Elon Musk propuso entregar una acción de SpaceX a cada niño de Estados Unidos en 2027. El empresario presentó la iniciativa como una forma de distribuir parte de la riqueza generada por la inteligencia artificial, ante la preocupación por su impacto sobre el empleo. La propuesta se enmarca en el debate sobre el capital básico universal, una idea que comenzó a ganar respaldo entre dirigentes demócratas y republicanos.
En una publicación en X, Musk aseguró que las acciones prometidas serían "las primeras de muchas", aunque no explicó cómo llevaría adelante la distribución. Este tipo de programas contempla la creación de cuentas de inversión individuales, que podrían incluir participaciones en empresas tecnológicas o activos de otros sectores. Los beneficiarios obtendrían rendimientos a medida que esas inversiones aumentaran su valor.
El gobernador de California, Gavin Newsom, firmó en mayo una orden ejecutiva para estudiar su implementación, mientras que Vivek Ramaswamy, candidato republicano a gobernador de Ohio, defendió la propuesta en un artículo publicado en diciembre en The New York Times.
Por ahora, existen dos grandes alternativas. Una consiste en entregar acciones directamente a los ciudadanos, mientras que la otra plantea que los gobiernos o las propias compañías tecnológicas creen fondos de inversión cuyos beneficios se destinen a la población.
Las dificultades para implementar el capital básico universal
Aunque estas propuestas se discuten desde hace tiempo, su aplicación generalizada todavía parece lejana. The New York Times recordó que el hombre más rico del mundo tiene antecedentes de anuncios ambiciosos que finalmente no se concretaron.
En el Congreso de Estados Unidos, el senador independiente por Vermont Bernie Sanders presentó un proyecto para crear un fondo de inversión mediante un impuesto extraordinario del 50% a las empresas de inteligencia artificial. La iniciativa enfrenta pocas posibilidades de aprobación mientras los republicanos mantengan el control legislativo. Su futuro podría depender de los resultados de las elecciones legislativas de mitad de mandato en dicho país.
Otra incógnita gira alrededor de las conversaciones entre el gobierno de Donald Trump y Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI. Según informó The Washington Sun, Altman manifestó en privado a economistas que apoyaba "alguna versión de redistribuir las acciones de la empresa al público estadounidense", aunque rechazaba que el gobierno adquiriera una participación formal en OpenAI o pudiera ejercer control sobre la compañía. Por ahora, tampoco está claro si esas negociaciones llegarán a concretarse.
Cómo funcionaría el capital básico universal mediante pagos individuales
El capital básico universal se diferencia de la renta básica universal, que consiste en entregar pagos periódicos en efectivo a las personas. El Instituto Berggruen, uno de los centros de estudios que impulsa este debate, describió el modelo como un gran fondo de inversión con algún tipo de respaldo estatal, del que los ciudadanos podrían obtener rendimientos.
Una de las alternativas surgió de OpenAI, que propuso crear un Fondo Público de Riqueza. Según su planteo, cada ciudadano debería contar con inversiones diversificadas a largo plazo, capaces de captar el crecimiento de las compañías de IA y de otras empresas que incorporen esta tecnología. Los beneficiarios recibirían rendimientos periódicos derivados del desempeño de esas inversiones.
Altman también planteó una variante denominada "computación básica universal". En lugar de recibir dinero o acciones, las personas serían propietarias de una pequeña parte de la capacidad de procesamiento utilizada por modelos como ChatGPT. Podrían aprovechar esos recursos en sus propios proyectos de inteligencia artificial o venderlos para obtener ingresos.
Una alternativa son los fondos indexados, que buscan replicar el comportamiento de índices bursátiles como el S&P 500, integrado por unas 500 de las principales compañías que cotizan en Estados Unidos.
