Así como las mascotas nos brindan compañía, también demandan compromiso, tiempo y una formación adecuada. No se trata solo de tenerlas, sino de aprender a convivir con ellas: establecer rutinas, enseñar límites y procurar su bienestar.
Aprenden pensando, practicando, equivocándose, volviendo a intentar. Pero, sobre todo, aprenden cuando alguien les enseña, les guía y les da las herramientas para hacerlo. Y ese proceso -al menos en sus bases- debería ocurrir en la escuela.
La inteligencia artificial puede potenciar a los docentes, pero no olvidemos algo fundamental: la IA no reemplaza a la educación; lo que sí hace es poner a prueba qué tan bien estamos educando.
Queremos que nuestros hijos crezcan en entornos seguros y de paz, volver al país donde caminar por la calle era seguro y donde se pueda ser libre sin temer por perder la vida.
El 53 % de los adolescentes señala que hablar con un chatbot de IA los hace sentir felices; el 50 % lo percibe como hablar con un amigo; y el 26 % afirma que lo utiliza porque no tiene a nadie más con quien hablar, especialmente en contextos de vulnerabilidad.
Hoy los niños comen con una pantalla al frente, sean inquietos o no. Se la ponen “por si acaso se inquietan”. Seguro ustedes también lo han visto. Y si están esperando una consulta médica junto a sus padres, la forma más rápida de distraerlos es entregarles un dispositivo electrónico.
El país se ha roto. Seguimos de luto porque cuatro vidas se perdieron, y con ellas todos sus sueños y aspiraciones. Sus familias sobreviven como pueden: cargan la cruz solas, levantándose cada día para seguir, ancladas a los recuerdos de quienes tanto amaron.
Considero necesario evaluar qué tipo de comunicación manejamos con nuestras hijas, nuestras estudiantes, con las niñas y mujeres que deberían tener las mismas oportunidades de aprendizaje y crecimiento que todos. Este tipo de barreras no solo afecta un desarrollo equitativo, sino que limita sueños y aspiraciones, y abre puertas al abuso que a veces se expresa en palabras, y otras en violencia física o sexual.
Los líderes educativos son quienes generan confianza, cohesión y compromiso. Es necesario formarlos y apoyarlos también. Algunas conclusiones resuenan, y ojalá se conviertan en acciones y cambios concretos.
La evidencia demuestra que la gratuidad no solo favorece el acceso a las universidades, sino que también brinda oportunidades de crecimiento, desarrollo y proyecto de vida.
Vuelvo a los niños y a su tristeza, abandonar un país, sus raíces, su cultura su lenguaje sus amigos y familia ya es bastante, y ahora han tenido que presenciar cómo sus padres son vulnerados y su madre tremendamente agredida.
Si tuviera acceso a más horas en la escuela, podría desarrollar otras habilidades además de aprender a desplazarse y protegerse en la ciudad. Podría aprender más y crecer mejor e incluso tener un mejor futuro.
Al no crecer adecuadamente y ver afectada su condición física, también quedan impedidos de aprender y de imaginarse como superhéroes, pilotos o cualquier otra aspiración propia de la infancia. La deuda con la niñez ecuatoriana es enorme y no admite más postergaciones.
Los docentes se enfrentan a retos constantes y a momentos de cansancio, porque no podemos negar que trabajar con personas implica responsabilidad: de ti dependen muchas cosas y debes tener virtudes como la comunicación asertiva con tus estudiantes y sus familias, la capacidad de resolver conflictos, el autocuidado, la conciliación entre familia y trabajo
Mi reflexión como docente también va por el hecho de que la planificación de una clase o de un taller debe ser pensada, diseñada de tal manera que sea el alumno el que haga y piense. Pero quienes debemos poner los medios para que esto suceda, somos los maestros o capacitadores.