A las 10 de la mañana, Chiswick, el apacible suburbio del oeste de Londres, ya gira alrededor de David Beckham. A fines de abril, el exfutbolista de 51 años suma dos horas de trabajo en el set. Nadie se sorprendió. Su fama de llegar antes que todos sigue intacta.
La fachada de una casa de ladrillo, de dos plantas, quedó rodeada por grúas, carpas y remolques. Vista desde la calle, podría pasar por un estudio de cine. Puertas adentro, decenas de técnicos coordinan cámaras, luces y cada detalle del rodaje.
Studio 99, la productora de Beckham, preparó todo para Bowers & Wilkins, la firma británica de parlantes. Un día antes, el turno había sido de SharkNinja. En agenda figuran más campañas, todas dentro de la maquinaria comercial llamada “David Beckham Inc.”

Con las cámaras en marcha, Beckham aparece hundido en un sofá enorme, con suéter blanco de Hugo Boss, jeans gastados, un Rolex de oro y zapatillas blancas. A su lado, un cocker spaniel alquilado por el día duerme hecho un ovillo. El perro salta en pleno plano. En el cuarto contiguo, la directora creativa de Beckham, una colaboradora histórica, sigue la toma en su monitor y reacciona: "¡Saltá! ¡Saltá!". Pero su atención no está en el perro, sino en el suéter de Beckham. En segundos, un equipo entra para acomodarlo.
Beckham lo resume así: "Entendí desde el principio que estar con las marcas adecuadas y compartir sus mismos valores es clave para trabajar con ellas durante diez, quince o veinte años". Luego agrega: "Me esfuerzo mucho en estas relaciones porque son importantes… Siempre damos lo mejor de nosotros".
Beckham se retiró del fútbol profesional en 2013, a los 38 años, después de ganar más de US$ 500 millones dentro y fuera de la cancha. Durante su carrera fue una celebridad global, quizás el primer futbolista desde Pelé al que un estadounidense promedio podía reconocer. Lo llamativo es que, tras su retiro, se volvió todavía más famoso y mucho más rico.
El año pasado, Beckham ganó US$ 100 millones: prestó su imagen impecable a productos como los botines de fútbol de Adidas y las cafeteras Nespresso. Pero ya no se trata solo de patrocinios. Hay documentales de Netflix, negocios inmobiliarios en Florida e inversiones en varias startups. En 2024 lanzó IM8, una marca de suplementos antienvejecimiento y salud. También está Beeup, su línea de snacks de frutas para chicos, hechos con miel. Y, por supuesto, conserva una participación del 26% en el Inter Miami, uno de los clubes más populares de la Major League Soccer.
Con todo eso, Beckham ya es multimillonario. Según cálculos de Forbes, tiene una fortuna de US$ 1.000 millones y es uno de los seis únicos atletas profesionales vivos, junto con Jordan, Magic, Tiger, LeBron, Federer y el extenista rumano Ion Tiriac, que alcanzaron esa marca.
La mayor parte de su fortuna proviene de su participación en Inter Miami. Beckham sacudió al fútbol mundial en 2007, cuando anunció su salida del Real Madrid, uno de los gigantes de la primera división española, para sumarse a la Major League Soccer de Estados Unidos, por entonces una liga de segunda línea en crisis. "Tenía la intuición de que era lo correcto", afirma, "y siempre me guío por ella", agrega.
Negoció un contrato de cinco años para jugar en Los Angeles Galaxy por US$ 6,5 millones anuales, más del triple del límite salarial, aunque la liga aceptó hacer una excepción. Además, obtuvo una participación inédita en los ingresos por patrocinios y venta de productos del equipo. Pero lo más importante fue otra cláusula: insistió en una opción para comprar una franquicia de expansión por US$ 25 millones cuando se retirara.
