Mi reflexión como docente también va por el hecho de que la planificación de una clase o de un taller debe ser pensada, diseñada de tal manera que sea el alumno el que haga y piense. Pero quienes debemos poner los medios para que esto suceda, somos los maestros o capacitadores.
La empatía y la compasión se ven opacadas por actos así, que son vistos por quienes los cometen como algo que "no está mal". Creo que desde niños nos enseñan a diferenciar lo que es correcto de lo que no lo es.
Nos estamos convirtiendo en una jungla. Una en la que impera el ojo por ojo, diente por diente. Pero si no paramos, si no enseñamos a mirar al otro como un igual, ninguna sociedad va a salir adelante.
En un mundo donde muchas veces predomina la indiferencia, mantener el saludo es un acto que nos recuerda que la humanidad se sostiene en esos pequeños gestos que nos conectan.
No golpes, pero sí distancia.
No palabras toscas, pero sí firmes.
Le enseñé que incluso extender su brazo frente a un agresor puede marcar un límite claro y respetuoso.
Seguimos decidiendo en función de quién propone las leyes, no de su contenido. El apoyo se reparte según banderas políticas, no según la pertinencia o la urgencia de las propuestas. Y mientras este juego de poder continúa, la niñez y la adolescencia pagan el precio: siguen desprotegidos, postergados, sin un proyecto de vida garantizado.
Es urgente repensar las metodologías, la formación docente y las rutas pedagógicas para asegurar que todos los estudiantes, sin importar el nivel en el que se encuentren, tengan oportunidades reales de desarrollar su potencial.
Siento que tenemos una deuda inmensa con nuestra infancia y adolescencia. Muchos jóvenes no alcanzan a ver más allá del presente, y ese presente puede convertirse en una trampa si no cuentan con oportunidades ni redes de apoyo.
Desde la experiencia de la crianza, muchos padres podemos estar pasando por alto comportamientos que, aunque silenciosos, son verdaderos pedidos de ayuda. Conductas que claman atención, aunque no lo hagan con palabras.
La educación debe fomentar el pensamiento crítico, el discernimiento y la capacidad de enfrentarse al mundo real. Solo así garantizamos que los niños sean capaces de resolver problemas y no solo memorizar teorías.
Como docentes, debemos ver a la IA como una aliada y no como una enemiga, pero también tenemos el reto de diseñar procesos de evaluación en los que funcione como un recurso de apoyo y mediación, y no solo como una vía para el facilismo académico.
Ecuador debería ser un país de oportunidades, donde el talento permanezca y se potencie, donde no se rompan vínculos familiares y afectivos. No solo es importante mitigar el dolor y las consecuencias que esto trae, es necesario abordar las causas estructurales que obligan a los ecuatorianos a migrar.
Ojalá que alguno de los candidatos proponga un plan más integral y menos populista, que mejore las condiciones educativas, recreativas y las oportunidades de vida para los tantos jóvenes que, lejos de nuestras realidades, escuchan balaceras, ven a sus vecinos ser acribillados o, peor aún, enfrentan amenazas directamente.
La vida de estos cuatro niños, además, estaba en proceso de desarrollo, en un entorno vulnerable y desventajado. Su desaparición y muerte no solo es injusta, sino que también subraya nuestra falta de empatía y humanidad.
Que esta Navidad no sea solo una más, marcada por la entrega de regalos. Démosle un sentido más profundo colaborando con los demás, compartiendo lo que tenemos y lo que somos. Porque al dar, recibimos bienes que no se ven, pero que enriquecen el alma: amor, gratitud y paz interior
Todos deberíamos estar "donde el sol brille" porque seguro será donde mejor aporte brindemos a la sociedad y donde podamos ser más humanos y sobre todo encontraremos la felicidad que trasciende lo material.
Necesitamos empezar a actuar. Ya contamos con una parte esencial, los datos; ahora debemos enfocarnos en la segunda parte, saber qué hacer con ellos y cómo transformar estas cifras en acciones concretas.