Más que fútbol: la lección de management que deja el Mundial sobre carácter y competencia
En la cancha y en las tribunas, el torneo expone cómo la ambición, la humildad, la templanza y la colaboración pueden fortalecer equipos, organizaciones y comunidades.

Durante las próximas semanas, miles de millones de personas en todo el mundo, con idiomas, creencias y sistemas políticos distintos, pondrán la mirada en los mismos estadios, alentarán a sus jugadores y compartirán idénticos instantes de triunfo y frustración. 

La Copa Mundial de la FIFA es mucho más que un espectáculo deslumbrante o una competencia feroz. Es un fenómeno cultural excepcional que cruza fronteras, idiomas e ideologías. El fútbol es más que un juego: funciona como un espejo de la humanidad y expone el carácter de jugadores, equipos e hinchas, tanto en sus mejores gestos como en sus peores reacciones.

¿Por qué debería importarte? Porque el deporte, en su máxima expresión, inspira buena voluntad: ese vínculo social que permite que comunidades, instituciones y naciones funcionen mejor. La buena voluntad alimenta la confianza antes de que aparezca la certeza, supone buenas intenciones aun frente a las diferencias y reconoce la humanidad compartida incluso en medio de conflictos muy profundos.

Pero esto no queda solo en la teoría. Historias como la victoria de ensueño del Leicester City en 2016 y la serie documental Welcome to Wrexham muestran cómo el fútbol puede unir comunidades, inspirar esperanza e impulsar la buena voluntad. Y, por desgracia, también puede pasar lo contrario. 

Aunque se supone que el fútbol debe inspirar buena voluntad, el vandalismo expone qué ocurre cuando las virtudes que sostienen una competencia sana ceden ante emociones descontroladas, tribalismo y ego, y deja claro que no solo el carácter de atletas y equipos, sino también el de los hinchas, puede preservar o erosionar esa buena voluntad.

Por qué la buena voluntad resulta clave para la sociedad.

La buena voluntad suele verse como una idea abstracta, muchas veces confundida con la cortesía o con la simple generosidad. Sin embargo, resulta decisiva para que una sociedad funcione. Sin ella, las comunidades se fracturan por la desconfianza, las instituciones se debilitan y las naciones encuentran más obstáculos para cooperar. 

Diversas investigaciones muestran que las sociedades con mayores niveles de confianza y buena voluntad son más resistentes, colaborativas y mejor preparadas para resolver desafíos colectivos. El fútbol abre una oportunidad única para pensar cómo el carácter moldea nuestras decisiones, nuestras comunidades e incluso nuestro mundo.

La Copa Mundial de la FIFA, como todos los grandes eventos deportivos globales, representa un momento singular de atención colectiva. Es un espacio donde jugadores, hinchas y naciones revelan su carácter a través de sus acciones y decisiones. 

Por ejemplo, la buena voluntad que impulsa el deporte quedó muy bien retratada en la película Invictus, que mostró cómo el rugby ayudó a unir a Sudáfrica durante uno de sus períodos más divididos. Esto demuestra que el deporte puede actuar como motor de buena voluntad, pero solo si decidimos asumirlo de ese modo.

Los equipos se reúnen para competir con intensidad, pelean por la victoria en la cancha, pero también cuidan algo más profundo: la integridad, el espíritu y el sentido comunitario del deporte. El fútbol no se reduce a ganar; también implica honrar el juego, respetar a los rivales y aportar a una tradición compartida que supera las rivalidades individuales. Eso es lo que permite que el fútbol conserve su fuerza de unión y acerque a las personas más allá de sus diferencias.

El equivalente para organizaciones, comunidades y naciones está en priorizar el carácter junto con la competencia, para evitar que la disputa debilite la buena voluntad sobre la que se apoyan los sistemas. Por ejemplo, eso significa que las negociaciones para defender intereses deben respetar los principios de cooperación internacional, humanidad compartida y respeto mutuo. 

Así como los equipos protegen la integridad del deporte durante la competencia, las naciones deben administrar sus diferencias sin perder de vista el marco más amplio de estabilidad global y progreso colectivo que exige la buena voluntad.

La buena voluntad no es sentimentalismo ni una forma de negar las diferencias. Más bien, expresa la fortaleza de carácter que nos permite superar el interés propio y comprender la profunda conexión que existe entre nuestro bienestar y el de quienes nos rodean. Me impactó especialmente la descripción que hizo la astronauta de Artemis II, Christina Koch, sobre la diferencia entre equipo y tripulación, una idea que desarrollé en mi artículo de Forbes "Del trabajo en equipo a la tripulación: lo que Artemis II revela sobre el carácter".