Eligió Miami de una lista corta de mercados aprobados por la MLS, atraído por su población latinoamericana hincha del fútbol y por el atractivo de la ciudad para los jugadores. "Siempre creí que Miami podía atraer a grandes jugadores con su diversidad y dinamismo", afirma. Ahora, Inter Miami es el equipo más popular de la MLS, dentro y fuera de la cancha, tras ganar la Copa MLS 2025 de la mano de Lionel Messi.
Forbes estima que el club vale US$ 1.400 millones antes de deudas, lo que ubica el 26% de Beckham por encima de los US$ 300 millones: una rentabilidad doce veces mayo sobre su inversión inicial en poco más de una década. En abril, el equipo se mudó al nuevo Nu Stadium, con capacidad para 27.000 personas, cerca del Aeropuerto Internacional de Miami.
Beckham y sus socios, el multimillonario inmobiliario Jorge Mas y su hermano José, financiaron la obra con fondos privados, con un costo estimado de US$ 350 millones. Justo al lado, los equipos de construcción suman unos 92.900 metros cuadrados de oficinas y locales comerciales, un hotel de 750 habitaciones y un parque de 23,5 hectáreas por otros US$ 1.000 millones, financiados con deuda y capital de los socios.
"Existe una tendencia creciente de atletas que se involucran en el deporte profesional: se sacan los pantalones cortos y se ponen un traje", dice Don Garber, comisionado de la MLS. Luego precisa: "Esto no es solo un patrocinio o un acuerdo publicitario. Se trata de que David se convierta en propietario".

No fue fácil. Para lanzar Inter Miami, Beckham primero tuvo que cerrar un par de acuerdos de colaboración y tres proyectos de estadio que fracasaron. Para 2016, tres años después de su retiro, ya había perdido US$ 39 millones.
Ahora que Estados Unidos coorganiza el Mundial este verano por primera vez en 32 años, todos los planes minuciosos de Beckham empiezan a rendir frutos: Miami será sede oficial de siete partidos; Beckham firmó para ser la cara de la campaña promocional de la MLS; y aprovecha toda esa atención para lanzar una serie de nuevos anuncios para Adidas, Lay's, Stella Artois, Lenovo, McDonald's, Verizon y Home Depot.
"Ver todos los obstáculos que superó es extraordinario", dice Victoria Beckham, la ex Spice Girl y esposa de David Beckham desde hace 26 años. "David es un maestro en hacer posible lo imposible", sostiene.
Beckham aprendió desde chico el valor del trabajo duro en el East End de Londres. Es hijo de Ted, que arreglaba hornos de gas, y de Sandra, peluquera. Su papá, que jugó al fútbol de manera semiprofesional, tenía jornadas laborales extensas: salía de casa a las 6 de la mañana y muchas veces no volvía hasta las 9 de la noche. Su mamá cortaba el pelo en casa, sobre todo a mujeres mayores, hasta las 11 de la noche, mientras buscaba a los chicos del colegio, preparaba la cena y se aseguraba de que David y sus dos hermanas hicieran la tarea. "Yo estaba ahí ayudando", dice Beckham, "preparando té y haciendo tortas. Ese es el mejor regalo que me podrían haber dado. Se trata de la ética del trabajo", agrega.

David, un talento que explotó tarde y siempre fue más chico que sus compañeros, pasaba noches y fines de semana entre gambetas y amagues. Ganó una competencia de habilidades a los 11 años y, a los 13, se sumó al equipo juvenil del Manchester United por unas 30 libras semanales. En 1996, a los 21, llamó la atención de los cazatalentos de Adidas y consiguió su primer contrato por unos US$ 75.000 (US$ 160.000 actuales).
A los 22, ya era una figura nacional. Su ascenso se aceleró cuando empezó a salir con Victoria Adams, de las Spice Girls, que por entonces era más famosa que él. Los diarios británicos pronto los apodaron "Posh y Becks". Ese mismo año firmó su primer contrato publicitario: un acuerdo de cuatro años con la marca de fijador de pelo Brylcreem por unos US$ 7 millones.
