Gala, la marca que nació en pandemia con US$ 50 prestados y hoy cruza fronteras
La guayaquileña Gala Alvear decidió crear una marca de ropa cuando tenía 20 años. Seis años después, tiene una tienda física en Urdesa, en Guayaquil, realiza envíos internacionales y registró su marca en Estados Unidos. Anualmente factura US$ 500.000.

Gala Alvear nació en Guayaquil, pero su infancia transcurrió entre Daule y Salitre, dos cantones vecinos, donde residían sus padres. A los 17 años se fue a vivir con quien hoy es su esposo, a Durán. Un año después, en 2018, quedó embarazada de su primera hija y dos semanas después de dar a luz empezó a trabajar en el sector público. Su horario comenzaba muy temprano hasta la noche y no tenía días libres. “Fue la experiencia laboral más horrible”.

En tiempos libres y en la hora del almuerzo vendía maquillaje y fajas llamadas cinturillas a sus amigas. “No nos alcanzaba el sueldo”, cuenta. “Mi esposo me decía: no podemos gastar cuatro dólares almorzando, compremos lonchis y bananas”. 

Tras algunos meses en el sector público, decidió salir y se regresó a la casa de su madre. Desde ahí se dedicó por completo a las ventas: iba a la Bahía de Guayaquil, compraba maquillaje, ropa, cinturillas, pasaba movilizándose con su hija en brazos. En 2019 montó un pequeño estudio en un rincón de la vivienda de su mamá para poner pestañas a US$ 5 el servicio. Ahí empezó a hacerse conocido su nombre: "Todas me conocían como Gala. Gala es mi nombre, entonces quedaba perfecto".

El salto llegó con la pandemia. Subía contenido a redes sociales para así intentar generar ventas. Le pidió prestados US$ 50 a su suegra, quien tenía tarjeta de crédito, con la condición de pagar en cuotas mensuales de US$ 10 y en el caso de que no se vendiera la ropa tenía que quedarse con ella. Con ese dinero compró seis o siete prendas en Shein. Se vendió todo el mismo día y la gente pidió más. Volvió a comprar. Y así, empezó todo.

Hasta ese momento nunca había enviado un pedido por courier. Entregaba todo ella misma recorriendo varios cantones de Guayas como Daule, Salitre, Durán, Samborondón, Santa Lucía y Guayaquil, en bus y con su hija en un canguro. En la pandemia empezó a utilizar empresas de entregas a domicilio: enseguida se dio cuenta del potencial, podía vender a todo el país desde su casa. Sus videos en TikTok se hicieron virales, especialmente los de las cinturillas. Ese producto se volvió el pilar de Gala y lo sigue siendo hoy, seis años después.

En 2021 Alvear y su esposo se mudaron a Guayaquil. Pasaron de pagar US$ 80 de alquiler en Durán a US$ 300 por un departamento en la ciudadela Simón Bolívar. Les fue bien, compraron su primer carro y firmaron un convenio corporativo con una empresa courier para que recogieran los pedidos en casa. En 2022 constituyó Gala y abrió su primer showroom dentro de su departamento, en Lomas de Urdesa, con una inversión de US$ 4.000. @@FIGURE@@

El camino de digitalizarse y tener productos propios

La web se lanzó el 22 de febrero de 2023. Antes, implicaba contestar mensajes de WhatsApp hasta las tres de la mañana. Con la web pudo, por primera vez, dormir un poco. Hoy, el e-commerce concentra alrededor del 80 % de las ventas. 

Pero en esa etapa apareció otra tensión. Como alguna ropa todavía era importada de Shein y Fashion Nova, empezaron las críticas en redes, a pesar de que Alvear empezó a fabricar sus propias prendas. El desgaste la llevó al límite y decidió cerrar.

Al mismo tiempo, al esposo de Gala le ofrecieron una tarjeta de crédito ‘black’. Él le propuso algo distinto: abrir un taller propio para fabricar todo en Ecuador. Compraron máquinas de coser, de alrededor de US$ 300 cada una, contrataron tres costureras. Su esposo, ingeniero eléctrico de la Espol, se hizo cargo de la operación. La primera colección salió con su marca y se vendió completa. 

En 2024 llegó la prueba más dura. Gala maquiló una colección de jumpers en un taller externo que llegaron con una costura defectuosa. Una clienta subió un video a TikTok y el tema se viralizó. Ella, estaba embarazada de su segunda hija, tras haber perdido un bebé meses antes. La marca devolvió el dinero a alrededor de 50 clientes y enfrentaron acusaciones falsas sobre supuestas malas prácticas laborales. El ruido fue demasiado. Estuvo seis meses sin redes sociales. Fue a terapia. “Que no se tome todo personal” fue el aprendizaje. “En los negocios uno no siempre tiene la razón, pero hay que seguir”.

Actualmente, el taller de Gala emplea a alrededor de 15 personas, y el 80 % del equipo está integrado por mujeres. En julio de 2024 abrió su primer punto físico en Urdesa con una inversión de US$ 15.000. A pesar de que siempre dijo que no quería tener un local. “Juré nunca abrir una tienda”. Ahora en cualquier día de la semana se forman filas de clientes en los exteriores del local. 

Los envíos por courier llegan a Puerto Rico, Nueva York, Texas y España. Gala ya tiene su marca registrada en Estados Unidos. El siguiente paso es abrir operaciones físicas fuera del Ecuador. En paralelo, los emprendedores compraron una combi rosada para llevar pop-ups a Manta, Machala y Cuenca. En una visita a Quito llevaron siete maletas y regresaron con media, los jeans se agotaron al mediodía del segundo día, con 400 unidades vendidas.

Gala cerró 2024 con una facturación superior a los US$ 500.000 y en 2025 superó esa cifra. A sus 26 años, Alvear no siente que se haya saltado etapas. “Disfruto muchísimo de mis hijas estando joven y ellas también disfrutan de mi juventud”. 

A quienes están en sus veinte y sueñan con emprender, les deja una certeza, “No hay nada como tener esto que es tuyo. Tú decides si mañana lo cierras o lo cambias. Esto nadie te lo va a poder arrebatar”. Su proyección a cinco años es clara, más sucursales dentro y fuera de Ecuador, pop-ups internacionales, más categorías de producto y una tienda operativa en Estados Unidos. “Gala no solo soy yo. Detrás hay un equipo al que quiero mucho”, cierra. (I)