La primera aparición pública de Delcy Rodríguez desde la madrugada del operativo que terminó con la captura de Nicolás Maduro buscó enviar una señal política hacia dentro y hacia fuera de Venezuela.
Frente a las cámaras de la televisión estatal, acompañada por su hermano político Jorge Rodríguez y los ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores, la vicepresidenta reclamó que el presidente y su esposa fueran liberados de la custodia de Estados Unidos.
“Defenderemos la dignidad de un pueblo que no se puede entregar ”, afirmó, para luego trazar una línea roja frente a Washington: “No seremos colonia de nadie; lo que le están haciendo a Venezuela es una barbarie”.
La puesta en escena intenta desmentir versiones que circularon en redes sociales sobre una supuesta huida de Rodríguez al exterior. Durante horas, abundaron rumores de que la funcionaria se encontraba en Moscú cuando Estados Unidos capturó a Maduro, algo que el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso descalificó como “noticias falsas”.
Rodríguez no respondió mientras que voceros del gobierno insistieron en que la vicepresidenta permanece en Venezuela y ejerce sus funciones.
Hasta su aparición televisiva, la ausencia física de Rodríguez había alimentado dudas y malestar en una ciudad golpeada por explosiones, operativos militares y desinformación. En la madrugada del sábado, la vicepresidenta solo había intervenido por teléfono en la TV estatal, donde confirmó la “desaparición” de Maduro y exigió “pruebas de vida”, pero sin mostrarse en cámara.
Esa distancia contrastaba con versiones difundidas por Donald Trump, quien la presentó como pieza clave de su esquema de transición para Venezuela.
La calle y las redes en Venezuela piden “que dé la cara”
En las calles de Caracas, la demanda era más directa: que la máxima figura del chavismo en territorio venezolano asumiera un rol visible en medio del vacío de poder.“
¿Dónde está? No tenemos ni idea”, se preguntó Roberto Márquez mientras hacía compras en un supermercado de la capital. “Si es nuestra vicepresidenta, que se presenta”, añadió, sintetizando el clima de incredulidad ante una conducción política que, por momentos, parece tan oculta como el propio paradero de Maduro.
El desconcierto se mezclaba con el cansancio y el escepticismo de una población que lleva años de crisis económica y sanciones. Muchos caraqueños temen que Rodríguez signifique una continuidad casi automática del modelo socialista revolucionario, incluso en un escenario de tutela o presión directa de Estados Unidos. Sin embargo, la velocidad con la que se desmoronó el poder de Maduro descubrió a propios y extraños, y dejó al descubierto una transición que todavía carece de una relación clara hacia adentro del país.
En los barrios y comercios se escuchan lecturas más crudas de lo ocurrido. Arturo Sosa, un jubilado que compraba pan en una panadería local, resumió así la percepción de que la operación tuvo un objetivo preciso: “Estados Unidos ya tiene lo que quería con Maduro fuera del escenario. Ahora… ”.
Su frase, interrumpida pero elocuente, refleja una sensación compartida: Washington habría cumplido su meta principal, mientras Venezuela queda atrapada entre el reclamo de soberanía de Rodríguez, las expectativas de la Casa Blanca y la exigencia ciudadana de que la dirigencia local finalmente “dé la cara” y define un rumbo político claro.
Quién es Delcy Rodríguez
Alfíl del chavismo y de Nicolás Maduro, nacida en Caracas el 18 de mayo de 1969, Delcy Eloína Rodríguez Gómez es abogada graduada en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1993. Fue dirigente estudiantil y luego se especializó en derecho laboral en París, Francia.
Ejerció como docente universitaria y presidió la Asociación Venezolana de Abogados Laboristas, lo que fortaleció su perfil técnico antes de asumir responsabilidades políticas de alto nivel.
Proviene de una familia con fuerte impronta política. Es hija del fundador de la Liga Socialista, Jorge Antonio Rodríguez, y hermana de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. Esa herencia ideológica marcó su estilo combativo y su cercanía con el chavismo desde los inicios de su carrera en el Estado, que comenzó en 2003 y la llevó a ocupar puestos estratégicos en la Vicepresidencia, la Cancillería y el Ministerio del Despacho de la Presidencia durante el gobierno de Hugo Chávez.
Entre 2014 y 2017 se convirtió en la primera mujer en dirigir la Cancillería venezolana, desde donde ejerció la defensa internacional del chavismo en foros como la OEA y el Mercosur, protagonizando enfrentamientos diplomáticos con líderes regionales y organismos multilaterales. Posteriormente presidió la Asamblea Nacional Constituyente, órgano clave en la reconfiguración institucional que consolidó el poder del Ejecutivo tras la crisis de 2017.
Desde su designación como vicepresidenta ejecutiva en 2018, Rodríguez amplió su influencia al controlar áreas sensibles del aparato estatal, incluidas la inteligencia, la economía y el petróleo. También ocupa la dirección del Banco Central y el Ministerio de Finanzas, y en 2024 consolidó el Ministerio del Petróleo. A pesar de su poder interno, enfrenta sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países, además de controversias internacionales como el “Delcygate” en España.