Después llegó la caída. Su infame tarjeta roja en el Mundial de 1998, que quizá le costó la victoria a Inglaterra, desató años de insultos de hinchas furiosos. Beckham mantuvo la cabeza baja y, tres años más tarde, en tiempo suplementario ante Grecia, metió el golazo de tiro libre que clasificó a Inglaterra al Mundial de 2002. Para 2003, ya era capitán de la selección, seis veces campeón de la Premier League, ganador de la Champions League y su camino seguiría en el Real Madrid.
Mientras jugaba para los madrileños, ganó unos US$ 75 millones fuera de la cancha, entre ellos un contrato con Adidas en 2003 que, según se informó, le dejó US$ 80 millones por adelantado, además de un porcentaje de las ganancias por la venta de productos y acciones promocionales. Fue uno de los mayores contratos de patrocinio deportivo de la época. Con la mira puesta en ampliar su negocio más de los sponsors, en 2003 firmó con el representante de talentos británico Simon Fuller, que desde hacía tiempo trabajaba con Victoria.
Durante la década siguiente, Beckham pasó por varios equipos y sacó el máximo provecho de su fama al sumarse a los clubes más importantes de cuatro países: Real Madrid hasta 2007, LA Galaxy de 2007 a 2012, AC Milan a préstamo en 2009 y 2010, y Paris Saint-Germain en su última media temporada, en 2013. Fue capitán de Inglaterra en el Mundial de 2006 y ganó la MLS Cup con el Galaxy en 2011 y 2012. Además, Fuller ayudó a Beckham a cerrar contratos plurianuales con marcas como Vodafone, Gillette, Coty y Armani.

Con el tiempo, entendió que ya no necesitaba a Fuller y, en 2019, le compró su participación de un tercio en el negocio de marcas por unos US$ 50 millones. "Quería tener el control de mi propio mundo", expresa. "Quería tener el control de mi propio negocio y de mi futuro", agrega.
A comienzos de 2022, la marca Beckham ya era un negocio próspero, con 30 empleados a cargo de las colaboraciones, el marketing, las redes sociales, las relaciones públicas y la creatividad, todo puertas adentro, y ventas anuales por unos US$ 66 millones. Fue entonces cuando Jamie Salter, fundador y CEO de Authentic Brands Group, la segunda mayor empresa de licencias de marcas del mundo después de Disney, se contactó con ellos. Salter ya tenía los derechos de Elvis Presley, Marilyn Monroe y Shaquille O'Neal, además de una amplia experiencia con marcas de celebridades de primer nivel.
"David es muy exigente con su marca. No quiere errores. Cuando te enfocas en el lujo, tienes que ser meticuloso con todo", dice Salter. "Jamás se subiría a un auto sucio. Siempre va bien vestido. David Beckham siempre es impecable", advierte.
"Es muy minucioso y reflexivo a la hora de tomar decisiones", añade Tom Brady, leyenda de la NFL y amigo de Beckham desde hace casi 20 años.
Salter y Beckham llegaron a un acuerdo en febrero de 2019 para que el exfutbolista vendiera el 55% de su marca por US$ 250 millones y acciones de Authentic, una empresa privada valuada entonces en unos US$ 13.000 millones. Salter sumó a su cartera a una de las estrellas más rentables del mundo. Beckham obtuvo acceso a una de las mayores potencias globales de marketing, una gran cantidad de efectivo y acciones, y mantuvo el control creativo junto con una participación del 45%, que le aseguró una parte importante de las ganancias. "En definitiva, no haremos nada que David no quiera hacer", afirma Salter.
A partir del acuerdo con Authentic, el negocio de marcas de Beckham tuvo un fuerte salto y llegó a ingresos por US$ 100 millones en 2025. Su participación en Authentic también subió de manera considerable. Este gigante de las marcas, con ventas estimadas en US$ 2.000 millones y dueño también de las cadenas Brooks Brothers y Forever 21, ahora vale unos US$ 20.000 millones, lo que representa para Beckham una rentabilidad superior al 50%.
