El chef de Quevedo que cocina en barcos de lujo
Erick Arreaga encontró en el mercado de lujo de los yates su oportunidad para conocer el mundo y crecer como profesional. Cocina para clientes exclusivos en el Mediterráneo y el Caribe. Esta es su historia.

David Paredes Periodista

Cuando Erick Arreaga se graduó del colegio soñaba con ser ingeniero petrolero, vestir con botas y casco, y extraer crudo de algún pozo en el Oriente. Pero sus planes se truncaron en cuestión de días. Llegó a Guayaquil desde su natal Quevedo para estudiar en la universidad, pero los cupos para la carrera de sus sueños estaban agotados. 

“Para no perder tiempo, me metí a gastronomía hasta que se abriera la carrera y terminó gustándome”, dice Arreaga, quien después de esta decisión de ‘relancina’ se enamoró de la carrera elegida. 

Actualmente es chef en cruceros y yates de lujo administrados por Al Seer Marine, una compañía de Emiratos Árabes Unidos que en 2025 tuvo ingresos por US$ 367,5 millones, según su reporte financiero, publicado a inicios de 2026 en su página oficial. La empresa maneja una de las flotas de yates más grandes del mundo: son cerca de 60 yates de lujo de clientes privados.

“Trabajamos con clientes importantes y exclusivos”, aclara este quevedeño de 34 años, desde su camarote.

Arreaga es chef, marino mercante y tiene una maestría en Administración de empresas. Su recorrido por el mundo de los barcos empezó hace 10 años, en Galápagos, cuando su mejor amigo lo invitó a trabajar a un crucero de la National Georgraphic.

Esa experiencia le permitió conocer las Islas Encantadas a bordo del National Geographic Endeavour II. Esta embarcación de lujo tienen capacidad para 96 pasajeros y es operada junto a Lindblad Expeditions, una empresa de cruceros de Nueva York especializada en turismo de aventura. 

En ese barco, una travesía por Galápagos puede costar hasta US$ 12.420 por persona y tiene una duración de 17 días. En esta empresa, Arreaga se inició como cocinero y ascendió hasta subchef. 

Erick Arreaga posa junto a algunos yates , en Europa. Foto: Cortesía

“Solo me movía en el archipiélago. Me gustó el nivel de detalle que hay y la exigencia dentro de la cocina”, afirma. Ese fue un ‘viaje’ de cuatro años y medio donde se apasionó por este mercado. 

Asegura que tuvo propuestas de otros cruceros para trabajar en sus cocinas. Incluso con ofertas salariales importantes, pero a él le sedujo el mercado de los yates de lujo.

“El mundo de los cruceros es bonito, porque te abre la mente a otras culturas. Obviamente el salario es mejor. Pero hay un nicho mucho más grande, más exclusivo, que es el de los yates y súper yates. Todo es ultra lujo. Yo me propuse ser parte de eso”, afirma.

Esa oportunidad llegó rápido. Una compañía operadora de estas embarcaciones en Galápagos lo contactó y le pidió que fuera su chef. Sin pensarlo aceptó la oferta.

“Tenía la posibilidad para ir este a otro lado, a embarcaciones en otras partes del país, pero no se dio porque justamente llegaba el primer yate de lujo a las Islas Galápagos y me hicieron la propuesta. Querían que yo sea el chef”.

Para Arreaga, saber cocinar, dominar técnicas y emplatar bonito no fue suficiente. Se preparó en otras áreas para estar a la altura de los clientes. “Esta es una industria donde debes tener cultura, saber de arte, de historia y poder entablar una conversación de alto nivel con los huéspedes, en caso de que te lo pidan”.

Trabajó en Aqua Expeditions, una empresa de yates exclusivos que opera también en Galápagos y cuenta con embarcaciones para 16 y hasta 40 pasajeros.

Ahí comprendió la importancia de dominar y conocer a fondo productos de alta calidad de diversas partes del mundo, incluyendo opciones de Europa, Asia y Oriente Medio, y no limitarse únicamente a su propia cocina.

Temporada de mediterráneo

Arreaga se preparó para mantenerse en esta industria. Sacó un certificado de marino mercante y asegura que sus anteriores trabajos le sirvieron para llegar a la embarcación en la que hoy trabaja. 

Antes de ser parte de la empresa árabe, trabajó en tierra firme durante un año. Fue el chef ejecutivo del Hotel Plaza Grande, en Quito. Lejos de los muelles y del mar, sus funciones eran más ejecutivas.

“Ahí apliqué mis conocimientos administrativos que gastronómicos. Cuando entré a la nueva empresa de yates me costó, porque pasé un año sin cocinar”, dice.

