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Cecilia Paredes, rectora de Espol.
Liderazgo
Cecilia Paredes, rectora de Espol.
Fotos Robinson Chiquito para Forbes Ecuador

La universidad que tuvo que bajar del Olimpo para sentarse con las empresas

Julissa Villanueva Periodista

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De formar profesionales a resolver desafíos del país. Así la Espol consolidó un modelo de colaboración con empresas, productores y comunidades que convierte la investigación en innovación aplicada y desarrollo productivo.

23 Septiembre de 2026 14.08

Cecilia Paredes Verduga utiliza una imagen poderosa para explicar cómo la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) logró convertirse en la aliada estratégica del sector productivo ecuatoriano. "La universidad tuvo que bajar del ‘monte Olimpo’, de las montañas, para ir a los territorios donde ‘las papas queman’. No bastaba con que la sociedad nos conociera; era necesario que nos sintiera". 

La frase resume una transformación institucional. Para lograrlo, la Espol pasó de ser parte de los temas de conversación a entrar en la conversación. Eso quiere decir, explica Paredes, "sentarse con empresas, productores y comunidades para entender sus necesidades, aportar conocimiento aplicado y construir soluciones". 

Paredes cita dos resultados clave para dimensionarlo. Más del 90 % de los graduados (unos 1.300 al año) consigue empleo en el primer año y, por otro lado, la universidad levantó más de US$ 3,4 millones de la industria para proyectos de investigación en los últimos cinco años. 

"¿Sabes lo que es que una industria invierta en investigación?", pregunta. "No es fácil. Y eso se logra por la confianza. Los procesos de confianza se trabajan, se pilotean, se basan en una conversación honesta de expectativas", responde. 

Paredes concede la entrevista a Forbes Ecuador durante la pausa de Sostenia LATAM 2026, un encuentro organizado con el aval de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y el Ministerio de Ambiente y Energía. Allí, más de 40 empresas y organizaciones de los sectores corporativo, financiero y público muestran los resultados de investigaciones, productos y servicios, mientras que a través de charlas magistrales responden cómo generar valor en los mercados globales. 

Desde una sala reservada del Hotel Hilton Colon de Guayaquil, Paredes —la primera mujer en ocupar el Rectorado y que en 2027 culminará su segundo período— prefiere ir al origen para entender la transformación. Luce una blusa negra de mangas amplias con un detalle floral en uno de los hombros. Lleva gafas de montura oscura y el cabello recogido. Mientras habla gesticula con las manos, mira a los ojos y, cada tanto, sonríe. 

Menciona que, cuando era vicerrectora (2012-2017), uno de los primeros puentes fue crear la materia integradora, una iniciativa que convirtió los problemas reales del sector productivo en oportunidades de aprendizaje para los estudiantes. Se convirtió en una preparación práctica, que ayudó a desarrollar competencias de empleabilidad antes de que culminaran sus estudios.

La fórmula era sencilla: las empresas compartían sus desafíos, los estudiantes analizaban los problemas y desarrollaban propuestas de solución como parte de su proceso de titulación. Hoy, ese modelo genera casi 900 proyectos anuales, de los cuales el 70 % proviene de empresas pequeñas, medianas y grandes. 

"Necesitábamos esos problemas porque así validamos el perfil profesional de nuestros graduados. El estudiante aprende resolviendo situaciones reales", explica. 

Esa conexión temprana también fortaleció la relación con el mercado laboral. Las empresas conocen las capacidades de los estudiantes antes de contratarlos, mientras los jóvenes desarrollan habilidades técnicas y humanas que exige un entorno profesional cambiante. 

De la ciencia al campo 

Uno de los sectores donde esta alianza muestra mayor impacto es la agroindustria, una actividad estratégica para Ecuador. Desde sus centros de investigación, profesores, estudiantes e investigadores trabajan junto a productores para enfrentar desafíos que afectan la productividad.