Un esquema similar utilizan las llamadas "Cuentas Trump", implementadas a principios de 2026. A través de este programa, el gobierno estadounidense deposita US$ 1.000 en una cuenta de inversión a largo plazo por cada niño nacido entre 2025 y 2028. El dinero se destina a fondos indexados, en lugar de entregarse directamente a las familias.
La alternativa de los fondos de inversión respaldados por el gobierno o las empresas de IA
Otro modelo contempla concentrar participaciones de compañías tecnológicas en un fondo administrado por el Estado o por las propias empresas. En este esquema, los recursos podrían financiar servicios públicos o donaciones a organizaciones sin fines de lucro, en lugar de distribuirse exclusivamente como patrimonio individual.
El proyecto de Sanders, por ejemplo, prevé pagos de US$ 1.000 a cada estadounidense, aunque también contempla utilizar el fondo para financiar otras políticas destinadas a garantizar un nivel de vida elevado. Según la propuesta, el 5% de su valor se destinaría a transferencias directas a la población.
Anthropic anunció el domingo que comprometerá al menos el 5% de sus acciones a un nuevo Fondo de Beneficio Público. La compañía señaló que ese mecanismo podría utilizarse para realizar grandes donaciones a organizaciones tradicionales o distribuir recursos directamente entre grupos específicos de la población.
¿Quién pagaría por un capital básico universal?
Todavía no existe una respuesta definitiva. Una posibilidad es que las propias empresas de inteligencia artificial financien estos programas mediante aportes voluntarios de acciones o participaciones en sus negocios. Durante las conversaciones entre la administración Trump y OpenAI se evaluó una transferencia de acciones al gobierno federal, aunque The Washington Sun señaló que el acuerdo podría enfrentar dificultades legales por la falta de un mecanismo jurídico claro.
Las donaciones particulares también aparecen como alternativa. Musk sugirió que los títulos que planea distribuir podrían provenir de su participación personal en SpaceX. La presidenta de la compañía, Gwynne Shotwell, ya había donado parte de sus acciones a las Cuentas Trump.
El multimillonario John Arnold defendió esa opción en X. Aportar capital a las Cuentas Trump representa "una excelente solución para muchos estadounidenses ultrarricos con inclinaciones filantrópicas" que no quieren administrar una fundación o todavía no encontraron una organización adecuada para realizar donaciones.
El Instituto Berggruen planteó otras fuentes de financiamiento, como aplicar impuestos a las actividades de grandes empresas tecnológicas vinculadas con el uso de datos personales. Entre ellas mencionó la publicidad dirigida y la comercialización de información de los usuarios. También propuso que los aportes iniciales del gobierno funcionen como préstamos sin intereses, que los beneficiarios devolverían una vez que aumentara su patrimonio.
¿Qué demócratas apoyan el capital básico universal?
"No necesitamos caridad, necesitamos propiedad. Capital básico universal", afirmó Newsom durante un acto celebrado en mayo. El gobernador sostuvo que los votantes reclaman un modelo económico que les permita participar de la generación de riqueza. "No se puede salvar la democracia a menos que democraticemos la economía", agregó.
Sanders también defendió la redistribución de los beneficios tecnológicos en un artículo publicado en junio en The New York Times. Según argumentó, su propuesta permitiría garantizar que "los billones de dólares potencialmente generados por la IA se utilicen para mejorar la vida de todos nosotros, no simplemente para hacer aún más ricos a los más ricos del mundo".
El senador de Vermont ya había propuesto un "impuesto a los robots" destinado a compensar a los trabajadores desplazados por la automatización. Esa iniciativa también contemplaba exigir que las compañías otorgaran a sus empleados una participación significativa en las empresas.
Otras legisladoras demócratas, como Ilhan Omar, de Minnesota, y Bonnie Watson Coleman, de Nueva Jersey, respaldaron proyectos de renta básica universal. Sin embargo, dentro del sector progresista también existen dudas sobre el compromiso de los empresarios tecnológicos con estos programas.
