La incursión de la tecnología a través de la inteligencia artificial (IA) y la robótica no solo está produciendo cambios de forma y de fondo en los procesos productivos de la actividad privada sino también está presionando a que la política económica se adecúe a esta nueva realidad. Se están generando impactos que puede producir en la economía en general y en las propias finanzas públicas de los países. Sin embargo, este acomodamiento es aun diverso y distinto para los países sin que exista una uniformidad de criterios que tienen que ir introduciéndose. Las principales modificaciones en la gestión económica de los gobiernos se concentran en impuestos, empleo, inversión pública, educación, asuntos regulatorios y en lo que se pueden denominar como políticas industriales.
Se ha tornado mucho más emergente la capacitación laboral, la educación digital y lo que puede definirse como reconversión profesional. El ámbito laboral no puede dejar de considerar que la normativa debe ir mucho más lejos que considerar la sustitución de trabajadores y tomar en consideración las ganancias de capital. Si el número de trabajadores se reduce por la aplicación más intensa en IA y la robótica, los aportes impositivos pueden reducirse por la disminución de la mano de obra empleada, con lo que las finanzas públicas pueden debilitarse y, por lo tanto, puede mermar el volumen de recursos del fisco para atender sus múltiples necesidades. Esto a su vez puede ir de la mano de una mayor y mejor política de protección social, una mayor atención a los seguros de desempleo y la gestión para las transiciones laborales. Estos shocks en las políticas públicas deberán sustentarse en un cambio en la educación hacia una mejora en las habilidades digitales, el uso más eficiente de la IA y un proceso permanente de aprendizaje a la nueva tecnología. Para que todo esto funcione de manera adecuada, serán necesarios incentivos para el desarrollo de semiconductores, centros de datos, la propia robótica y la IA. La operación de estas políticas deberá descansar en políticas regulatorias en materia de IA, sistemas de competencia, temas de transparencia y de responsabilidad. Así mismo, la productividad empresarial deberá incorporar a la IA como una fuente significativa de crecimiento económico.
Estos elementos están siendo aplicados en distintos países de forma diversa en intensidad e importancia, pues obviamente las realidades económicas son diversas entre regiones y naciones así somo es diferente el grado de desarrollo relativo de cada país.
En los últimos años se ha venido tratando el tema de crear una suerte de impuesto a los robots en el sentido de "suplir" los impuestos que se habrían producido por los trabajadores que fueron reemplazados por robots pero es un tema que puede producir un desestimulo a la inversión y a la innovación con lo cual el impacto neto en la economía podría ser perjudicial. Sin embargo, al mismo tiempo el impacto de un menor número de trabajadores también afectaría a las contribuciones a la seguridad social con lo cual el efecto en la sostenibilidad de las pensiones de los sistemas de seguridad social en los países podría ser un problema mucho más significativo. Por ésta y otras razones, no existe aún un consenso sobre la forma de una política pública eficiente en esta materia.
La función del estado en esta coyuntura de la tecnología está alterando las relaciones tradicionales entre variables macroeconómicas como los temas de inflación, empleo, crecimiento, impuestos, gasto público y comercio, a lo que ahora podría ser la IA y la robótica en la productividad, el empleo, la distribución del ingreso, la recaudación tributaria, la desigualdad y equidad del patrimonio y la adaptación de los trabajadores a esta nueva realidad.
Las economías más desarrolladas están más expuestas a la IA mientras que los países menos desarrollados tienen menor capacidad de entrada por las propias deficiencias en infraestructura digital, menor cobertura de protección social y una menor capacidad de convertir trabajadores. El año 2025 ya muestra un aporte de la IA en la economía estadounidense de 0.5% de aporte a la tasa de crecimiento económico aunque todavía no se ha medido la aceleración solo en el concepto de la productividad.
Para el caso ecuatoriano habiéndose presentado en marzo del 2026 la Estrategia para el Fomento del Desarrollo y Uso Etico de la IA siguen pendientes preguntas como la de definir qué sectores podrían verse estimulados con la IA y robótica y cómo esto se puede traducir en mayores ingresos y más exportaciones y empleos de calidad.
El tener una política económica sostenible en el tiempo, el acumular ahorros fiscales, en aplicar las reformas estructurales que aún siguen pendientes, no son acciones independientes o excluyentes de la aplicación eficiente de la IA y de la robótica, son políticas complementarias. Es más, el impuesto a la productividad que genere la nueva tecnología podría ser mucho más eficiente si la política económica es la que considera el largo plazo y no solo la coyuntura. Y, todo ello no podrá funcionar si la democracia es débil, si la institucionalidad flaquea y si las libertades se ven reprimidas. (O)