Un ejemplo es el trabajo desarrollado desde el Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador (CIBE) frente a enfermedades que amenazan cultivos como el banano. A través de pruebas piloto con agricultores, la universidad desarrolla tecnologías que buscan ofrecer soluciones sostenibles y accesibles. 

La lógica es distinta a la investigación tradicional desconectada del territorio: primero se escucha al productor, se entiende el problema y luego se construye una respuesta científica. "No trabajamos pensando qué creemos nosotros que necesitan. Son las comunidades las que nos dicen cuáles son sus problemas y nosotros ponemos nuestras capacidades al servicio de esas necesidades", explica Paredes. 

Uno de los proyectos más emblemáticos se desarrolla desde el Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador (CIBE), donde investigadores trabajan con pequeños productores para enfrentar el hongo que amenaza las plantaciones de banano conocido como Fusarium Raza 4 Tropical (TR4), y que, una vez presente en un terreno, puede afectarlo sin que pueda utilizarse durante años. El centro de educación desarrolla tecnologías y pruebas piloto junto a agricultores para buscar alternativas que permitan mitigar ese riesgo y proteger uno de los principales productos de exportación del país.

La colaboración también se extiende a cadenas como el arroz y el maíz. A través de proyectos de extensión tecnológica, equipos multidisciplinarios de profesores, investigadores y estudiantes trabajan con productores para mejorar procesos agrícolas, incrementar la productividad y resolver problemas específicos detectados en las fincas, especialmente de pequeños agricultores que difícilmente podrían financiar investigación por cuenta propia. 

Esta visión incorpora conceptos como economía circular y sostenibilidad. Para la Espol, el reto no está únicamente en exportar materias primas, sino en generar mayor valor dentro de las cadenas productivas. "Tenemos que preguntarnos qué hacemos con lo que no se exporta, con lo que se desperdicia, con lo que puede transformarse en nuevos productos". 

La universidad entiende este modelo como una evolución de la tradicional triple hélice (empresa, academia y Estado) hacia una visión más amplia donde la sociedad ocupa un rol central. "Después tenemos que hablar con las personas, con la población, con quienes viven en los territorios. Una universidad pública de calidad tiene que preguntarse cómo aporta a la equidad, la inclusión y al desarrollo". 

Ese compromiso también se refleja en proyectos urbanos como Distrito 100, una iniciativa orientada a recuperar el centro de Guayaquil mediante innovación, emprendimiento y colaboración entre distintos actores. Cuenta con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. La rectora de la Espol menciona "¿por qué no hay empresas exitosas en sociedades fracasadas? Si queremos empresas fuertes, necesitamos trabajar también en construir una sociedad fuerte". 

La mirada hacia el futuro es ambiciosa y se centra en una Espol más conectada, que lidera ecosistemas de innovación y ayuda a posicionar a Guayaquil y a Ecuador como espacios capaces de generar conocimiento y oportunidades. "En conocimiento no tenemos nada que envidiar a las mejores universidades del mundo. Un graduado de Espol puede pararse frente a cualquier universidad internacional y competir. El desafío es construir el entorno para que ese talento se quede, crezca y transforme su país", afirma. 

Para Cecilia Paredes, el desarrollo no será resultado del esfuerzo aislado de una institución, sino de la capacidad de diferentes actores para trabajar juntos. 

Ese modelo de universidad conectada con las necesidades del país también comienza a reflejarse en el reconocimiento internacional. En la edición 2027 del QS World University Rankings, la institución ascendió al rango 901-950 entre más de 1.500 universidades evaluadas en 106 sistemas de educación superior, y se consolidó además como la universidad pública mejor posicionada del Ecuador. 

La mejora en indicadores como Reputación Académica, Sostenibilidad, Red Internacional de Investigación, Relación Profesor-Estudiante y Resultados de Empleo evidencia que la apuesta por una investigación aplicada no solo genera impacto en el territorio, sino que fortalece el posicionamiento global de la institución. Para la Espol, la excelencia académica deja de medirse únicamente por publicaciones o rankings, y se traduce en innovación, talento y soluciones para el país. (I)

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