La historia de los cepillos dentales ecológicos hechos en Ecuador
Luego de 12 años en Alemania y un salario cercano a los 5.000 euros mensuales, Rodrigo Vásconez decidió volver a Ecuador para fundar Sauber, una marca de cepillos dentales sostenibles, con sistema de cabezas intercambiables. En 2025 vendió más de 250.000 unidades.

Nació en Latacunga. Estudió en el colegio Hermano Miguel, donde fue parte del cuadro de honor y presidente del consejo estudiantil, Rodrigo siempre tuvo claro que quería estudiar fuera del país.

“El primer invierno casi muero”. Rodrigo Vásconez tenía 18 años cuando llegó a Münster, en el noroeste de Alemania, y vio nieve por primera vez. Vivió con una familia que conoció a través de un programa de intercambio con la que, hasta hoy, mantiene una relación muy cercana. “Me hicieron parte de su vida desde el primer día”.

Al principio fue difícil. No hablaba el idioma y vivía en una granja, lejos de la ciudad.  “No entendía nada. A veces nos comunicábamos con señas”.

Cada mañana pedaleaba tres kilómetros en bicicleta, luego tomaba un bus hasta la estación y finalmente un tren para llegar a sus clases de alemán. “Fue una prueba de carácter, entendí, que esto no era solo talento, sino constancia”.

Alemania terminó convirtiéndose en su segundo hogar. Vivió allí 12 años. Antes de ingresar a la universidad tuvo que cursar un año de prebachillerato. Luego fue admitido en la RWTH Aachen University, una de las escuelas de ingeniería más exigentes de Europa. Se graduó como ingeniero mecánico y enseguida hizo una maestría en diseño y desarrollo de máquinas. “Aprendí que nada se improvisa, que hay que hacer las cosas bien desde el inicio”.

Ese rigor técnico se transformaría, años después, en la columna vertebral de su emprendimiento. Sauber nació como un producto de modelo de economía circular aplicado a un objeto de uso diario. “El mango se conserva y reemplazamos únicamente la cabeza del cepillo, lo que reduce hasta en 80 % el plástico desechado y también el costo de reposición.

Antes de volver a Quito, trabajó en M.Tec, una firma que diseña productos con plástico para multinacionales. Su salario bordeaba los 5.000 euros mensuales. Entre los proyectos en los que trabajó hubo uno relacionado con cepillos de dientes eléctricos. “Yo me encargaba del diseño de la periferia, el mango, la carcasa y otros detalles técnicos.

Cada año regresaba de vacaciones a Quito y empezó a investigar opciones en el mercado local, porque siempre estuvo en su mente volver algún día. “En Ecuador los cepillos de dientes son más caros, en Europa pueden valer dos euros. La idea de producir cepillos sostenibles rondó su cabeza. “Los de bambú se vendían por más de US$ 5. Analicé opciones, hice un estudio de mercado y el negocio era viable”. Consiguió dos socios para poner en marcha un emprendimiento que lo traería de regreso a casa a finales de 2019. 

La inversión inicial de 147.000 euros fue para maquinaria, comprada en Alemania para el proceso productivo y el empaque. La pandemia retrasó todo. Los equipos llegaron en julio de 2020. “El técnico nunca vino, tuve que leer manuales, armar y desarmar las máquinas muchas veces durante dos meses”. 

Los primeros resultados fueron desalentadores. “Las cerdas se abrían, se salían, los cortes eran chuecos. La diferencia con los actuales es como el día y la noche”. El último trimestre de 2020 vendió 2.500 unidades, a un precio promedio de US$ 3, que se mantiene hasta hoy. 

El diseño es sencillo y colorido. La innovación está en que la cabeza se remplaza sin desechar el mango. Cada empaque incluye un cepillo completo y un repuesto para el primer recambio, además de presentaciones de repuestos para extender indefinidamente la vida útil del producto. Las cerdas son importadas desde México y Alemania, con una inversión anual cercana de US$ 15.000. Cada componente responde a estándares técnicos similares a los que aplicó durante años para multinacionales.

El inicio fue duro. El primer año cerraron con pérdidas de US$ 80.000. “El mayor error fue hacer una inversión grande, sin validar antes el negocio. Lo correcto habría sido empezar con un lote de mil cepillos para sondear el mercado y contar con ofertas reales de compra”. Recién a finales de 2023 alcanzaron el punto de equilibrio. “Todavía tapamos huecos, pero ya no tenemos que poner plata”.

Actualmente, Sauber se comercializa a escala nacional en dos cadenas nacionales de retail, consultorios odontológicos y farmacias; tiene seis colaboradores, 10 proveedores y reutiliza todo el material defectuoso. "Lo trituramos y vuelven al proceso de producción”.  En 2025 cerraron con ventas de US$ 240.000 y más de 250.000 unidades. El plan es crecer con nuevas líneas.

El estrés lo enfrenta corriendo. En 2024 completó su primera maratón en Berlín en 3 horas y 17 minutos. Entrena tres veces por semana. “Correr es paciencia y preparación. Emprender es igual”.

A sus 36 años no se arrepiente de la decisión tomada. “Mis amigos alemanes me dicen que estoy un poco loco, por cambiar estabilidad por incertidumbre económica”. Cada dos años vuelve a Alemania, casi siempre lo hace en verano, porque no olvida que, casi muere en su primer invierno. (I)