El lado B de una empresaria con propósito
Mariuxi Villacrés decidió marcar la diferencia y no ser una ejecutiva tradicional. Se especializa en emprendimiento social, impulsa el concepto de triple impacto, la certificación de empresas B y todo el movimiento de negocios con propósito. Se convirtió en la primera gerente de Sostenibilidad de la industria Novacero.

Mónica Mendoza Saltos Editora General

Mariuxi Villacrés tenía 20 años cuando viajó a Chile para terminar de estudiar en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera. Volvió a los 23 años y estaba en el camino para convertirse en una empresaria con propósito. A pesar de que estudió sola, entendió que las familias, la sociedad y las organizaciones son una suma de personas tratando de ponerse de acuerdo, aprendiendo a trabajar juntas, a construir en equipo y a encontrar soluciones comunes. La razón por la que eligió Chile fue porque su abuela y su madre son chilenas. Llegar a ese país la hizo sentir como en casa, incluso lloró en el avión de regreso a Ecuador por la nostalgia de dejarlo. El último año de la carrera conoció la Fundación Mercator, que tenía como objetivo formar a jóvenes emprendedores. Su propósito era democratizar la capacidad emprendedora. 

Creía y lo mantengo. La forma en que cambias el futuro de alguien y el futuro de un país es cuando democratizas o das acceso a las personas a las habilidades para poder crear soluciones para sí mismas y su entorno. Es la capacidad de emprender, que no tiene que ver solo con el instinto, sino con habilidades”, reflexiona Mariuxi en una entrevista con Forbes Ecuador. 

Era finales de los años noventa, cuando la educación tradicional se basaba en el conocimiento teórico. Recuerda que la fundación iba contracorriente, el aprendizaje es un proceso activo. “Yo tenía 23 años, nos entrenaban para luego capacitar a chicos de 15 a 17 años, en liderazgo, comunicación asertiva y trabajo en equipo”. Esa experiencia la marcó. Entonces, no se daba cuenta, pero comenzó a formar su filosofía de vida, a sembrar la semilla. “Fue clave para mí: un mix entre lo que aprendí en la Mónica Herrera, aprender haciendo, meterte a crear, tener prendida la creatividad, más lo que viví en Mercator, se fue puliendo con la experiencia y me sirvió en general para todo mi camino profesional”. 

En esa carrera, se especializó en emprendimiento social; es una consultora estratégica, mentora de pequeñas empresas a través del Círculo de Negocios con Impacto, que cofundó hace dos años con Andrea Rendón, comunicadora y ambientalista. Es una comunidad activa que reúne a más de 30 dueños de negocios en Guayaquil y zonas de influencia, enfocados en propósitos sociales, ambientales y bienestar. En 2015 se convirtió en la primera gerente de Sostenibilidad de Novacero, la empresa acerera líder del mercado, con un portafolio de 1.400 productos y materiales, y que cerró 2025 con una facturación de US$ 400 millones. 

Aunque dice “mi principal empresa es mi familia”. Cuando regresó a Ecuador, se reencontró con “un amigo de toda la vida”, que hoy es su esposo, llevan 25 años de casados y tienen tres hijos (dos varones mayores y su última hija). “El plan de retornar a Chile quedó atrás, no me dio el corazón para volverme a ir”. Mariuxi se define como apasionada. La conexión con la naturaleza es vital. Sus hobbies son leer, hacer yoga, caminar y disfrutar de la música. “La música y el arte elevan mi espíritu”. En 2002, sacó una ingeniería en Ciencias Empresariales, Marketing / Management en la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UESS) y tiene un Master of Social Entrepreneurship por la Hult International Business School. 

La crisis bancaria y el negocio de pinturas

Era finales de 1999 y Mariuxi Villacrés llegó con un título de Comunicación Social de Chile. Trajo el programa de Mercator al país durante un año y realizó capacitación en colegios de Guayaquil. Su intención era trabajar lejos de la empresa familiar, incluso estuvo a punto de entrar al área de recursos humanos de un banco, pero su destino cambió. Ecuador estaba sumido en la crisis bancaria que desembocó en la dolarización a inicios del año 2000. 

“Mis padres tenían negocios y la situación era caótica. Faltaban manos y entré a ayudar un tiempo, estuvimos a punto de quebrar”. Era un negocio de pinturas donde se quedó 10 años. Empezó en marketing, luego ventas, sistemas de gestión y finalmente asumió las riendas de la empresa en la gerencia general. “Teníamos la licencia de Sherwin-Williams en Ecuador. Cuando la multinacional llegó al país, compró Pinturas Cóndor y también adquirió nuestra empresa. Fue una salida oportuna”. Acompañó la transición un año y decidió abrirse, a pesar de que le hicieron una oferta laboral. Creyó que había cumplido su ciclo en el mundo de las pinturas, y quería explorar otros caminos. 

