Datos clave
- La participación alcanzó el 82,5% del padrón. Un total de 118.040 personas votaron en contra de reabrir las conversaciones y 105.339 respaldaron la propuesta, según los resultados difundidos por la televisión pública RÚV.
- La votación no determinaba la incorporación inmediata de Islandia al bloque. Una victoria del “sí” habría iniciado negociaciones con Bruselas que durarían por lo menos dos años. Cualquier acuerdo alcanzado tendría que haber sido sometido posteriormente a un segundo referéndum.
- La industria pesquera encabezó la oposición por temor a que la Política Pesquera Común de la Unión Europea facilitara el ingreso de embarcaciones extranjeras a las aguas islandesas y redujera la capacidad del país para fijar sus propias cuotas.
- Quienes respaldaban las conversaciones sostenían que una eventual adhesión y la posterior adopción del euro podrían estabilizar la economía y abaratar el crédito. Como argumento, señalaban la brecha entre las tasas: la tasa de referencia del Banco Central de Islandia se sitúa en el 8%, mientras que la tasa de depósitos del Banco Central Europeo es del 2,25%.
- El gobierno también presentó la incorporación como una herramienta para enfrentar las guerras comerciales y reforzar la posición del país en el Ártico. El debate cobró fuerza ante las reiteradas amenazas de Donald Trump de tomar el control de Groenlandia.
- Islandia integra la OTAN, aunque no cuenta con un ejército permanente. Para Bruselas, su incorporación habría ampliado la presencia de la Unión Europea en una región cada vez más disputada por las grandes potencias.
- La primera ministra Kristrún Frostadóttir, quien apoyaba la reapertura de las conversaciones, aseguró que respetará el resultado. También anticipó que su gobierno buscará profundizar la relación con Europa a través del Espacio Económico Europeo.
Antecedentes clave
Islandia solicitó ingresar a la Unión Europea en 2009, después de que la crisis financiera golpeó con fuerza a su economía. Posteriormente, en 2013, un nuevo gobierno que se oponía al ingreso de Islandia a la Unión Europea detuvo las negociaciones. Sin embargo, el país nunca retiró formalmente su solicitud de adhesión.
La actual coalición de gobierno, formada en 2024, volvió a colocar el tema en la agenda ante el aumento del costo de vida, las guerras comerciales y las tensiones de seguridad en el Atlántico Norte. Frostadóttir había presentado la consulta como una decisión determinante para el futuro del país.
Tras la victoria del “no”, la primera ministra afirmó que el debate sobre el ingreso quedará fuera de la agenda mientras permanezca en el poder la actual coalición. La Comisión Europea aseguró que respeta el resultado y remarcó que Islandia continuará siendo uno de sus socios más cercanos.
Qué cambia ahora para Islandia
El resultado no modificará los acuerdos que Islandia ya mantiene con Europa. Aunque no pertenece a la UE, sus empresas pueden comerciar en el mercado común y sus ciudadanos pueden viajar por los países del espacio Schengen sin pasar controles fronterizos internos.
A cambio, deberá adaptar parte de su legislación a las normas europeas, aunque seguirá sin representación con derecho de voto en las principales instituciones del bloque. También conservará su moneda y la autonomía para definir la política monetaria.
Para la industria pesquera, el resultado sí es decisivo. Al permanecer fuera de la UE, Islandia seguirá definiendo cuánto se puede pescar en sus aguas y qué embarcaciones extranjeras pueden ingresar. Conservar esa autonomía fue uno de los principales argumentos de quienes impulsaron el “no”.
El gran número
40%. Esa es la proporción de los ingresos por exportaciones de Islandia que genera la industria pesquera. La actividad representa, además, alrededor del 15% del Producto Bruto Interno si se consideran sus aportes directos e indirectos, según datos citados por Reuters.