En una nueva edición de Forbes Talks, Nestlé Ecuador abrió la trastienda de Plan Cacao, su programa insignia para transformar el campo ecuatoriano a través del cultivo de cacao. En la conversación, Christian Saavedra, gerente del negocio de Cacao, y Daniel Martínez, vicepresidente de Supply Chain , repasaron cifras, aprendizajes y desafíos de una iniciativa que ya acompaña a más de 7.500 agricultores y sus familias en 11 provincias del país.
Cuando arrancó, hace 15 años, Plan Cacao reunía a menos de un centenar de productores. Hoy, el programa trabaja con miles de cacaoteros que han logrado mejorar sus rendimientos y sus ingresos gracias a asistencia técnica, acceso a insumos más eficientes y rutas claras de comercialización, explica Saavedra.
Mientras el promedio nacional bordea las 0,8 toneladas por hectárea, los agricultores que forman parte del programa alcanzan 1,3 toneladas de cacao seco por hectárea año, prácticamente un 60% de rendimiento en la misma superficie. Ese salto de productividad impacta directamente la economía familiar, porque lograr más producción por hectárea significa más ingresos sin necesidad de expandir la frontera agrícola.
Este avance se traduce también en competitividad internacional. Daniel Martínez recuerda que Ecuador es hoy el tercer exportador mundial de cacao y que, con mayor productividad y sostenibilidad, el país podría escalar posiciones en el ranking global en los próximos años.
Otro dato: Nestlé Ecuador abastece alrededor del 9 % de las necesidades globales de cacao del grupo Nestlé, según explica Martínez.
Tres pilares que transforman fincas y familias
Saavedra resume Plan Cacao en tres pilares: mejores fincas, mejores vidas y mejor cacao.
En el primer pilar, mejores fincas, técnicos especializados visitan las parcelas, capacitan a los agricultores y los acompañan en decisiones clave sobre manejo de poda y fertilización; control de malezas y prácticas de injerto; uso de fertilizantes con baja huella de CO₂; y manejo de plagas y enfermedades. “El objetivo es que el agricultor tenga criterio técnico propio para invertir mejor en su cultivo y medir el retorno de cada decisión”, explica el gerente de negocio de Cacao.
El segundo, mejores vidas, se enfoca en las familias: esposas, hijos e hijas de los agricultores. Incluye acciones de educación financiera, plan de sucesión, bienestar y fortalecimiento del liderazgo en la comunidad rural. Un indicador que Nestlé monitorea de cerca es el rol de la mujer. “Alrededor del 26 % de las fincas del programa ya cuentan con líderes mujeres, lo que para nosotros es una señal clara de cambio generacional y de gestión en el campo”, añade Saavedra.
En el tercer pilar, mejor cacao, entran en escena las certificaciones y la trazabilidad. El programa trabaja con estándares como Rainforest Alliance y verificaciones internas vinculadas al Plan Cacao de Nestlé, para asegurar un cacao libre de deforestación, 100 % trazable y producido con prácticas sostenibles verificables. Esto incluye una herramienta digital que permite seguir al cacao desde la finca hasta la compra, algo cada vez más exigido por los mercados internacionales.
Más allá de la sostenibilidad tradicional, Nestlé impulsa un concepto que gana terreno en la agenda global, a través de la agricultura regenerativa. No se trata solo de producir sin degradar, sino de mejorar la salud del suelo y del entorno a través de prácticas que incrementan la biodiversidad en las fincas; proyectos de siembra de árboles maderables y frutales, con una meta de un millón de árboles; e iniciativas para cuidar los recursos hídricos y optimizar el uso del agua.
“Cuando el agricultor ve que estas prácticas se traducen en mejoras reales en su finca con más productividad, suelos más vivos, acceso a premios por sostenibilidad, la adopción se acelera”, explica Martínez. Además del precio base, Nestlé entrega premios económicos vinculados al cumplimiento de estándares, lo que refuerza el compromiso de largo plazo.
Uno de los datos que más preocupa al equipo es que apenas 4 % de los participantes del programa son jóvenes. La migración hacia las ciudades y la percepción de que el campo no ofrece futuro son amenazas claras para la continuidad de la cadena.
Para enfrentar ese reto, Martínez señala que Nestlé lanzó, junto con la academia, programas como Herederos en el Campo, que combinan formación en manejo técnico del cacao, emprendimiento, marketing, herramientas digitales y educación financiera. En la primera cohorte, 50 hijos de agricultores se graduaron tras varios meses de capacitación, con más de 100 horas de formación estructurada y la meta es llegar a 300 jóvenes graduados, hasta 2030 . En paralelo, la escuela de agroemprendimiento ha formado cerca de 2.900 personas desde 2017 y la meta es seguir graduando a más agricultores en los siguientes años.
Nestlé se ha puesto metas concretas. Entre 2026 y 2030, la compañía busca incorporar al menos 5.000 nuevos agricultores al programa y mantener un ritmo de crecimiento de 5.000 toneladas adicionales de cacao al año, siempre ligado a productividad y sostenibilidad.
Adicionalmente, explica Martínez, la empresa quiere profundizar su presencia en Estados Unidos, Europa y Asia, mercados que exigen trazabilidad, calidad y certificaciones ambientales.
Para las familias cacaoteras, el mensaje es claro: el principal patrimonio es la tierra. En un contexto de precios internacionales favorables y demanda creciente de cacao sostenible, aliarse con programas de largo plazo como Plan Cacao puede marcar la diferencia entre sobrevivir o realmente “comerse el mundo”, como dijo una de las jóvenes participantes desde su comunidad rural.
En palabras de los ejecutivos, el compromiso no es de corto plazo. Se trata de construir, año tras año, una cadena de cacao más productiva, más justa y más regenerativa, donde cada grano que sale de Ecuador lleva detrás, la historia de una familia que decidió quedarse en el campo y convertirlo en su mejor oportunidad. (P) @@FIGURE@@