La NASA completó una etapa clave de Dragonfly, la misión que enviará un dron a Titán, la luna más grande de Saturno. Los ingenieros terminaron las pruebas estructurales del vehículo y comenzaron a integrar sus sistemas, un paso que mantiene el proyecto dentro del cronograma para su lanzamiento previsto en julio de 2028.
El vehículo utilizará energía nuclear, contará con ocho rotores y podrá desplazarse por la superficie del satélite. Su objetivo será estudiar materiales y procesos químicos prebióticos, es decir, reacciones y compuestos que pudieron existir antes de la aparición de la vida y que también estuvieron presentes en la Tierra primitiva. La misión no buscará organismos ni señales directas de vida.
Dragonfly despegará a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX, un cohete de gran capacidad de carga, desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. La ventana de lanzamiento está prevista entre el 5 y el 25 de julio de 2028, mientras que la llegada a Titán ocurrirá en 2034. El cronograma podría coincidir con el eclipse solar total del 22 de julio de 2028, que podrá verse en Australia y Nueva Zelanda.
La misión tendrá una duración prevista de 3,3 años y aprovechará una característica particular de Titán para trasladarse. Su atmósfera, rica en nitrógeno, es cuatro veces más densa que la terrestre, mientras que su gravedad equivale apenas al 14% de la terrestre. Esas condiciones permitirán que el vehículo, de tamaño similar al de un auto, vuele entre distintos puntos de interés científico.
Cada día de Titán equivale a unos 16 días terrestres. En esos períodos, Dragonfly podrá trasladarse entre posibles lugares de aterrizaje, tomar muestras y analizarlas con sus instrumentos científicos. Según la información de la misión, será la primera aeronave controlada que volará sobre otro cuerpo celeste, una capacidad que permitirá estudiar varias zonas sin depender de un único punto de aterrizaje.
El fuselaje de Dragonfly ya superó las pruebas
Ingenieros del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (APL), en Maryland, entregaron antes de lo previsto el fuselaje de Dragonfly, una estructura de casi cuatro metros de largo que superó un mes de pruebas destinadas a comprobar su resistencia. La nave ya cuenta con los patines que utilizará para aterrizar, los brazos que sostendrán sus ocho rotores y la carcasa destinada al sistema que le proporcionará energía nuclear durante la misión.
“Fue impresionante ver cómo el módulo de aterrizaje, tal como lo diseñamos, se hacía realidad”, dijo Hunter Reeling, responsable de la integración termomecánica y de las pruebas de Dragonfly en el APL.
Una vez concluida esa etapa, los equipos comenzaron a instalar el cableado eléctrico, los componentes físicos del sistema de vuelo y los distintos equipos de la nave. Los próximos trabajos incluirán la instalación de los sistemas electrónicos de vuelo, así como de los instrumentos científicos y del aislamiento térmico.
“A partir de ahora, se trata de equipar esa estructura con cajas electrónicas, instrumentos, cableado y aislamiento: todo lo que permitirá cumplir su misión. Se trata de preparar a Dragonfly para el lanzamiento”, comentó Reeling.
Un mundo con lluvia, lagos y mares
Titán presenta características poco habituales en el sistema solar. Además de la Tierra, es el único cuerpo del sistema solar donde se encontraron líquidos estables en la superficie, como lagos y mares, y una atmósfera densa. Ahí también hay lluvias, costas, valles, cordilleras, mesetas y dunas, aunque gran parte de ese paisaje está compuesto por materiales muy distintos de los que se encuentran en nuestro planeta.
Sin embargo, las condiciones muestran diferencias extremas respecto de las de la Tierra. Titán recibe apenas el 1% de la luz solar que llega a nuestro planeta, una cantidad demasiado baja para que Dragonfly dependa de paneles solares como su principal fuente de energía. Por ese motivo, la nave utilizará energía nuclear para alimentar sus instrumentos y sistemas.
El vehículo también deberá resistir temperaturas cercanas a -179 °C, así como lluvias de metano y remolinos de polvo compuestos por hidrocarburos, sustancias químicas formadas principalmente por hidrógeno y carbono.
La atmósfera densa y la baja gravedad permitirán que Dragonfly recorra decenas de kilómetros entre distintos puntos de interés científico. La misión estudiará antiguos cráteres de impacto, dunas congeladas y terrenos que alguna vez fueron modificados por ríos y lagos de metano líquido.
Los científicos buscarán analizar la compleja química orgánica presente en el satélite y compararla con los procesos químicos prebióticos que tuvieron lugar en la Tierra antes del surgimiento de la vida. El vehículo también investigará el ciclo meteorológico del metano, similar en algunos aspectos al ciclo del agua terrestre, y examinará características que podrían aportar pistas sobre las condiciones necesarias para el origen de la vida en el universo.
El antecedente de Huygens
Dragonfly no será la primera nave construida por la humanidad en llegar a Titán. Ese lugar lo ocupa Huygens, la sonda de la Agencia Espacial Europea que viajó hasta Saturno junto con Cassini, la nave de la NASA que estudió durante años el planeta y varias de sus lunas.
En enero de 2005, Huygens se convirtió en la primera y única nave espacial en aterrizar en la Luna. Su descenso a través de la atmósfera anaranjada duró aproximadamente dos horas y media, período en el que obtuvo las primeras imágenes tomadas directamente de su superficie.
Las fotografías mostraron cauces de ríos, antiguas líneas costeras y un terreno que el metano líquido modificó de manera similar a cómo actúa el agua sobre la Tierra. La sonda finalmente descendió sobre una zona cubierta por bloques redondeados de hielo de agua.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.