La industria arrocera proyecta exportar 60.000 toneladas en 2026
Juan Pablo Zúñiga, presidente de los industriales del sector, señala que la reapertura del mercado colombiano impulsa las ventas. El gremio enfoca sus esfuerzos en mejorar la productividad, tecnología e innovación. La producción de arroz pilado blanco se estima en unas 800.000 toneladas durante este año. Aquí, el panorama del sector.

Julissa Villanueva Periodista

La industria arrocera ecuatoriana aprovecha la reapertura del mercado colombiano para reducir inventarios, mientras prepara una estrategia que le permita competir más allá de esta coyuntura. El aumento de la productividad, la incorporación de tecnología y la reducción de costos están en el centro de la agenda.

Los resultados se reflejan en el comportamiento de las exportaciones y la ruta trazada para garantizar existencias que abastezcan el consumo interno. Hasta julio de 2026, el país colocó 23.792 toneladas métricas de arroz pilado fuera del mercado nacional. El 72 % fue adquirido por el vecino país del norte, seguido por Perú con el 26 %, de acuerdo con el Sistema de Información Pública Agropecuaria (SIPA), del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo. 

Juan Pablo Zúñiga, presidente de la Corporación de Industriales Arroceros del Ecuador (Corpcom), estima que los envíos al exterior llegarán a las 60.000 toneladas hasta el cierre de septiembre. A partir de ese volumen, dice, la prioridad será conservar inventarios para el consumo interno.

"Hasta agosto, las exportaciones bordearon las 45.000 toneladas. Para septiembre, se proyectan 15.000 adicionales y con eso, entiendo, se cierran los envíos. Siempre la prioridad va a ser cubrir la soberanía alimentaria", comenta Zúñiga.

La cautela responde a la menor producción prevista para este año y al riesgo de que las condiciones climáticas afecten los próximos ciclos. Hasta el momento, advierte el gremio, las altas temperaturas han afectado la germinación de las espigas y reducido el rendimiento. El promedio nacional, que suele ubicarse en 5,7 toneladas por hectárea, este año estaría entre 5 y 5,2 toneladas.

Esta realidad pone en la mesa una discusión de mayor alcance para la industria, que busca responder cómo conseguir que el país sea más competitivo cuando existan remanentes del producto. 

"Hay que tener claro que Ecuador no es un exportador permanente de arroz. Coloca en el exterior los excedentes que genera cuando las condiciones comerciales son favorables y, durante cerca de tres décadas, Colombia ha sido su mercado natural", sostiene Zúñiga. El problema es que depender de esa demanda deja al sector expuesto a los ciclos de producción del vecino país.

En 2025, Colombia obtuvo una cosecha suficiente para abastecer su mercado e incluso redujo el uso del contingente de importación de arroz estadounidense previsto en su tratado de libre comercio. Ese año, las exportaciones de la gramínea ecuatoriana llegaron a 52.870 toneladas del grano pilado, según el SIPA. Sin embargo, el ciclo cerró con existencias que se trasladaron a 2026.  A esto se sumaron las restricciones arancelarias que paralizaron los despachos hacia Colombia durante el primer semestre.

Zúñiga calcula que Ecuador dejó de exportar entre 50.000 y 60.000 toneladas durante ese período. La reapertura de la frontera terrestre, el 20 de julio pasado, permitió reactivar los envíos. Más del 90 % del arroz que sale del país se moviliza por esa vía, a través de Ipiales.

Durante el primer semestre, cuando las exportaciones a Colombia estaban suspendidas por el tema arancelario, el Gobierno intervino con la compra de cerca de 20.000 toneladas de arroz en cáscara, una medida que, según Zúñiga, ayudó a sostener los precios para los productores. 

"Ahora, ese volumen forma parte de un contingente de reserva y se almacena mediante alianzas con el sector privado, debido a que el Estado no cuenta actualmente con capacidad suficiente de almacenamiento", explica. Las 20.000 toneladas de arroz en cáscara equivalen a unas 10.000 toneladas de arroz pilado, volumen que cubriría alrededor de cinco días de consumo nacional, considerando que Ecuador consume unas 2.100 toneladas diarias, añade. 