Beckham se esforzó por mantenerse en escena. En 2023, por el décimo aniversario de su retiro, Studio 99 estrenó en Netflix una miniserie documental de cuatro partes sobre su trayectoria. La producción atrajo a más de 30 millones de espectadores, ganó un Emmy a la Mejor Serie Documental, le reportó US$ 21 millones y, tal como él esperaba, lo acercó a una nueva generación de fanáticos y clientes.
"Beckham fue un éxito rotundo para nosotros", afirma Bela Bajaria, jefa de contenidos de Netflix, que también le dio luz verde a una miniserie de tres partes sobre Victoria, estrenada en octubre pasado, y en diciembre firmó un acuerdo de preferencia con Beckham. Ese contrato le da al gigante del streaming prioridad sobre los documentales y proyectos sin guion de Studio 99 durante tres años.
Frustrado por la excesiva complejidad de su rutina diaria de bienestar, que requería un arsenal de pastillas, Beckham cofundó en 2024 la empresa de suplementos antienvejecimiento IM8 junto con Prenetics, una compañía de ciencias de la salud con sede en Hong Kong que cotiza en el Nasdaq. La compañía registró ingresos por US$ 60 millones el año pasado y espera alcanzar los US$ 200 millones en 2026.
"Tiene un talento increíble, pero tuvo que trabajar duro", dice Victoria. "Algunos futbolistas se levantan de la cama y lo hacen sin esfuerzo. David tuvo que trabajar duro en el fútbol. Y también tuvo que trabajar duro en los negocios", expresa.
Justo después del anochecer, en una noche húmeda de principios de abril, entre el rugido ensordecedor de casi 30.000 hinchas, David Beckham ingresa al círculo central del muy esperado Nu Stadium de Inter Miami.
Con un traje azul marino con el escudo del club, y con sus socios Jorge y José Mas a su lado, también de traje, Sir David, título que recibió de manos del rey Carlos en noviembre, toma primero la palabra. "Llegué a Estados Unidos y a la MLS hace 20 años. Mi sueño era ganar campeonatos, ayudar a elevar el fútbol que tanto amo y construir mi propio equipo", dice ante la multitud, con el discurso en su iPhone. "Hace trece años, anuncié que Miami era mi elección. No teníamos nombre. No teníamos escudo. No teníamos estadio", agrega.

"Fue un desafío de 12 años", le dijo Beckham a Forbes en Manhattan poco después. "El mayor desafío de mi carrera empresarial", sostuvo. Pasaron cuatro años entre el momento en que ejerció su opción de expansión de la MLS, en 2014, y la aprobación final de los demás dueños de la liga; y otros dos para armar el equipo. Inter Miami jugó seis temporadas en un estadio temporal en Fort Lauderdale, mientras Beckham y sus socios de entonces, el multimillonario de las telecomunicaciones Marcelo Claure y el multimillonario inversor japonés Masayoshi Son, buscaban una sede definitiva para el club.
Un plan para construir un estadio al aire libre en el paseo marítimo de Miami, en PortMiami, fue rechazado por los sindicatos portuarios. Un terreno frente al mar cerca del estadio de básquet del Miami Heat quedó atrapado por cuestiones políticas. Y un acuerdo por un predio en Overtown se frustró por la oposición de la comunidad y los obstáculos legales que no cedían. "Llegaba de los aviones sin dormir, corría a las reuniones del consejo municipal y luego se subía a un auto para ir a la siguiente", dice Garber, comisionado de la MLS, sobre Beckham. "Eso nunca lo detuvo", completa.
En el verano de 2018, Garber le presentó a Jorge Mas, que llegó a multimillonario tras convertir a MasTec, una compañía con sede en Florida, en un gigante de la construcción y la ingeniería que cotiza en bolsa. "Decir que congeniamos es quedarse corto", afirma Mas. "Ambos creíamos en Miami y en que Estados Unidos era un país futbolero", sostiene.
