Menos pantallas, más palabras y conexión
La pantalla no reemplaza el contacto humano. Y desatender el desempeño de nuestros hijos en la escuela, sea por el trabajo o por algo más, es un descuido de una responsabilidad fundamental: acompañarlos.

En una entrevista con El País, publicada el 12 de septiembre de 2026, Tue Halgreen, analista jefe de PISA, indicó tres factores que pueden ayudar a explicar los resultados que estremecieron al mundo entero: la disminución de la lectura fuera de la escuela y el mayor tiempo frente a las pantallas, el menor acompañamiento de los padres y la escasez de docentes, especialmente en los centros más desfavorecidos.

En palabras de Halgreen: "Pasamos más tiempo delante de pantallas, y mantenemos las competencias necesarias para leer textos cortos. Pero sentarse con un periódico o un libro exigen una habilidad distinta que debe ser entrenada". Entonces, ¿a mayor uso de teléfonos móviles, mayor declive de las competencias que permiten leer fuera de las pantallas? Halgreen señala que existe una relación, aunque aclara que se trata de una correlación.

Si bien PISA mide la competencia lectora en estudiantes de 15 años, es claro que este resultado puede dar indicios de un declive o de brechas que aparecen mucho antes. Yo diría que desde el inicio mismo del aprendizaje de la lectura y, si me pongo más extrema, desde que reemplazamos las palabras por las pantallas.

No van a negar que es común que los bebés —sí, los más pequeños— estén comiendo con el celular frente a ellos; que, mientras están en su silla, tengan una pantalla; que, mientras van al centro comercial en su coche, tengan otra; y que, mientras están —o realmente dejan de estar—, siempre les acompañe una pantalla. Sustituimos las palabras, las canciones, los cuentos, las rimas, las risas, y hasta la misma frustración y la riqueza que nos da que otro ser humano se comunique con ellos por pantallas. No es un asunto menor, porque una pantalla no va a generar esa transmisión cultural y, con ella, el lenguaje: esta capacidad se desarrolla en contacto con otros seres humanos.

Y bueno, viene el punto dos, con el que yo reniego porque siento que no soy capaz de sentarme horas a enseñar a mi hijo a dividir con un método que él llama "la casita", cuando yo aprendí con el dividendo y el divisor, y porque siento que esto debe reforzarse en la escuela. Pero Halgreen, afortunadamente, no me está diciendo eso. Lo que señala es que los padres debemos mostrar interés por lo que les pasa a nuestros hijos en la escuela, y que esto empieza por preguntar y mostrarnos curiosos sobre qué hacen y cómo les va. A ese interés podemos sumar rutinas que les ayuden en casa a realizar sus tareas o a tener sus materiales listos para la escuela. Y este acompañamiento, nos dice, está disminuyendo. Es decir, mientras algunos padres están en otra cosa, seguramente sus hijos están frente a las pantallas: pésima combinación.

Me centro en estas dos razones que expresó el analista jefe de PISA para darnos claridad sobre lo que está sucediendo.

El tema es que esto no llega a todos. A veces siento que los únicos que damos énfasis o nos escandalizamos con estos factores que señala Halgreen somos educadores o… educadores. Pero debería llegar a la conciencia de todos, porque un niño que pasa horas y horas frente a una pantalla es un niño que deja de enriquecerse con el lenguaje humano, se frustra con los textos largos y no les da la importancia que merecen. Y claro, si solo enchufamos a nuestros hijos a dispositivos desde muy pequeños, estamos generando un caldo de cultivo para las dificultades lectoras que después nos alarman.

Hablemos en serio: la pantalla no reemplaza el contacto humano. Y desatender el desempeño de nuestros hijos en la escuela, sea por el trabajo o por algo más, es un descuido de una responsabilidad fundamental: acompañarlos.

Ahora, antes de conectarle un dispositivo a tu bebé, sin motivo o porque llora, piensa en el adulto que esperas que sea: un lector o alguien que solo busca respuestas rápidas y evita los textos que le exigen pensar. (O)