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Foto: Getty

El misterio de los perros azules de Chernóbil: científicos explican qué hay detrás del extraño fenómeno

Scott Travers

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Las imágenes de tres animales cubiertos de un intenso color desataron teorías sobre los efectos de la radiación, pero la biología y las investigaciones realizadas en la zona apuntan a una causa mucho más simple y alejada de cualquier mutación.

22 Agosto de 2026 05.00

En octubre de 2025, un equipo del programa Perros de Chernóbil realizaba una de sus tareas habituales dentro de la zona de exclusión de Ucrania: capturar perros callejeros, esterilizarlos y luego devolverlos al lugar.

Pero durante una de esas jornadas apareció algo inesperado. Los trabajadores encontraron tres perros cubiertos por un llamativo color azul, desde la nariz hasta la cola. No parecía tratarse de una simple mancha o de un tinte superficial. Y había un detalle todavía más desconcertante: según relataron habitantes de la zona, apenas una semana antes esos mismos animales tenían un aspecto completamente normal.

  • La iniciativa - Perros de Chernóbil-  nació en 2017 para controlar la población de animales que vive en la zona, vacunarlos, brindarles atención veterinaria y garantizarles alimento. Muchos descienden de las mascotas que quedaron abandonadas tras la evacuación provocada por el desastre nuclear de 1986 y que, con el paso de las generaciones, continuaron su reproducción en los alrededores de la central. Por eso, casi cuatro décadas después del accidente, todavía cientos de perros viven dentro del área restringida y requieren este tipo de asistencia. 

Las fotografías no tardaron en circular por redes sociales y, para muchos usuarios, la explicación pareció casi automática: la radiación finalmente se había hecho visible, casi 40 años después del accidente de Chernóbil.

La explicación se difundió con rapidez porque la radiación es una amenaza difícil de percibir: no se ve, no tiene olor y sus efectos no siempre son evidentes a simple vista. Por eso, ante una imagen tan llamativa como la de un perro azul, muchas personas encontraron una forma concreta de representar ese peligro invisible y la asociaron de inmediato con Chernóbil.

Y pocos símbolos podían resultar más efectivos que un perro completamente azul. La imagen transformaba un riesgo abstracto, complejo y estadístico en algo tangible y fácil de recordar. Además, encajaba casi a la perfección con el imaginario que durante décadas construyeron películas, series y videojuegos alrededor de Chernóbil: un territorio en el que la radiación sería capaz de producir mutaciones visibles y extraordinarias.

El problema es que la radiación no pudo provocar ese color, por dos razones que no tienen relación entre sí.

Perros azules (Imagen creada con IA)
Perros azules (Imagen creada con IA)

Los "perros azules" de Chernóbil no son producto de la radiación

El primer dato que permite descartar esa explicación es el tiempo. La radiación puede provocar daños al alterar el ADN y, si esas modificaciones afectan a las células que producen óvulos o espermatozoides, pueden llegar a transmitirse a las siguientes generaciones. 

Pero ese proceso no ocurre de un día para otro. Una mutación genética no puede transformar en apenas una semana el color del pelaje de un perro adulto, porque esa característica queda determinada antes de su nacimiento. Si el aspecto de estos animales cambió en cuestión de días, la causa necesariamente debía ser externa.

La segunda pista está en la propia biología del color del pelaje. Según explica el Laboratorio de Genética Veterinaria de la Universidad de California en Davis (UC Davis), que estudió en detalle los genes responsables de estas características, el color del pelo de los mamíferos depende fundamentalmente de dos tipos de pigmentos derivados de la melanina.

Uno de ellos produce tonos negros y marrones, mientras que el otro genera colores rojos y amarillos. Las distintas combinaciones, diluciones o ausencias de esos pigmentos explican la enorme variedad de pelajes que puede observarse en los perros, incluidos los tonos grises y blancos. Pero hay un límite biológico muy concreto: no existe una melanina azul capaz de teñir naturalmente de ese color el pelaje de un perro.

Además, el azul que aparece en la naturaleza no suele deberse a un pigmento. Como explicó el ornitólogo Richard Prum, especies como el arrendajo o la mariposa morfo adquieren ese tono gracias a diminutas estructuras que modifican la manera en que la luz se refleja y dispersan hacia el ojo determinadas longitudes de onda. Los biólogos llaman a este fenómeno color estructural.

