sabido desde Montessori, pero ahora es un buen momento para retomarlo y ver cómo aprende la gente.

¿Y tus alumnos, que son ejecutivos o empresarios, qué preguntan y qué dicen cuando les dices que el examen va a ser oral o escrito?

Es una labor de persuasión, no he tenido tanto reclamo. Les digo que es mejor para ellos. A mí no me interesa que le falte una coma o que el código esté perfecto, lo que yo quiero es que vean su lógica, que sepan que aprendieron la lógica detrás de cómo funcionan las cosas. Nunca vas a aprender igual si estás con tu mente en otra cosa, el multitasking ha sido un mito, sabemos que los cerebros no funcionan bien con multitasking y que en realidad la gente aprecia esos espacios donde pueden centrarse a aprender.

¿Qué necesita hacer la academia para correr al ritmo de los nuevos tiempos?

En términos de los jóvenes he visto una tendencia que me gusta: permitir la tecnología en la casa y prohibirla en la escuela, un poco al revés de lo que uno esperaría. Esto para que en la casa se familiaricen, que hagan sus cosas. Es como si nosotros, los más grandes, hubiéramos crecido sin la computadora o el televisor, no hubiéramos podido adaptarnos. Insisto, el aprendizaje no ha cambiado, la manera como el cerebro aprende, entonces necesitamos un poco las viejas técnicas. Aquí entran los incentivos como las notas de un examen y ahora voy a decir algo polémico: tenemos que empezar a cambiar el sistema de incentivos. En Estados ya se discute si las notas están realmente midiendo el aprendizaje o no. Hoy un estudiante va a usar IA porque tiene el incentivo de la nota y ya se propone eliminar la evaluación con notas. Los profesores ya prefieren tener una conversación con cada uno de sus estudiantes. Y claro, para evaluarlos pedirles un ensayo. No digo eliminar, pero sí repensar el sistema. Y así podemos, tal vez, terminar con una forma de aprendizaje alrededor de proyectos, alrededor de problemas reales, en algo que la tecnología no pueda reemplazar sino complementar.

Una disrupción en el modelo…

Limitar el uso de la tecnología nunca ha terminado bien y pueden salir cosas fascinantes. Al final la herramienta está ahí, pero el humano tiene que dar la cara. La responsabilidad no se la podemos delegar al algoritmo, si el ensayo sale mal el estudiante tiene que ser responsable por esos resultados. Con la IA pasa lo que ocurre con toda nueva tecnología de uso general, es un tema de experimentar y por eso creo que más que las notas, tenemos que empezar a medir el aprendizaje.

Dices que el estudiante tiene que dar la cara. ¿En los negocios pasa lo mismo, el empresario debe dar la cara?

La rendición de cuentas sigue siendo del humano. Antes tal vez sí podíamos dejar el algoritmo correr solo porque sabíamos qué estaba haciendo. Ahora, con más razón, necesitamos humanos evaluando los ajustes, evaluando si tiene sesgos o no y responsabilizándose por el resultado. (I)