Ahí, explicó qué significa ser una tripulación y cerró con una frase contundente: "Planeta Tierra, sos una tripulación", afirmó. Como señalé en ese artículo, asumir lo que implica formar parte de una tripulación exige desarrollar fortaleza de carácter, y lo mismo puede decirse del deporte.

Los equipos se reúnen para competir con intensidad, pelean por la victoria en la cancha, pero también cuidan algo más profundo: la integridad, el espíritu y el sentido comunitario del deport (Imagen creada con IA)

El papel del carácter en el fútbol y la sociedad

El carácter es decisivo para que el fútbol inspire buena voluntad. En mi serie de artículos de Forbes sobre el carácter, exploré las virtudes que permiten prosperar a personas y organizaciones: cualidades como el coraje, la humildad, la integridad, la humanidad y la trascendencia.

El artículo "La anatomía de la grandeza: el carácter es el factor X" revela que, aunque la competencia resulta esencial, por sí sola no garantiza una excelencia sostenida e incluso puede obstaculizarla si se apoya en un carácter desequilibrado y termina por afectar el juicio.

Aunque el carácter es uno de los campos de estudio más antiguos, con raíces que llegan hasta Confucio, Aristóteles y Platón, todavía existe una marcada confusión sobre qué significa y cómo puede expresarse en vicios por defecto o por exceso, como describo en mi artículo de Forbes "Abordando la crisis del liderazgo basado en el carácter". Para ayudar a las personas a cerrar la brecha entre sus buenas intenciones sobre el carácter y la realidad de cómo desarrollarlo e incorporarlo en las organizaciones, propuse "De bueno a excelente: 10 maneras de elevar tu coeficiente de carácter".

Las principales conclusiones de este trabajo muestran que el carácter está formado por once dimensiones conectadas entre sí, con el Juicio, lo que Aristóteles llamó sabiduría práctica, como fuerza integradora que las articula. Sin embargo, Aristóteles también advirtió que una fortaleza, sin el respaldo de otras dimensiones, puede derivar en un vicio por exceso, un desafío habitual en el deporte.

El fútbol también une en casa: entre amigos y familia, el aliento se transforma en buena voluntad. (Foto: Ilustración creada con IA).

Para los atletas, las virtudes asociadas a la motivación, como la búsqueda de la excelencia y la orientación a resultados, pueden transformarse en una visión de túnel y en un perfeccionismo excesivo. Si esas tendencias no se equilibran con humildad y colaboración, pueden dañar tanto su propio bienestar como el esfuerzo colectivo del equipo. 

Para los hinchas, la pasión asociada a la motivación puede caer en fanatismo cuando no cuenta con el apoyo de la templanza, la humanidad y la justicia. Ese desequilibrio alimenta comportamientos destructivos como el vandalismo y deja en claro la importancia del carácter como fuerza estabilizadora en el deporte y en la sociedad.

Las 11 dimensiones interconectadas del carácter

Profundicemos en las 11 dimensiones interconectadas del carácter y en cómo se manifiestan en el fútbol:

