Las presentaciones del segundo trimestre revelaron las posiciones de empresas tecnológicas, fondos de inversión, universidades y multimillonarios en la compañía de Elon Musk.
Las acciones de SpaceX recuperaron terreno después del desplome que siguió a su salida a bolsa y los inversores vuelven a mirar el potencial de la inteligencia artificial. En paralelo, Musk avanza con Terafab, una planta de semiconductores en Texas que busca abastecer la creciente demanda de cómputo de SpaceX, Tesla y xAI.
StartEngine hizo de la venta de acceso a compañías privadas muy buscadas su principal fuente de ingresos, con recargos extraordinarios y contratos que aclaran que el comprador obtiene exposición económica, pero no los derechos accionarios.
La apuesta de Elon Musk por llevar la inteligencia artificial a órbita lo lleva a comprometerse con miles de millones de dólares en chips justo cuando la capacidad global empieza a convertirse en el verdadero cuello de botella.
El fin del período de restricción habilitará la venta de hasta 911,5 millones de acciones y pondrá a prueba la demanda, la valuación y la capacidad del mercado para absorber una oferta mucho mayor sin profundizar la caída del precio.
Una etapa superior del Falcon 9 abrió un nuevo cráter y reavivó la preocupación científica por los residuos humanos acumulados sobre la superficie del satélite.
En su primer reporte de ganancias desde la salida a bolsa, la compañía superó las expectativas del mercado y redujo sus pérdidas. Sin embargo, invirtió US$ 18.369 millones en apenas tres meses, seis veces más que un año atrás. La inteligencia artificial concentró el 86% de ese desembolso.
El debut trimestral ante Wall Street pondrá bajo la lupa si el crecimiento de Starlink alcanza para compensar el gasto récord en inteligencia artificial y la presión vendedora que se avecina.
Morgan Stanley considera que una cotización cercana a US$ 100 abriría una ventana de compra, pese a las fuertes pérdidas de la división de IA, las dudas sobre su rentabilidad y el próximo vencimiento de los períodos de bloqueo de accionistas.
La compañía creada por Jeff Bezos suma contratos públicos, respaldo oficial y capacidad técnica, mientras el liderazgo privado del sector espacial enfrenta una presión cada vez más concreta.
En una entrevista reciente con el gobernador de Texas, Greg Abbott, Elon Musk, de SpaceX, predijo que la compañía enviaría humanos de regreso a la Luna y a Marte en los próximos cinco años y construiría ciudades permanentes en la superficie lunar en los próximos 10 años, ofreciendo objetivos sumamente optimistas para los viajes espaciales.
Según varios informes publicados este miércoles, Blue Origin captó capital externo en su primera ronda de financiación, valorando la compañía en US$ 130.000 millones, en un intento de la empresa de cohetes de Jeff Bezos por competir con SpaceX.
Tim Draper apostó por SpaceX y Tesla cuando pocos veían futuro. Su historia muestra cómo nacen grandes fortunas: con convicción, pérdidas tempranas y apuestas contra todo consenso.
La compañía analiza postergar su debut bursátil hasta 2027 para intentar alcanzar una mejor valuación, en medio de la volatilidad del mercado tecnológico y tras el fuerte retroceso de SpaceX luego de su histórica salida a Bolsa. El escenario reaviva las dudas sobre si el boom de la inteligencia artificial puede sostener las valuaciones récord del sector.
El vencimiento del lockup de directivos amenaza con multiplicar la oferta de acciones justo cuando las tasas altas y las futuras IPO de OpenAI y Anthropic ponen más presión sobre el precio de la compañía.
La caída del precio de las acciones de SpaceX y las nuevas restricciones sobre US$ 116.000 millones en acciones de Tesla, dejaron a Musk fuera del selecto club de los cuatro puntos.
El proveedor de índices MSCI otorgó a SpaceX la calificación ambiental, social y de gobernanza (ESG) más baja posible, situando al fabricante de cohetes de Elon Musk con la misma puntuación que Rusia, al tiempo que señaló su preocupación por el hecho de que la empresa no haya gestionado los riesgos "significativos" tras su debut récord a principios de este mes.
Forbes estima que los cuatro jóvenes cofundadores multimillonarios de Cursor alcanzarán una fortuna de US$ 2.700 millones cada uno cuando se concrete el acuerdo.
La startup Panthalassa, respaldada por el multimillonario, desarrolla boyas flotantes capaces de generar electricidad con olas y enfriar chips con agua fría, una apuesta para alimentar la IA lejos de tierra firme.