La representante Alexandria Ocasio-Cortez expresó a Semafor en abril su escepticismo respecto de la disposición de esos ejecutivos a pagar los impuestos necesarios para sostener las iniciativas. Watson Coleman, por su parte, consideró que el respaldo de los multimillonarios responde más a intereses comerciales que a motivaciones filantrópicas.
¿Qué republicanos apoyan el capital básico universal?
El exasesor presidencial Steve Bannon elogió las conversaciones entre la Casa Blanca y OpenAI, aunque coincidió con Sanders en que las compañías deberían afrontar una carga impositiva elevada. En declaraciones a NOTUS, sostuvo que el gobierno "no debería aceptar propinas" de la industria y reclamó que las empresas cedieran el 50% de su capital para distribuirlo entre los ciudadanos estadounidenses.
Ramaswamy presentó los fondos de inversión respaldados por el Estado como una alternativa práctica frente al creciente descontento social con las grandes fortunas. En su artículo para The New York Times, argumentó que, "en lugar de criticar a los millonarios", las personas podrían encaminarse a convertirse en millonarias mediante el crecimiento compuesto de sus inversiones.
El dirigente consideró que las Cuentas Trump representan un "primer paso positivo". El senador republicano por Texas Ted Cruz, uno de los impulsores del programa en el Congreso, afirmó que estas cuentas permitirían que "todos los niños de Estados Unidos experimenten el milagro del crecimiento compuesto".
Para algunos sectores republicanos, históricamente más críticos de la asistencia estatal, el atractivo de estos programas reside en la posibilidad de reemplazar beneficios públicos mediante inversiones individuales. Cruz planteó que las cuentas podrían convertirse en una nueva forma de Seguridad Social, mientras que Ramaswamy sostuvo que eventualmente permitirían a las personas independizarse del sistema federal de asistencia.
La creación de cuentas de inversión para niños también recibió el respaldo de multimillonarios cercanos a Trump, como Bill Ackman, gestor de fondos de cobertura, quien defendió la posibilidad de que esos activos acumulen intereses compuestos durante el crecimiento de sus beneficiarios.
¿Qué dijeron los líderes de la inteligencia artificial sobre estos programas?
En abril, Musk había planteado una "renta universal alta", basada en pagos periódicos del gobierno, antes de presentar su propuesta de repartir acciones de SpaceX.
El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, también defendió cambios profundos en el modelo económico. En 2025 advirtió que la inteligencia artificial podría eliminar la mitad de los puestos iniciales ocupados por profesionales. Entre sus alternativas mencionó una renta básica universal elevada y una economía en la que los sistemas de IA determinaran qué actividades humanas deberían recibir una compensación.
En un documento de políticas publicado ese mismo año, Anthropic propuso crear un fondo soberano basado en inteligencia artificial o aplicar impuestos sobre el patrimonio empresarial de las tecnológicas con mayores ingresos. En el anuncio de su nuevo fondo, la compañía advirtió que "podrían ser necesarios enfoques más audaces" frente a la inestabilidad laboral provocada por la automatización.
Altman, por su parte, fue uno de los principales defensores de la renta básica universal y aportó US$ 14 millones de su patrimonio personal para financiar un programa piloto. Sin embargo, en abril reconoció que su posición había cambiado.
En una entrevista con The Atlantic, afirmó que "ya no cree en el ingreso básico universal tanto como antes" y que ahora está "mucho más interesado en formas en las que pensamos en una especie de propiedad colectiva".
¿Quiénes son los principales críticos del capital básico universal?
El papa León XIV advirtió sobre las consecuencias laborales de la inteligencia artificial en una encíclica publicada a principios de 2026. Ahí calificó el riesgo de desempleo generalizado como un "grave mal" y sostuvo que "la búsqueda de mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente puestos de trabajo".
Aunque expresó reservas frente a los programas de asistencia financiera universal, a diferencia de su antecesor, el papa Francisco, reconoció que los gobiernos deberían desarrollar nuevas políticas de "impuestos, protección social e industria" para corregir los desequilibrios provocados por la concentración de riqueza y poder.
