Nada que objetar
El funcionario de la SNAI solo dijo: “nada que objetar”, y los otros dos apenas alcanzaron a bostezar, y los demás, los que no estaban allí pero sabían lo que sucedía, reaccionaron dos días después, cuando el condenado ya se encontraba fuera de su alcance, feliz por haber conseguido su impunidad cuando menos lo esperábamos todos (incluso él, seguramente).