  1. Motivación: la búsqueda incansable de la excelencia define a los mejores jugadores y equipos. La motivación impulsa la ambición, pero, en exceso, puede derivar en una mirada limitada o en perfeccionismo. Con el respaldo de otras dimensiones, inspira objetivos colectivos, como la histórica victoria del Leicester City en la Premier League de 2016, alcanzada gracias al esfuerzo y la colaboración.
  2. Colaboración: el fútbol se apoya en el trabajo en equipo, desde los movimientos coordinados de los jugadores hasta la planificación estratégica de los entrenadores. La falta de colaboración genera rendimientos irregulares, como se vio en las dificultades de la selección francesa durante el Mundial de 2010. La buena voluntad se sostiene en la colaboración, cuando jugadores y cuerpo técnico trabajan juntos para alcanzar un éxito compartido.
  3. Humanidad: la humanidad es la base de la capacidad del fútbol para conectar a las personas. La serie Welcome to Wrexham muestra cómo este deporte puede unir comunidades y dar esperanza. La humanidad nos recuerda experiencias compartidas, como la emblemática "emoción de la victoria y la agonía de la derrota", que hacen del deporte algo significativo y cercano a la vida.
  4. Humildad: la humildad evita que el ego opaque el éxito colectivo. Momentos como el de Lionel Messi, al reconocer el mérito de sus compañeros después de ganar el Balón de Oro, son un ejemplo claro. La falta de humildad aparece como arrogancia, capaz de fracturar equipos y alejar a los hinchas. Además, erosiona la buena voluntad.
  5. Integridad: la integridad sostiene la capacidad del fútbol para inspirar confianza y respeto. Cuando jugadores, entrenadores y organizaciones actúan con transparencia y autenticidad, elevan el deporte más allá de la simple competencia. La falta de integridad conduce a escándalos como el arreglo de partidos, y una rigidez excesiva puede limitar la adaptación.
  6. Valentía: la valentía permite que los jugadores enfrenten los desafíos de frente. Se ve en momentos como el de un futbolista antes de patear un penal decisivo bajo una presión enorme. La valentía impulsa la buena voluntad al inspirar acciones orientadas a un cambio positivo, como la oposición al racismo.
  7. Responsabilidad: la responsabilidad supera el interés propio y alcanza a grupos cada vez más amplios. Ese era parte del mensaje de Koch sobre el planeta Tierra como una comunidad. El documental de Wrexham revela una responsabilidad que excede a los jugadores y al equipo, y alcanza también a la comunidad. Clubes como el FC Bayern Munich, que admitió públicamente errores financieros y tomó medidas correctivas, muestran responsabilidad. La falta de responsabilidad erosiona la confianza y debilita el potencial unificador del deporte.
  8. Templanza: la templanza es la virtud de la moderación y aparece cuando los jugadores mantienen la calma bajo presión. El célebre cabezazo de Zinedine Zidane en el Mundial de 2006 ejemplifica la falta de templanza, aunque un exceso de contención también puede apagar la pasión. Entre los hinchas, el vandalismo que debilita la buena voluntad expone una falta notable de templanza.
  9. Justicia: la justicia inspira equidad e igualdad. Campañas como Kick It Out combaten el racismo y la discriminación, y la desigualdad en la inversión entre el fútbol masculino y el femenino deja en evidencia la necesidad de justicia. La buena voluntad aparece cuando la justicia garantiza el acceso para todos.
  10. Trascendencia: la trascendencia eleva el fútbol más allá del simple entretenimiento y lo transforma en una fuerza de cambio social, como se ve con claridad en la película Invictus. Iniciativas como Street Football World usan el fútbol para unir comunidades y educar a los chicos, una muestra concreta de trascendencia en acción.
  11. Juicio: el juicio es la sabiduría práctica que sostiene decisiones y acciones. La intervención de Nelson Mandela ante la comisión deportiva, tal como muestra Invictus, cuando los invitó a revertir la decisión de eliminar el nombre y los colores verde y dorado del equipo de rugby Springbok, considerados un símbolo del apartheid, es un ejemplo de juicio basado en el carácter. No solo revela la fortaleza del juicio, sino también un juicio apoyado en las otras diez dimensiones, incluida la trascendencia que invocó para "construir una nación con cada ladrillo disponible, aunque venga envuelto en verde y dorado".

La buena voluntad en el fútbol es una expresión visible del carácter que encarnan jugadores, equipos, hinchas y organizaciones. Es el vínculo concreto entre el carácter y el impacto social más amplio del deporte. En el contexto futbolístico, la buena voluntad aparece en gestos de deportividad, iniciativas para fortalecer a la comunidad y momentos en los que el juego supera la cancha para inspirar unidad y esperanza.

Cuando los jugadores muestran humildad al reconocer a sus compañeros, valentía al plantarse contra el racismo o humanidad al impulsar el cambio social, generan una influencia positiva que llega mucho más allá del estadio.

La buena voluntad en el fútbol es una expresión visible del carácter que encarnan jugadores, equipos, hinchas y organizaciones (Imagen creada con IA)

La decisión que tenemos por delante

El fútbol nos recuerda la conexión entre el carácter individual y el impacto colectivo. Como hinchas, jugadores y comunidades, podemos elegir cómo actuar. ¿Vamos a alimentar la división o a impulsar la buena voluntad? Así como los atletas entrenan para alcanzar la excelencia, también podemos cultivar el carácter en nuestra vida cotidiana. Al fortalecerlo, contribuimos a construir buena voluntad.

En tiempos de polarización cada vez más profunda, la buena voluntad puede sonar antigua o ingenua. No es ni una cosa ni la otra. La buena voluntad es la base para resolver problemas que ningún individuo ni ninguna nación puede enfrentar por sí solos. 

Fortalece relaciones, comunidades e instituciones. Cuando avanza la Copa Mundial, aparece un recordatorio contundente: nuestros mayores logros no dependen solo del talento o la competencia, sino del carácter que nos define y de las decisiones que tomamos para impulsar la buena voluntad.

Cuando veas los partidos, pensá en los momentos de triunfo y decepción. Observá cómo el carácter, el tuyo y el de los demás, influye en los resultados, tanto dentro como fuera de la cancha. Y, sobre todo, preguntate: ¿cómo vas a comportarte?

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com