Ese mecanismo puede aparecer en plumas, escamas y otras superficies biológicas, pero no se conoce un equivalente capaz de producir un azul intenso en el pelaje de los mamíferos. De hecho, incluso el color que los criadores de perros denominan habitualmente “azul” es, en realidad, una variante diluida del negro que se percibe como gris.

Por eso, un perro verdaderamente azul no sería simplemente una versión más llamativa de un color que la genética canina ya puede producir: quedaría fuera de los mecanismos conocidos que determinan el color del pelaje en los mamíferos. La explicación más probable, entonces, era mucho más sencilla: alguna sustancia externa había teñido el pelo de los animales. Esa fue también la hipótesis hacia la que apuntaron los expertos.

Perros azules (Imagen creada con IA)
Perros azules (Imagen creada con IA)

¿Qué fue lo que realmente hizo que los perros se pusieran azules?

El Clean Futures Fund, la organización sin fines de lucro a cargo del programa Perros de Chernóbil, indicó que los animales parecían haberse revolcado en alguna sustancia que quedó adherida a su pelaje. Además, señaló una posible fuente cercana: un viejo inodoro portátil que se había volcado y derramado el producto químico azul brillante que se utiliza para tratar los desechos de esas unidades.

En ese momento, el equipo veterinario no pudo confirmarlo con certeza, aunque los investigadores que trabajaron en la zona llegaron después a la misma explicación. El grupo dejó claro desde el principio un punto central: el color no era permanente y la radiación no tenía relación con lo ocurrido.

También descartó que el origen estuviera en su propio instrumental, ya que los equipos de esterilización identifican a los perros tratados con una pequeña marca de crayón de color en la cabeza, algo muy distinto a un animal cubierto de azul de pies a cabeza.

Lo que nos deja con la única pregunta que realmente tiene que ver con la biología: por qué un perro se revolcaría ahí en primer lugar.

Porque los perros lo hacen cada vez que tienen la oportunidad y, cuanto más penetrante resulta el olor, mayor es el empeño que ponen. Los biólogos llaman a este comportamiento "rodar el olor", y un estudio de 2024 publicado en la revista Biology lo documentó de forma directa en lobos en cautiverio. Sin embargo, las posibles explicaciones todavía son motivo de debate.

Perros azules (Imagen creada con IA)
Perros azules (Imagen creada con IA)

Una teoría sostiene que el animal intenta ocultar su propio olor, ya sea para acercarse a una presa o para evitar que otros lo detecten. Otra apunta exactamente a lo contrario: que busca llevar un olor interesante al resto del grupo. Ninguna de las dos hipótesis se resolvió por completo, aunque el impulso en sí le resultará familiar a cualquiera que alguna vez haya paseado a su perro cerca de un animal muerto en un campo.

La historia que podría importar más que los perros azules

Los perros viven ahí por lo que ocurrió en 1986. Cuando el reactor explotó y más de 100.000 personas fueron evacuadas, a la mayoría le dijeron que regresaría en pocos días, por lo que dejó atrás a sus mascotas. Hoy, varios cientos de perros viven en la zona. En su mayoría, son descendientes de aquellos animales y reciben alimento y cuidados de trabajadores de la planta y voluntarios.

Esa población cuenta con una base científica sólida, aunque la explicación resulta más compleja que el rumor. Un estudio de 2023 publicado en Science Advances reveló que los perros de la zona presentan diferencias genéticas respecto de poblaciones caninas de otros lugares. Sin embargo, todavía se desconoce cuánto responde a la radiación y cuánto a 40 años de aislamiento y a un reducido grupo fundador.

Los estudios sobre otras especies de fauna silvestre de la zona también revelaron indicios de adaptación. Un estudio de 2022 publicado en Evolutionary Applications descubrió que algunas ranas arborícolas locales son inusualmente oscuras, posiblemente porque una mayor cantidad de melanina les brinda cierto grado de protección.

Esa es la realidad de la investigación científica en Chernóbil: lenta, estadística, cautelosa y todavía en desarrollo. Es mucho más difícil de analizar que la imagen de un perro azul, pero también está mucho más cerca de lo que realmente ocurre.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.
 

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