El mercado busca compañías capaces de transformar la demanda de inteligencia artificial en crecimiento rentable y sostenido, con ventajas competitivas que resistan más allá del entusiasmo inicial.
Google desarrolla sus propios chips de IA para superar a Nvidia. Sin embargo, su estrategia no termina de abordar el problema de raíz y pierde peso frente a la competencia.