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Finalmente volvemos a las culpas compartidas, y con ellas al mayor problema que ha enfrentado el gobierno durante este primer año, la inseguridad, nuestra pesadilla diaria, el principal dolor de cabeza y la preocupación primordial de todos los que habitamos este país.

25 Mayo de 2022 14.36

Hace un año, tras la posesión de Guillermo Lasso como presidente de la República del Ecuador, la sensación mayoritaria de la gente era de esperanza. Se anunciaba y se sentía en el ambiente la llegada de una nueva era con un gobierno serio, un gobierno de férreas convicciones democráticas que asumía la complejísima tarea de reconstruir un país que, tras la infausta década del correísmo, había quedado en ruinas tanto en lo económico como en lo moral e institucional.

El gobierno de Lenin Moreno, que de forma sorpresiva se convirtió en un período de transición política y de desmontaje de la maraña hiperpresidencialista y dictatorial de su predecesor, concluyó con una aceptación popular extremadamente baja, con una pandemia que lo desbordó y con serios problemas fiscales. El panorama electoral de entonces, por razones obvias, era negro. Sin embargo, Guillermo Lasso se impuso ante un pésimo candidato correísta y se posesionó en mayo de 2021 anunciando la inauguración de un gobierno del encuentro.

A pesar de que aquel título resultaba tan alentador como el inicio de su mandato, lo cierto es que las fuerzas opositoras, pescadores a río revuelto de vieja data, se lo pusieron difícil desde el principio. También es verdad que entre el encuentro y los múltiples desencuentros de este primer año hay culpas compartidas, algunas teñidas con el tufo hediondo de ciertos pactos que se habrían realizado con el correísmo, otras, en cambio, en las que primaron las posiciones y convicciones personales y religiosas del presidente y su entorno, algo que se le achacó continuamente en campaña y que él intentó modular antes de la segunda vuelta, pero, como ya sabemos, una cosa es hacer campaña y otra muy distinta es gobernar.

Tras el éxito indiscutible de la vacunación, quizás los aspectos macroeconómicos han sido el punto alto de este primer año de gobierno, situándose al mismo nivel del buen manejo de las relaciones exteriores, de la atracción de inversiones en áreas estratégicas y del enorme esfuerzo por ampliar y fortalecer los acuerdos comerciales internacionales. 

En lo fiscal, dice el presidente que está poniendo la casa en orden. Por el bien del país así lo esperamos los ciudadanos, salvo, por supuesto, los que le desean todos los males del infierno pues necesitan volver al poder por las buenas o por las malas para reforzar y garantizar su impunidad, hacer algo más de caja con sus reconocidos actos de corrupción y ejecutar su venganza con la sevicia, arbitrariedad y el cinismo que nos mostraron en el pasado. 

En este primer año, el gobierno reprueba en tres aspectos fundamentales: comunicación oficial, atención a las necesidades básicas de la población y seguridad. 

En el mensaje a la nación el presidente dijo que su gobierno actuaba en silencio. La verdad es que ante los bandazos y palos de ciego que ha dado en esta materia quizás habría sido mejor no decir nada, pero como lo que no se comunica no existe, en el futuro deberá hacer de su comunicación una herramienta confiable, concisa y certera.

Sobre las necesidades básicas de la población, especialmente la más deprimida del país, hay una deuda pendiente, y es que no bastan los bonos y las dádivas, ni tampoco es suficiente con ajustar y mostrar en cuadros coloridos las grandes cifras de la economía. La gente necesita que miren sus carencias individuales, que sean cubiertos sus servicios básicos, su agua, su alcantarillado y su salud, y esas grandes cifras, esas obras, se conviertan en empleo, en oportunidades, en alimentación diaria; necesita tener a su alcance, sin costo y sin demora, medicinas en los hospitales y centros de atención del seguro social; necesita que en las dependencias públicas se atienda con agilidad, amabilidad y eficiencia, sin pérdida de tiempo ni humillaciones ni exigencias burocráticas del siglo pasado. La gente y el país necesitan educación y cultura de calidad: escuelas, colegios, universidades, bibliotecas, teatros, literatura, música, danza, artes plásticas… Solo así se evitará volver al caudillismo, a los gobiernos sátrapas, a las dictaduras solapadas, a los vendedores de humo y multiplicadores de miseria; solo así empezaremos a creer que algún día será posible derrotar a la corrupción galopante que nos azota. 

Finalmente volvemos a las culpas compartidas, y con ellas al mayor problema que ha enfrentado el gobierno durante este primer año, la inseguridad, nuestra pesadilla diaria, el principal dolor de cabeza y la preocupación primordial de todos los que habitamos este país. 

Y es que los niveles actuales de violencia no se han visto nunca en el Ecuador, y aunque se sabe y se comprende parcialmente que este ambiente de conmoción ha sido creado para desestabilizar la democracia, para venderse como salvadores de un problema creado por ellos para su propia supervivencia, por los que ahora pretenden volver a saquearnos y atemorizarnos con sus compinches, por los que pactaron y se aliaron con las mafias, por los que son cómplices, encubridores y alentadores de esta violencia; a pesar de todo eso, a pesar de ellos, hoy toda la responsabilidad, la decisión y las soluciones son suyas, señor presidente. (O)

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