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Liderazgo

Foto: AFP Vía GETTY

El actor que llegó a la cima con Aladdín y aprendió por qué el éxito también puede convertirse en una trampa

Mena Mirhom

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Tras alcanzar la consagración mundial junto a Will Smith, Mena Massoud descubrió que perseguir permanentemente el próximo gran logro podía alejarlo de aquello que lo había llevado hasta ahí: la pasión por actuar. Su experiencia revela una lección inesperada sobre ambición, perseverancia y la importancia de aprender a soltar el resultado.

7 Octubre de 2026 14.30

Protagonizar una superproducción de Hollywood capaz de recaudar US$ 1.000 millones es el sueño de buena parte de quienes buscan abrirse camino en la industria del entretenimiento. Para Mena Massoud, alcanzar ese hito junto a una de las mayores estrellas del cine, Will Smith, significó convertir esa aspiración en realidad. Sin embargo, detrás de aquel éxito también descubrió una enseñanza menos evidente sobre el desarrollo profesional: aprender a combinar la determinación con la capacidad de soltar el resultado.

Para quienes lideran empresas o compiten en los niveles más exigentes, suele instalarse la idea de que cada minuto debe aprovecharse y cada resultado mantenerse bajo control. La evidencia sobre rendimiento, sin embargo, apunta en otra dirección: hacia un estado de flujo en el que la mente deja de anticipar y controlar obsesivamente cada posible desenlace. Aunque resulte paradójico, liberarse de esa presión puede facilitar el acceso al máximo potencial.

Primero, la resistencia: el ascenso exige una fe inquebrantable

Massoud fue incorporando esa lección de manera gradual. Como les ocurre a muchas personas que crecen rodeadas de expectativas familiares muy definidas, no encontró demasiado estímulo para desarrollar una carrera artística. Sus padres esperaban que siguiera un camino académico y sus dos hermanas terminaron convirtiéndose en farmacéuticas. "Querían que fuera médico", recordó. Era, en definitiva, un futuro muy diferente del que él imaginaba para sí mismo.

Mena Massoud (NO VOLVER A USAR)  Crédito: Arthur Galveo - Arthur Galveo
Mena Massoud no recibió demasiado aliento para dedicarse al arte (Foto: Arthur Galveo)

Se inscribió en un programa de neurociencia premedicina en la Universidad de Toronto, pero pronto comprendió que ese no era el camino que quería seguir. Decidió abandonarlo y postularse a una escuela de teatro altamente exigente, que aceptaba apenas a 30 estudiantes.

Durante sus primeros días allí, uno de los profesores reunió a toda la clase y lanzó una advertencia contundente: "Solo uno o dos de ustedes triunfarán en esta industria". Para algunos, aquellas palabras funcionaron como una señal de cautela. Para otros, como Massoud, tuvieron el efecto contrario. "Sé con certeza que algunos de nosotros pensábamos: ‘Bueno, ese voy a ser yo’", recordó el actor.

Esa misma mentalidad aparece con frecuencia entre quienes intentan construir una empresa ambiciosa o transformar una industria. Hace falta un nivel extraordinario de compromiso y una convicción profunda de que el objetivo puede alcanzarse. Esa confianza es la que permite avanzar incluso en los momentos de mayor incertidumbre, sin exigir que cada decisión o cada paso ofrezca una prueba inmediata de que el destino final está garantizado.

Desafío, perseverancia y la concentración implacable que exige una carrera profesional

¿Cómo se enfrenta a quienes dudan de una idea e intentan desactivarla incluso antes de que tenga la oportunidad de tomar forma? La célebre campaña "Think Different" de Apple, lanzada en 1997, condensó esa actitud en una frase que se volvió emblemática: "Quienes están lo suficientemente locos como para creer que pueden cambiar el mundo son quienes lo logran".

En cualquier ámbito de alta competencia, desde la industria del entretenimiento hasta el mundo de los negocios, resulta esencial conservar la convicción de que el camino elegido merece ser recorrido. Eso no significa ignorar las críticas ni cerrarse a los ajustes necesarios. 

Escuchar, aprender y corregir forman parte del proceso, pero ninguna de esas instancias debería erosionar la determinación inicial. Cada cuota de energía destinada a cuestionar permanentemente el propio rumbo es energía que deja de concentrarse en avanzar hacia el objetivo.

Durante mi jornada de orientación en la facultad de medicina, escuché una advertencia muy similar a la que Massoud recibió en la escuela de teatro. También conocí pacientes que se encontraron con ese mismo mensaje al incorporarse a una empresa exigente o comenzar una carrera dentro de un fondo de inversión. Abrirse paso en entornos competitivos nunca es sencillo: requiere perseverancia, foco y una determinación capaz de sostenerse incluso cuando aparecen las dudas.