Ese fue un momento de inflexión en su vida profesional. Tenía la curiosidad de explorar “lo que había descubierto con mucha pasión: la capacidad emprendedora y el trabajo con jóvenes”. La Asociación Cristiana de Empresarios de Guayaquil le propuso el cargo de directora ejecutiva para impulsar un protocolo de responsabilidad social empresarial centrado en la persona. “Me sonó a poesía. Tenía un componente empresarial muy fuerte, inspirado en iniciativas que ya se aplicaban en Europa, México y otros países de Latinoamérica. Había que impulsarlo acá”. Era 2011, recuerda que en esa época “casi no había mucha responsabilidad social y no existía la palabra sostenibilidad en el medio empresarial”. Trabajó dos años para fortalecer el gremio y el protocolo. La primera empresa piloto fue Novacero, luego se sumaron otras como Bimbo, que aplicaba un modelo similar en México.  @@FIGURE@@

El descubrimiento del emprendimiento social

Mariuxi Villacrés tenía “un sueño pendiente”. En 2012 viajó a San Francisco, Estados Unidos, para estudiar una maestría en Emprendimiento Social, donde conoció el concepto de triple impacto y las empresas B o B Corps, que buscan un impacto positivo en la sociedad y el ambiente, más allá del rendimiento financiero, y todo el movimiento de negocios con propósito. “Fue revelador, entendí que quería dedicarme a eso el resto de mi vida”. 

Durante los 10 años que gerenció la empresa de pinturas, hizo malabares para compartir la vida familiar con lo laboral. Ya era mamá de tres hijos y siempre postergó el sueño. “Cuando entré a este mundo de la responsabilidad social, vi la posibilidad de estudiar y dije que era el momento. No quería un MBA tradicional, buscaba algo más. Descubrí el emprendimiento social y sentí que era lo mío, unir el servicio con el mundo empresarial”. Cuenta que convenció a su esposo, armaron las maletas, aplicó a la maestría y se enfrentó a las críticas, pero nada la detuvo. “Viajé primero sola y dejé a mis hijos con mi madre y mi esposo por dos meses, lo que me valió el ‘título’ de mala madre por un tiempo”. Luego se reunieron y su esposo también hizo un programa en operaciones. 

“Fue difícil. Recibí comentarios incómodos del entorno, incluso del colegio de mis hijos. Cuando un hombre casado con hijos se va a estudiar, se ve natural; cuando lo hace una mujer, se cuestiona. Pero el apoyo principal fue mi esposo”, recuerda Mariuxi convencida de que ese fue otro momento de inflexión y clave para continuar su camino. Dice que, más allá del diploma, era cumplir un anhelo personal. “Renuncié a la asociación y me fui sin compromisos. No había Zoom, apenas Skype, y fue duro: falleció mi abuela, me perdí los cumpleaños de mis hijos. Pero funcionó y nos fortaleció como familia”.

Estuvieron un año en Estados Unidos, entre 2012 y 2013. Cuando regresó fundó una consultora llamada Coinnovar y comenzó a impulsar el movimiento de empresas B en Ecuador, junto a actores locales en Quito y Guayaquil. Formaron un grupo que promueve la certificación B, que es global. Se dedicó a la consultoría en innovación social y sostenibilidad. Cree que las empresas no solo deben transformarse en modelos de negocio sostenibles, sino también ofrecer a su gente esa posibilidad de conexión profunda. Durante mucho tiempo fue activista en causas sociales, pero siempre fuera del trabajo. Pero “el triple impacto me mostró que se puede integrar lo económico, lo social y lo ambiental en simultáneo, generando valor y oportunidades de mercado”. Está convencida de que “los seres humanos trabajamos mejor cuando sentimos que nuestro esfuerzo significa algo y aporta a mejorar el entorno”.

El regreso a una empresa familiar

Mariuxi Villacrés recuerda que se volvió a involucrar en el mundo empresarial familiar como gerente de Sostenibilidad de Novacero. La empresa contrató su consultoría para levantar un diagnóstico de responsabilidad social y elaborar el primer reporte de sostenibilidad. Estuvo de consultora tres años y ese proceso derivó en la creación del Departamento de Sostenibilidad, Comunicación Interna y Marketing. El modelo de sostenibilidad se basa en tres ejes: bienestar y desarrollo, economía circular y cuidado del planeta. Uno de sus logros fue crear Novared, que nació como spin-off del área de reciclaje de Novacero. Es una empresa con propósito, certificada como empresa B, que trabaja con 60 microempresarios y más de 90 puntos de acopio en el país. Ha recolectado más de 2,5 millones de toneladas de chatarra metálica desde 2006, generando empleo indirecto para más de 12.000 familias.

Mariuxi Villacrés se considera una empresaria con propósito. “Mi misión es que cada colaborador entienda que su trabajo contribuye a construir los sueños del Ecuador. No vendemos solo acero, trabajamos por un mejor país. La sostenibilidad debe integrarse al negocio y no ser vista como un área separada”. 

*La historia completa se publicó originalmente en la edición impresa de Forbes Ecuador número 28 de febrero / marzo de 2026. ¡Tú también puedes ser parte del mundo Forbes! 

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