Evolución de los precios internacionales

Tras un período de precios bajos durante 2025 y hasta mediados de 2026, las cotizaciones comenzaron a repuntar ante las preocupaciones por el fenómeno de El Niño y las restricciones de exportación de países productores, como India. Según el gremio, los precios internacionales han aumentado entre 15 % y 20 % desde junio.

Las cotizaciones mundiales alcanzaron su nivel más alto desde febrero de 2025, impulsadas principalmente por el aumento de los precios vietnamitas, mientras que en India las alzas fueron más moderadas. 

En este contexto, el índice de precios mundiales del arroz (IPO), que sirve como referencia para seguir la evolución de las cotizaciones internacionales, subió de 203,5 puntos en julio a 205 puntos en agosto. 

 

A inicios de septiembre, el indicador se mantuvo al alza y llegó a 209 puntos. El comportamiento de los precios se presenta en un escenario de incertidumbre sobre las próximas cosechas, especialmente en Asia, donde el fenómeno de El Niño genera preocupación por las condiciones climáticas, según Infoarroz, del Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo (Cirad).

La oferta global, sin embargo, es elevada. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) estiman una producción mundial de arroz blanco de 564 millones de toneladas métricas en 2025 y proyectan 553,2 millones para 2026. Los inventarios finales, en cambio, pasarían de 211,7 millones a 221,1 millones de toneladas, respectivamente. 

Productividad y tecnología para competir

La búsqueda de nuevos mercados tropieza con una brecha de costos. Producir arroz en Ecuador cuesta entre 20 % y 25 % más que en Perú o en los países del Mercosur, según Zúñiga.  Sin embargo, la respuesta que plantea el sector pasa por elevar el rendimiento de cada hectárea. 

Productores e industriales trabajan en la aplicación de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), con énfasis en el uso de semillas certificadas y análisis de suelos para identificar las zonas con mayor potencial productivo."Se ha mejorado mucho, sobre todo con variedades nuevas, sacando arroces de excelente calidad".

La tecnología comienza a ocupar un espacio más visible en ese proceso. En zonas como Daule y Samborondón, en Guayas, algunos productores con superficies extensas ya utilizan herramientas asociadas a la agricultura de precisión. El cambio busca hacer más eficiente el manejo del cultivo y contribuir a mejorar los rendimientos.

El desafío es importante porque la productividad de 2026 se ubica por debajo del promedio. En un año normal, Ecuador siembra unas 280.000 hectáreas entre los ciclos de invierno y verano. Este año fueron aproximadamente 230.000: 100.000 en invierno y 130.000 en verano. "Un tercer ciclo, de entre 30.000 y 40.000 hectáreas que se daría en diciembre y enero podría verse comprometido si las condiciones climáticas se deterioran", advierte.

Radiografía del 2026

El 2026 será un año atípico. La producción de arroz pilado blanco se estima en unas 800.000 toneladas, entre 70.000 y 80.000 toneladas menos que en un año normal, según Corpcom. Las altas temperaturas han afectado la germinación de las espigas y reducido el rendimiento. El promedio nacional, que suele ubicarse en 5,7 toneladas por hectárea, este año estaría entre 5 y 5,2 toneladas.

Con un consumo anual de 780.000 toneladas, el margen exportable se estrecha. En un año promedio, el país genera alrededor de 100.000 toneladas de excedentes. Para 2026, el sector calcula entre 20.000 y 30.000 toneladas adicionales, a las que se suma el inventario acumulado de 2025, estimado en 40.000 a 50.000 toneladas.

El país cuenta con más de 300 piladoras, entre pequeñas, medianas y grandes, según estimaciones compartidas por Corpcom, y existe capacidad instalada suficiente para procesar incluso un incremento de 20 % a 30 % de la producción de un año normal.

El déficit está en el almacenamiento. La industria ha invertido en silos y bodegas, pero ampliar esa infraestructura requiere capital de largo plazo. Zúñiga estima que una inversión de este tipo se encuentra entre US$ 40 millones y US$ 50 millones, lo que permitiría incrementar la capacidad de almacenamiento.

"Para lograrlo se requiere de un financiamiento a largo plazo, de por lo menos de 10-15 años a una tasa preferencial para que el sector industrial siga haciendo este tipo de inversiones", sostiene.

Para Zúñiga, el potencial existe: el arroz ecuatoriano ya tiene la calidad para competir en otros mercados; el reto es conseguir que sus costos también lo permitan. (I)