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La vida es un balance y así es el deporte, a veces ganamos a veces perdemos. Esa lección es importante ya que nada es constante, todo es cambiante en nuestro día a día. Pero el poder desconectarnos por un momento y dedicarnos a jugar tenis, por ejemplo, es un antidepresivo inigualable. Es poder desconectar para volverse a conectar.

27 Mayo de 2022 14.15

Si pudiera elegir a un profesor, escogería al deporte. Si bien no fui deportista de alto rendimiento, las enseñanzas y las experiencias que me ha dado en un ámbito más informal y como un hobbie han sido extraordinarias. 

Considero que las cualidades más importantes son la honestidad, la disciplina y la confianza en uno mismo. Esto indudablemente es lo que aprendí con el deporte. 

Para disfrutar del deporte debemos ser constantes y la constancia es un reflejo de la disciplina. El tener horarios para entrenar, el saber dosificar nuestras actividades sociales y el cumplir con nuestras responsabilidades por más que no tengamos ánimo son ejemplos de lo que se puede aprender al practicar algún deporte de manera constante.  Esta disciplina de una extraña manera la vamos replicando en cada una de nuestras actividades. Nos volvemos personas más organizadas, más responsables y más dinámicas. 

Además, logramos encontrar esa confianza y valoración en uno mismo. Al terminar una carrera, un entrenamiento o un partido tenemos seguridad en nosotros mismos. Nos inyectamos la confianza para alcanzar nuestros objetivos y al igual que la disciplina, ésta autoconfianza la logramos aplicar en nuestras otras facetas. 

Como ecuatorianos muchas veces nos falta valorarnos. Tenemos muchas capacidades pero si no tenemos el coraje de explotarlas, lamentablemente nos quedamos como seres comunes y no como seres que dejan huellas. Necesitamos personas que logren liderar con su ejemplo. Si conseguimos transformarnos en líderes con principios y con una visión de comunidad podremos soñar con una sociedad más justa. Y es que el deporte también nos brinda ese espíritu de equipo. 

La mayoría de deportes se juegan en equipo y nos brindan la oportunidad de conocer personas, de convivir otras realidades y otras formas de ver las cosas. Con la excusa del deporte podemos conocer nuevos lugares, divertirnos después de un entrenamiento, de una carrera etc. De hecho, en mi familia una simple caminata en el parque La Carolina nos lleva a vernos con la familia el fin de semana y compartir un desayuno. Así, pueden haber múltiples ejemplos de cómo alrededor del deporte surgen planes familiares o con amigos. He conocido gente increíble que comparte no solo esta pasión sino también principios y sueños y que ahora son grandes amigas. 

La vida es un balance y así es el deporte, a veces ganamos a veces perdemos. Esa lección es importante ya que nada es constante, todo es cambiante en nuestro día a día. Pero el poder desconectarnos por un momento y dedicarnos a jugar tenis, por ejemplo, es un antidepresivo inigualable. Es poder desconectar para volverse a conectar. 

Considero que si más padres inculcan en sus hijos la rutina de un deporte podremos tener personas más aptas para afrontar los problemas que hay en la vida y que quizás así se pueda contrarrestar la famosa sociedad de cristal que estamos viviendo. 

En mi caso, el deporte llegó gracias al ejemplo de mis padres, más de mi papá que siempre práctico alguno de ellos y que gracias a ellos aprendí la puntualidad y disciplina con su ejemplo. El compartir una pasión como el fútbol en un mundial, el ciclismo ahora con un referente como Carapaz han sido momentos importantes en mi desarrollo. El tener a mi familia desde mi abuelito hasta mis primos alentándome en una carrera me ha ayudado a fortalecer mi autoestima y no darme por vencida en el camino hacia mis sueños. De mi mamá aprendí la tenacidad de que a pesar de no siempre estar aptos, con práctica y determinación podemos llegar a la meta. (O)

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