Camaleones, amigos y emprendedores que facturan US$ 8 millones
Romper la regla de no hacer negocios con amigos marca la vida profesional de Bernardo Varea. Junto a Martín Vaca, Pedro Tapia y Felipe Cevallos decidieron emprender, sobrevivieron a fracasos y consolidaron un grupo empresarial exitoso con tres empresas: Titania Tracking Solutions, Pointer y VidaBuena.

La historia de Bernardo Varea empieza con una frase que determina su personalidad. “Cuando algo me gusta, no paro hasta lograrlo”. Quienes lo conocen saben que no es una exageración.

Sus amigos y socios lo llaman camaleón, porque sabe adaptarse y avanzar, aun cuando en el camino hay dificultades.

Estudió en el colegio Tomás Moro, en Quito, desde entonces construyó con Martín Vaca y Pedro Tapia una amistad que marcaría su vida personal y profesional. Mas tarde se sumó al clan Felipe Cevallos. 

Desde niño supo a dónde quería ir. A los 11 años decidió que seguiría los pasos de su padre, y estudiaría Administración de Empresas. El fútbol ocupó un lugar central en su vida. Fue capitán de la selección del colegio y luego integrante del equipo de segunda categoría de la Universidad San Francisco de Quito, institución que le otorgó una beca deportiva. A Bernardo no le importaba tener una rutina casi militar, entrenaba todos los días por lo menos tres horas, porque soñaba ser futbolista profesional. 

A los 19 años vivió su primer acercamiento al mundo laboral. Consiguió un contrato de tres meses como asistente administrativo en un campo petrolero de Repsol en el Oriente. “Casi no teníamos señal de internet, estábamos en medio de la nada”. Ganaba US$ 500 mensuales y laboraba bajo un régimen de 14/7. La jornada empezaba a seis de la mañana y terminaba a las seis de la tarde. Después no podía faltar el partido de fútbol. “Aprendí a ordenar procesos, clasifiqué cientos de carpetas, a valorar el trabajo operativo y a relacionarme mejor con las personas”. 

De regreso a la universidad, decidió cambiarse al horario nocturno para poder trabajar. En una clase de principios de seguros encontró, casi por casualidad, su vocación profesional. “Esto es lo mío, sin pensarlo conseguí una pasantía en Asertec, un broker de seguros.  Me ofrecieron quedarme”. Empezó como ejecutivo operativo y a la semana lo movieron al área comercial. “No sabía ni leer ni escribir en ventas, pero mi deseo de aprender no me detenía ante nada”.

Dos años después, llegó una oferta que lo obligó a tomar una decisión difícil.  Asumir la dirección comercial de Multiapoyo. Decidir si aceptaba le tomó algunas semanas.  “Ellos vieron el hambre que tenía por comerme el mundo. No me importaba trabajar hasta la madrugada”. Se demoró ocho años en graduarse, porque solo podía estudiar dos materias por semestre.

En esta empresa permaneció 10 años y llegó a la gerencia corporativa. Esa etapa. Sin saberlo fue su verdadero capital semilla como emprendedor.

En 2019 con sus tres amigos Martín, Pedro y Felipe, tomó una decisión que la mayoría de las personas evitan. Hacer negocios con amigos. “Nosotros rompimos la regla, llevamos siete años y seguimos. Antes que ideas, compartimos valores y principios”. La pandemia fue el impulso definitivo. Se reunían todos los días por zoom, lanzaron cientos de ideas y descartaron muchas más. En este proceso nació Titania, una empresa de rastreo satelital. Cada uno invirtió US$ 1.500.

En 2021 facturaron US$ 120.000. Hoy Titania tiene 45 colaboradores, ha instalado dispositivos en más de 25.000 vehículos y cerró 2025 con ingresos por US$ 3.5 millones. El Grupo Casa Baca adquirió el 60% de la compañía.

Pero no todas las apuestas funcionaron. Trajeron de España una plataforma para generar empleo, que fracasó. Abrieron una agencia de viajes que no prosperó. “Logramos por lo menos recuperar la inversión de US% 8.000 que pusimos cada uno. No teníamos el expertise”.

Lejos de rendirse lanzaron Pointer, un comprador de servicios con una inversión inicial de US$ 30.000. “Estamos facturando más de US$ 70.000 y mantenemos una rentabilidad del 50%”. La consigna de estos jóvenes es clara, crear, intentar y volver sin poner en riesgo su amistad.

En 2022, tras obtener un MBA en la Universidad Europea en España, regresó al país con una meta ambiciosa. Tener su propia empresa de medicina prepagada y obviamente sus tres compinches son parte de esta nueva aventura. La oportunidad surgió cuando una compañía, de capital portugués salió a la venta. “La Superintendencia de Seguros exige un capital mínimo de US$ 1 millón para garantizar solvencia y protección a los afiliados. Por eso buscamos inversionistas”. La empresa actualmente cuenta con 14 accionistas y Bernardo es el gerente general. “Invertí cerca de US$ 100.000 entre ahorros y un crédito bancario, estoy haciendo realidad un sueño.”.

Adquirieron Vidabuena, que en 2024 registró ingresos de US$ 2,1 millones, 4,500 afiliados y una pérdida de US$ 460.000. “Asumimos el control en 2025, redujimos a la mitad el gasto administrativo, ajustamos procesos y tomamos decisiones duras. Logramos cerrar 2025 con ventas de US$ 5 millones. En ecuador hay 22 compañías de medicina prepagada, Vidabuena ocupa el puesto 17 y su meta es entrar al top 10.

Mientras conversamos, reconoce que, de su padre, heredó la disciplina y el respeto a los procesos. De su madre, que emprendió luego de divorciarse cuando Bernardo tenía 18 años aprendió a arriesgarse, a lanzarse al agua, a trabajar duro y ahora son socios en un negocio de puffs.

Cree en liderar con el ejemplo. Llega a la oficina a las 07:15 de la mañana, revisa correos y organiza su día. “Soy el primero en llegar y casi siempre el último en irme”.  Practica filosofía japonesa Kaizen, basada en la mejora continua a través de pequeños cambios constantes. No tolera la impuntualidad, el irrespeto y la mentira.

Este ejecutivo de 32 años es hincha del Deportivo Quito, sus amigos lo definen como sufridor. Se identifica con Cristiano Ronaldo. “Messi nació con un don, Ronaldo lo consiguió con trabajo, disciplina y obsesión”. Los miércoles en la noche sigue jugando fútbol como el mismo grupo de amigos desde hace veinte años. En marzo será padre por primera vez, con su esposa tiene el acuerdo innegociable de cenar juntos.

Bernardo Varea reconoce que emprender en Ecuador no es fácil. “Nos cambian las reglas continuamente. Somos de los pocos países que tienen utilidades y ahora los dividendos para los accionistas pagan impuesto sobre el impuesto”. Para él la suerte es un ingrediente más, pero hay que estar preparado para cuando se presente la oportunidad. “Las cosas no funcionan mágicamente”. 

Este camaleón sigue avanzando, con los mismos socios, los mismos valores y con la convicción de no parar hasta lograrlo. (I)