En su actual compañía comparte fogones con otros chefs de distintas nacionalidades. Es el único sudamericano entre los colaboradores que están a bordo del megayate que zarpó a inicios del verano europeo desde uno de los lujosos puertos exclusivos y privados del mediterráneo. Aplicó para el puesto entre cientos de chefs de distintas partes del mundo. Para su suerte, buscaban un sudamericano y además, tenía la experiencia en alta mar.

Desde entonces, Arreaga acumula 68.844 kilómetros recorridos. En Europa están en temporada de mediterráneo, por lo que es común ver este tipo de embarcaciones cerca de sus costas. Gracias a su trayectoria ya conoce las playas más exclusivas y exóticas de Grecia, Italia, España, Egipto, Países Bajos, Qatar, Emiratos Árabes y Turquía.

Los yates anclados en uno de los puertos del Mediterráneo. Foto: Cortesía

Durante su carrera de más de 10 años, conoció países de los cinco continentes. Un privilegio que tienen pocos, pero para lograrlo, Arreaga paga un alto costo. Su trabajo le exige estar en alta mar por varios meses al año y descansar en tierra pocas semanas. Ese tiempo lo aprovecha para compartir con su esposa e hija de ocho años, que viven en Guayaquil. 

“Renuncié a la compañía diaria de mi esposa e hija para asegurarles una vida tranquila. No ver crecer a mi niña ha sido doloroso y un alto costo que estoy pagando por cumplir un sueño y por garantizarle un mejor futuro”. 

Una vez finalizada la temporada de Mediterráneo, arranca la del Caribe. El mercado se traslada hasta Sudamérica y Centroamérica, donde el recorrido es más corto, pero igual de exigente. 

Un mercado de altas exigencias 

Arreaga reconoce que cocinar en un entorno exclusivo, las exigencias son altas. Asegura que, en este tipo de barcos, que tienen presupuestos ilimitado, las frases “no hay” y “no puedo” no están admitidas. 

Según el portal Dream Yacht Sales & Ownerships, la industria de los yates de lujo mueve anualmente entre US$ 9.000 millones y US$ 10.000 millones al año y es impulsado por cerca de 100.000 viajeros. 

Sus primeros viajes a bordo de los barcos de esta empresa le sirvieron como un baño de humildad. “Mis primeros tres meses fueron sumamente difíciles, al punto de llamar a mi esposa llorando porque sentía que no podía con la exigencia. En Quito tenía un trabajo 100% administrativo. No tenía ritmo”.

La barrera idiomática fue compleja. Al trabajar con profesionales de distintas nacionalidades, comprender el inglés en diferentes acentos le tomó tiempo. Hoy habla con fluidez. En la cocina utiliza términos técnicos y universales, por lo que el flujo de trabajo es llevadero y de alta precisión.

Pero lo más difícil fue renunciar a su propio ego. “La mayoría de los chefs somos egocéntricos. Creía que era excelente, que estaba a nivel internacional, pero me encontré con otra realidad. Me sirvió para madurar y aceptar que siempre habrá alguien mejor. Esto me mantiene abierto para aprender de los demás, conocer técnicas y probar sabores nuevos”.

En este negocio, la cocina nunca descansa. Hay turnos rotativos y están expectantes a lo que pida el comensal, a cualquier hora y momento del día. 

Uno de los platillos de mariscos preparados por Erick Arreaga. Foto: Cortesía 

Un ceviche de coliflor

En el aspecto técnico, este profesional ecuatoriano encaró desafíos que transformaron su visión de la cocina. Uno de los retos más importantes fue redefinir sus esquemas tradicionales para crear un ‘ceviche de coliflor’ vegano de altísima gama, integrando texturas rostizadas y encurtidas, geles, chips y una leche de tigre a base de crema de coco, hierba luisa y lima kaffir. 

Para Erick, esto representó un gran desafío creativo, ya que elaborar un ceviche vegano para el nivel de ultra lujo en el que trabaja es muy diferente a lo que se acostumbra a ver en Ecuador. Tuvo que romper esquemas para lograr una presentación lujosa, un sabor delicioso y una propuesta única.

Para la leche de tigre utilizó como base crema de coco, hierba luisa, hojas de lima kaffir, un poco de cebolla y jugo de limón. Para la textura, en lugar de usarla de forma simple, una parte de la coliflor fue rostizada y otra encurtida. El platillo se complementó con gel de camote con remolacha rostizada y chips de parsnips, un tubérculo similar a la zanahoria blanca y tomates confitados.

Aunque esa fue una versión sumamente sofisticada y adaptada al mercado de lujo, Erick destaca que nunca perdió la esencia de lo que es un verdadero ceviche ecuatoriano. 

Así como hay platillos sofisticados y creativos, también hay otros sencillos. “En este negocio todo depende del dueño del barco. Si quiere una hamburguesa sencilla se le prepara, pero si es una cena compleja, con ingredientes exóticos, estamos en la obligación de hacerla. Estamos en un mercado exclusivo y de alto nivel. El no hay o no puedo no existe”. (I)