Entre los críticos del sector tecnológico aparece el inversor Marc Andreessen, quien en su Manifiesto Tecnooptimista de 2023 sostuvo que la renta básica universal "convertiría a las personas en animales de zoológico para ser criados por el Estado".
La Fundación Heritage, de orientación conservadora, también cuestionó estos programas al considerar que aumentarían innecesariamente el gasto federal y reducirían los incentivos para trabajar. En una posición similar, Jennifer Huddleston, investigadora de política tecnológica del Instituto Cato, advirtió a NOTUS que la adquisición estatal de acciones de empresas específicas de IA supondría una intervención en el libre mercado.
Las críticas también alcanzan a los fondos administrados por los gobiernos. En un editorial publicado en agosto, The New York Times cuestionó la posibilidad de que el Estado adquiera participaciones en empresas de inteligencia artificial. El diario argumentó que esa intervención podría reducir los incentivos para innovar y generar conflictos de intereses, ya que el gobierno tendría que regular una industria de la que también obtendría beneficios económicos. Además, recordó que los Estados ya participan de las ganancias de estas compañías mediante el cobro de impuestos.
¿Qué opinan los economistas?
Una de las principales incógnitas es si los beneficiarios podrían vender libremente las acciones que reciban. Ioana Marinescu, profesora de la Universidad de Pensilvania e integrante del Consejo Asesor Económico de Anthropic, advirtió a Politico que entregar inversiones en lugar de efectivo podría representar un riesgo para personas sin experiencia financiera.
Según explicó, algunos beneficiarios podrían vender rápidamente sus participaciones a inversores de mayor poder adquisitivo, en lugar de conservarlas y aprovechar su posible valorización. Por el contrario, restringir la venta también podría generar problemas, al favorecer a determinadas compañías.
"Si poseo acciones de OpenAI que nunca podré vender, habremos logrado que OpenAI perdure para siempre, mientras que tal vez quiera poder vender mis acciones para comprar acciones de Anthropic", afirmó a Politico Betsey Stevenson, ex economista jefe del Departamento de Trabajo estadounidense.
Los economistas consultados por el Banco de la Reserva Federal de Chicago se mostraron mayoritariamente a favor de medidas específicas para afrontar la pérdida de empleos vinculada con la inteligencia artificial, como la reconversión laboral. Consideraron que esas políticas podrían resultar más apropiadas que programas generales de renta básica o redistribución de impuestos.
Sin embargo, otros especialistas adoptaron una posición más favorable. David Autor, economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), sostuvo ante The Atlantic que entregar inversiones a personas de distintos niveles de ingresos podría ser beneficioso incluso si algunas venden sus acciones o las empresas de IA no alcanzan las expectativas de crecimiento. "Esto es lo que yo llamaría una política sin remordimientos. Es una buena idea en prácticamente cualquier escenario imaginable", afirmó.
Cuánto valen los datos personales de los estadounidenses
Un estudio de la Web3 Foundation calculó que los datos personales de cada estadounidense representan un valor aproximado de US$ 393.785 para las empresas tecnológicas a lo largo de su vida. Según la investigación, esa cifra supera los US$ 830.000 al ajustarla por inflación. "Si los datos personales constituyen uno de los recursos más valiosos de la economía moderna, quienes los generan ya no deberían ser considerados una materia prima pasiva", escribieron sus autores.
Número grande
120.136. Esa es la cantidad de empleos eliminados en Estados Unidos que fueron atribuidos a la inteligencia artificial entre enero y septiembre de 2026, según un análisis de la consultora laboral Challenger, Gray & Christmas. De acuerdo con el informe, la IA se convirtió en la principal causa de los recortes de personal durante este año. La cifra contrasta con los aproximadamente 55.000 puestos de trabajo perdidos por el mismo motivo durante todo 2025.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.