Mas, experto en cerrar acuerdos difíciles en Florida, le dijo a Beckham que se haría cargo personalmente de la negociación por el estadio. Encontraron el Melreese Country Club, un predio municipal de 53 hectáreas contaminado con arsénico que requería US$ 100 millones en saneamiento antes de iniciar la obra.
Llevaron a referéndum público el plan para transformarlo en lo que sería Miami Freedom Park y consiguieron la aprobación en noviembre de 2018 con el 60% de los votos, bajo dos condiciones: financiamiento totalmente privado y un proyecto que incluyera un desarrollo urbanístico de 23,5 hectáreas, no solo el estadio. En 2021, en medio de informes sobre tensiones cada vez mayores entre los dueños, los hermanos Mas compraron la participación conjunta del 48% de Claure y Son.
Los hermanos manejan el equipo en el día a día y poseen la mayor parte de las acciones, cerca del 75%, pero Beckham se ocupó de dejar su propia marca en el club. Al definir el escudo, insistió en que el estudio Doubleday & Cartwright, con sede en Brooklyn, les mostrara cien escudos de clubes de fútbol de los últimos cien años antes de decidirse por la garza, la forma y el tono exacto de rosa. "Quería que tuviéramos un color propio", afirma.
También estaba obsesionado con el plantel. Beckham seguía desde hacía tiempo a Messi, quizá el mejor jugador de la historia. En la última diapositiva de una presentación inicial de la marca que les mostró a sus socios en 2018, dibujó a Messi con la camiseta de Inter Miami, antes de que la estrella mostrara interés por el club.
Tras casi cuatro años de conversaciones, incluida una reunión secreta en Barcelona con el padre de Messi, el argentino firmó en julio de 2023. Rechazó una oferta de Arabia Saudita por US$ 400 millones para sumarse a Inter Miami a cambio de entre US$ 50 millones y US$ 60 millones en ingresos anuales garantizados, además de un acuerdo de reparto de ingresos con los patrocinadores de la MLS, Apple y Adidas.
El "Efecto Messi" catapultó al club a la estratósfera: los ingresos anuales pasaron de menos de US$ 70 millones a más de US$ 250 millones, impulsados por el salto en la venta de entradas, nuevos sponsors y giras mundiales. "Si el Inter Miami alguna vez estuviera abierto a nuevos inversores, estaría muy interesado", afirma Ken Griffin, multimillonario de fondos de cobertura, nacido y criado en Florida. El precio sería elevado. Con casi US$ 1.400 millones, el equipo es ahora el más valioso de la liga, casi el doble del promedio de los clubes de la MLS. Y eso sin incluir el valor del Nu Stadium, sobre el cual los socios tienen un contrato de alquiler de 99 años, ni el resto del proyecto Miami Freedom Park, cuya finalización está prevista para 2028.
La gran incógnita es cómo le irá al equipo cuando Messi, de 38 años, se retire, pero ese temor se disipó en octubre, cuando el delantero estrella firmó una renovación de contrato hasta la temporada 2028. Y quizá no se aleje demasiado: cuando Messi cuelgue los botines, podría sumarse a Beckham en el palco de los dueños gracias a su opción para adquirir una pequeña participación en Inter Miami.
El legado parece ser la principal preocupación de Beckham por estos días. Él y Victoria tienen cuatro hijos: Brooklyn, de 27 años; Romeo, de 23; Cruz, de 21; y Harper, de 14. Brooklyn se distanció públicamente de la familia desde su casamiento con Nicola Peltz, hija del multimillonario de Wall Street Nelson Peltz, en 2022. Esa ruptura fue tema constante para la prensa sensacionalista, aunque los Beckham evitaron casi siempre hablar del asunto. "Quiero que mi familia entre a ese estadio y sepa que papá lo construyó", dice el inglés, y agrega: “Quiero dejar algo para cuando ya no esté acá”.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.