Esta forma de pensar prepara al cerebro para asumir una realidad incómoda pero necesaria: el camino va a ser difícil, pero aun así vale la pena seguir adelante. Una vez aceptada esa premisa, la expectativa deja de ser difusa. Kobe Bryant describió esa mentalidad con claridad en una conversación de 2019. Cuando le preguntaron cómo lograba sostener un régimen de entrenamiento tan exigente, respondió: "No estoy negociando conmigo mismo... Firmé ese contrato conmigo mismo y lo estoy cumpliendo".

En el caso de Massoud, esa determinación no surgió de repetir afirmaciones frente al espejo, sino de demostrarla día tras día a través del trabajo. Durante tres o cuatro años trabajó como camarero en Toronto, ahorró dinero y finalmente consiguió la visa O-1 que necesitaba para desarrollar su carrera artística en Estados Unidos. "Me siento realizado cuando estoy organizado, planifico y analizo las cifras", contó. "Así es como me siento realizado", agregó. Su disciplina, por lo tanto, no se limitó al talento: también estuvo ligada a la planificación, el orden y la constancia.

Consejo profesional: una vez que tengas claro qué carrera querés construir, concentrá tu energía en avanzar por ese camino. Escuchá devoluciones, revisá lo que haga falta y ajustá el rumbo cuando sea necesario, pero evitá convertir cada decisión en una nueva duda sobre tu elección. La perseverancia no implica avanzar sin corregir, sino sostener la dirección incluso mientras se hacen ajustes.

Mena Massoud (NO VOLVER A USAR)   Crédito: Alexi Lubomirski - Alexi Lubomirski
Mena Massoud dedicó mucho esfuerzo a su oficio (Foto: Alexi Lubomirski)

Rendición: el arte del desapego

Lo que muchos profesionales de alto rendimiento suelen pasar por alto es la relación entre rebeldía, perseverancia, fuerza de voluntad, trabajo duro y aceptación. Si el esfuerzo fuera, por sí solo, suficiente para garantizar el éxito, cualquiera podría llegar a la cima simplemente a fuerza de insistencia. Pero la realidad es más compleja. Esa es justamente una de las lecciones que Massoud terminó descubriendo y que también atraviesa la historia de Daniel, el personaje que interpreta en su nueva película, Daniel y el horno ardiente, ya estrenada en cines.

La clave está en aceptar el recorrido sin aferrarse de manera obsesiva al resultado, como si cada desenlace dependiera exclusivamente de nuestras decisiones. Parte de esa mirada se relaciona con la tradición de fe que representa Daniel. 

Massoud comprendió que, después de Aladdin, había depositado demasiadas expectativas en el éxito y comparó aquella experiencia con el vacío que algunos atletas olímpicos describen después de competir en los Juegos. "¿Qué hay más alto en mi industria, en mi trayectoria, que hacer una superproducción con Will Smith...? No hay nada con lo que compararlo. Así que intentás volver a la cima, pero no podés, porque fue una situación y un logro extraordinariamente excepcionales", explicó.

Mena Massoud (SE PUEDE USAR)   Crédito: Daniel Benavides from Austin, TX, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons - Wikimedia Commons
Massoud entendió que su mirada después de Aladdin lo llevó a depositar demasiadas expectativas en el éxito (Foto: Wikimedia Commons)

Lo que finalmente le permitió reconectarse con su carrera fue volver al motivo que lo había impulsado desde el comienzo. "Trabajé en una película llamada Wish You Were Here hace un par de años, y creo que fue más gratificante artísticamente para mí que cualquier otra cosa que hubiera hecho hasta entonces", contó. Según explicó, recuperó la confianza y la fe "cuando volví a la esencia de por qué entré en la industria, que, sencillamente, era mi amor por mi arte". Más que perseguir otra cima, Massoud volvió a encontrar sentido en el propio oficio.

También tiene claro que atravesar este proceso requiere apoyo y, como psiquiatra, no podría coincidir más. "Ya sea acudir a terapia, reflexionar sobre lo que te está pasando, escribir un diario o recurrir a cualquier herramienta que necesites, hace falta algo que te sostenga mentalmente durante el proceso, porque es una industria difícil", afirmó. La fortaleza, en ese sentido, no consiste en afrontar todo en soledad, sino también en saber cuándo buscar recursos que ayuden a sostener el camino.

Lección profesional: dejá que la ética de trabajo, la perseverancia y la rebeldía impulsen los primeros pasos, pero aprendé también a mantener una relación flexible con el resultado. El compromiso debe estar puesto en el esfuerzo y en el proceso, no en la ilusión de poder controlar cada desenlace.

Para cerrar…

La capacidad de rendirse con dignidad es una habilidad profesional oculta que pocos dominan por completo. A menudo, la mitad de la ecuación nos impulsa hacia adelante, mientras que la otra mitad, crucial, la pasamos por alto. La trayectoria profesional de Mena Massoud, desde Aladdin hasta Daniel, ilustra cómo ambos principios cobran vida en el mundo del entretenimiento y en las carreras de alto rendimiento.

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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