En 2016, dos estudiantes de ingeniería del ITBA persiguieron a Marcos Galperin, creador de Mercado Libre, hasta su auto para hacerle preguntas. “Vino a dar una charla a la facultad y fuimos los únicos dos que queríamos seguir charlando con él todo lo posible”, recuerdan ambos, entre risas, una década más tarde.
Nicolás Benenzon y Gerónimo Maspero son los fundadores de Humand, una startup que acaba de levantar US$ 66 millones en su Serie A, una cifra récord para el HRtech regional. “Es un logro que nos vino a marcar como compañía. Sabemos que es un sueño poder llegar a hacer una Serie A”, cuentan. Y agregan: “Al día siguiente nos encontramos con más ganas de ejecutar y con mucho foco en qué se viene próximo para nosotros. Aumentó mucho el compromiso: si antes estábamos comprometidos, ahora estamos diez veces más comprometidos”.

Pero esa ronda no solo tiene las cifras como foco de atención. Al número se suma un detalle más que marca la historia de la compañía. Diez años después de ese encuentro en la facultad de ingeniería, el propio Galperín decidió participar de la ronda para ser inversor de la compañía. “Hablamos hace poco con él y nos dijo que se acordaba de cuando lo perseguimos”, cuentan Benenzon y Maspero. “Para nosotros, Marcos es indiscutiblemente el mejor emprendedor de América Latina. Crecimos con él como referente, como alguien que puso la vara alta y nos hizo pensar que podían existir muchas empresas como Mercado Libre”.
Del problema invisible a la oportunidad masiva
La génesis de Humand surge de una conversación concreta. “Mi tío, que era director de Recursos Humanos de McDonald’s Latinoamérica, nos contaba cómo un empleado tenía que pedir vacaciones de forma verbal al gerente, el gerente lo escalaba y podían tardar dos semanas en recibir respuesta. Para comunicarse con los empleados tenían que pegar carteles en la pared o hacerlo en cascada”, explica Benenzon.
Ese diagnóstico reveló una ineficiencia estructural en la que millones de trabajadores en retail, logística o manufactura operan sin email corporativo ni sistemas centralizados, dependiendo de carteles físicos o cadenas informales de comunicación. La intuición fue inmediata: si todos tienen un smartphone, ¿por qué la relación con la empresa sigue siendo analógica.

Así nació Humand en 2020, como una aplicación que centraliza comunicación interna, gestión de talento, onboarding, capacitación y procesos administrativos en un solo entorno mobile-first.
Dos fundadores, una obsesión
A diferencia de muchos emprendedores que pasan por grandes corporaciones antes de fundar, Benenzon y Maspero nunca trabajaron en una empresa tradicional. “Siempre pensamos que si fuésemos a trabajar en una compañía, tendría que ser una como Humand”, sintetiza Maspero.
Tanto él como Benenzon programan desde chicos. Maspero empezó a los 15 años y llegó a desarrollar videojuegos con millones de descargas. Benenzon, incluso antes: a los ocho años ya creaba productos digitales y vendía sus primeras cuentas premium. Esa lógica (crear, lanzar, escalar) es la que trasladaron al negocio. No partieron de la teoría de recursos humanos, sino de la construcción de producto.

Validación en el terreno: México como punto de inflexión
Tras validar su producto con algunos clientes iniciales en Argentina, entre los que se destaca el gigante del acero Acindar, los fundadores tomaron una decisión radical: mudarse a México. No solo dejaron la universidad sino también su entorno y hasta apostaron todo sus ahorros para crecer en un país que podía darles escala.
“Primero fuimos a Estados Unidos pero nos dimos cuenta rápido que iba a ser difícil por la competencia. Así que bajamos a México y nos instalamos en un monoambiente donde apenas entrábamos los dos”, recuerda Maspero. Y suma: “Trabajábamos 18 horas por día y no salíamos del departamento”.
El resultado fue inmediato. “En la segunda reunión con posibles clientes nos dijeron que querían implementar Humand y a los seis meses ya teníamos más de 30 clientes”, destacan. Ese crecimiento confirmó dos cosas: que el problema era transversal a industrias y geografías, y que el producto tenía capacidad de escalar. También implicó un nivel de exigencia extremo.

Rechazo, persistencia y el sello de Silicon Valley
Antes de ese crecimiento, el camino no fue lineal. Los fundadores de Humand aplicaron tres veces a Y Combinator y fueron rechazados en las dos primeras. Lejos de ser un punto final, funcionó como validación negativa que los obligó a mejorar. Cuando finalmente lograron entrar, lo hicieron con métricas contundentes, crecimiento acelerado, clientes reales y un modelo replicable.
Ese paso marcó el inicio del financiamiento institucional. Luego llegaron rondas iniciales por unos US$ 5 millones combinados, con participación de fundadores de compañías como Dropbox, Lyft y Rappi. Pero lo más relevante fue cómo crecieron: con relativamente poco capital y foco en ejecución.
De herramienta a infraestructura: el “sistema operativo” empresarial
El mayor cambio en Humand no es financiero, sino conceptual. La compañía evolucionó de ser una herramienta de comunicación interna a posicionarse como una capa central en la operación de las empresas. “Humand nace como un muro de comunicación interna, pero hoy estamos probando que es un sistema operativo para las empresas”, explican.

La ambición es clara: que toda interacción entre una organización y sus empleados pase por su plataforma. “Creemos que toda interacción entre una empresa y sus empleados tiene que pasar por Humand”, afirman. Este reposicionamiento los aleja del software de recursos humanos tradicional y los acerca a una categoría más amplia: infraestructura digital del trabajo.
Inteligencia artificial: del dato a la acción
La inteligencia artificial aparece como la nueva capa de evolución del producto, aplicada directamente a procesos concretos. “Estamos creando productos que hace seis meses no era posible crearlos…creemos que la inteligencia artificial viene a generar una disrupción tremenda en cómo la gente trabaja en las empresas”, explican.
El cambio es de fondo. “Antes los sistemas registraban las cosas. Hoy estos sistemas hacen que las cosas pasen automáticamente. Antes una empresa tardaba dos meses en hacer una capacitación, hoy le tirás el contenido y te la hace en media hora. Y también en gestión de talento. Antes que la persona renuncie, una inteligencia artificial le habla y puede ofrecerle soluciones en tiempo real. El impacto es gigante porque bajás drásticamente la rotación”. En esa lógica, los fundadores de Humand sintetizan el cambio: “Hoy no viene a reemplazar trabajadores, viene a reemplazar tareas”.
La ronda de US$ 66 millones y el salto de escala
Todo este recorrido desemboca en la Serie A de US$ 66 millones, liderada por Kaszek Ventures y Goodwater Capital, con participación de Marcos Galperin. Más allá del capital, la ronda funciona como validación del modelo. Para los fundadores, sin embargo, no representa una llegada, sino un punto de partida. Desde el anuncio, la compañía lanzó nuevos productos y profundizó su estrategia de expansión regional, con foco en Brasil como mercado clave.
El potencial es significativo. Según estimaciones de la compañía, existen más de 5 millones de empresas en el mundo con más de 50 empleados, además de un universo creciente de compañías más pequeñas que también demandan soluciones digitales. La pandemia aceleró la digitalización del trabajo, pero dejó un segmento rezagado: el de los trabajadores sin escritorio. Ahí es donde Humand construye su ventaja competitiva.