En la Universidad San Francisco de Quito hay una regla que, para mucha gente pasa inadvertida, pero que resume toda una filosofía educativa. Aquí no se usan títulos. Profesores, decanos y estudiantes se llaman por su nombre. Nadie es “doctor”, no hay “usted”. Hay conversación, dice a Forbes Ecuador Santiago José Gangotena, decano de Artes Liberales de la USFQ.
No es un gesto de informalidad, es una declaración de principios: “Nuestra convicción es formar personas capaces de dialogar, disentir, negociar y convivir”.
Hoy a eso se llama “habilidades blandas”. No se enseñan con manuales ni se miden con exámenes, sino en las relaciones cotidianas.
Santiago José Gangotena es un académico que creció literalmente dentro de la universidad. Tiene 41 años y dos hijos. Su padre fundó la USFQ cuando él tenía apenas cuatro años.
Estudió en el Colegio Americano, pasó por la Academia Cotopaxi y se graduó en el Menor. Era un niño al que le gustaba la lectura. Emilio Salgari, Las aventuras de Sandokan, Julio Verne, Robinson Crusoe entre otros. Luego llegaron los libros de ciencias sociales y economía. “Me enamoré del mundo de las ideas”.
Entró a la universidad a estudiar Física. Estudió en Tufts University, en Boston, EE.UU. Aplicó a tres programas doctorales, pero no fue aceptado. “Volví a Quito, frustrado, a dar clases”.
Ese regreso le permitió descubrir su pasión por la economía. Hizo una maestría en Economía Ambiental en North Carolina State University y luego un PhD en George Mason University. Desde 2021 es decano de Artes Liberales de la USFQ.
¿Qué son realmente las habilidades blandas y cuál es su importancia en el sistema educativo?
Primero, es un mal nombre. No tienen nada de blandas. Son las más duras y las más difíciles de automatizar. En las artes liberales vienen de la mano desde hace 2.500 años. Son parte integral de esta filosofía educativa.
¿Por qué están tan ligadas a las artes liberales?
Porque las artes liberales son una filosofía de educación que ha sobrevivido siglos, como la democracia, el budismo o el cristianismo. Nacen como una reacción al sofismo, que decía que solo había que enseñar gramática y retórica para convencer, sin importar la verdad. La gran innovación de las artes liberales fue incorporar la lógica, que es pensar bajo un set de reglas externas para razonar, resolver conflictos y convivir.
¿Por qué son esenciales en la educación superior?
Porque la universidad es la última institución, en términos cronológicos, que tiene la oportunidad de inculcar estos valores, junto con la familia y el colegio. Después de eso, ya sales al mundo.
¿De qué valores hablamos?
Del respeto a la dignidad de un tercero. Imagina dos cavernícolas frente al cuerpo de una gacela, pueden pelear, ejercer violencia o negociar. ¿Qué se necesita para negociar? Gramática, lógica y retórica. Tenemos que poder hablar, convencer bajo reglas y reconocer valores negociables. Las artes liberales plantean que para tener una sociedad que se gobierne a sí misma, donde los valores son descubiertos a través de la negociación, de la convivencia social. [MdPC1] Estas habilidades llamadas blandas no son solo necesarias en el entorno laboral, sino para tener sociedades libres donde los individuos valen por su propia dignidad.
¿Qué habilidad blanda hace más falta hoy en los estudiantes?
Cambian de generación en generación. Hoy, por ejemplo, muchos jóvenes evitan la interacción humana, piden todo por aplicaciones. Entonces, antes que trabajo en equipo, necesitan aprender a conversar, a enfrentar el conflicto.
¿La universidad fomenta estas habilidades desde la malla académica?
Es transversal. Donde es difícil el manejo de ciertas habilidades como el trabajo en equipo, es cuando tenemos gran diversidad. Por ejemplo, cuando un economista se sienta con un músico, un periodista o un físico, es decir, se enfrentan a distintas formas de ver el mundo. Tengo un hermano músico, si no me pongo en sus zapatos, no puedo dialogar con él. Eso es una habilidad blanda.
¿Cuáles son las más básicas?
La comunicación disciplinada por lógica, porque uno no es dueño de la verdad. También la capacidad de asombrarse. Como hay tanta exposición por las redes sociales, aunque no se sabe si son fiables o no, ya nadie se asombra. Los jóvenes de ahora vivieron encerrados mucho tiempo por la pandemia, entonces hay que sacarles de su zona de confort, sin estar enfocados en el aquí y el ahora; con la lectura de un libro de historia clásica lo intentamos y en la mayoría de veces lo logramos.
¿Cómo se traduce esto en la práctica universitaria?
En lo que llamamos “los requisitos de distribución”. Todos los estudiantes deben tomar materias en cinco ramas: artes, matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades. La habilidad blanda surge en contextos reales, con personas cuyos objetivos no son los míos.
¿Es enseñar a saber ser, saber hacer y convivir?
Exactamente, y eso no es algo que se aprende con un papel, sino por medio de las artes liberales. Se aprende con trabajo en equipo, comunicación efectiva… Ser asertivo es parte de la práctica en un contexto distinto al tribalismo de la profesión.
¿Esto es parte de la filosofía institucional?
Totalmente. Existe lo que llamamos “el currículo escondido”. Por ejemplo, no usamos títulos, nos llamamos por el nombre, nos tratamos de “tú”. Eso rompe jerarquías en una sociedad como la nuestra, en donde las diferencias y desigualdades son tan grandes; es importante saber que todos en conjunto estamos buscando el conocimiento. Los estudiantes no son pasivos, son activos.
¿Cómo influye esto en el liderazgo de los egresados?
Curiosamente, una de las principales quejas de los empleadores es también nuestro mayor orgullo: los estudiantes llegan a una empresa creyendo que pueden hacerlo todo. No por arrogancia, sino por confianza. Quieren liderar porque sienten que están preparados. Eso no viene de lo técnico, viene de las habilidades blandas y de inculcarles el currículo escondido. En otras universidades esto no pasa, porque manejan un enfoque más técnico. Desde el inicio les inculcamos adaptabilidad.
¿Cómo se reflejan ya en la vida profesional?
Son solucionadores de problemas, no solo aplicadores de técnicas. Además, los intercambios internacionales y la exposición cultural los vuelven más críticos, más exitosos. El conjunto fundamental de las artes liberales es desarrollar el criterio. Deben tomar clases obligatorias para eso. Por ejemplo, de cómo se mueve el universo, cómo funciona la mente, la sociedad, la economía. También les enseñamos cultura gastronómica. Los volvemos ciudadanos del mundo.
¿Qué le diría a un joven estudiante que quiere desarrollar estas habilidades?
Que haga amigos, que aprenda el arte de conversar, a mí me costó full. Hay que enfocarse en lo que dice el otro y no solo en lo que yo quiero escuchar. Por eso es importante mirarse a los ojos.
¿La tecnología está afectando a estas habilidades?
Sí, hay un deterioro. Hay estudios que relacionan a las redes sociales con el aumento de ansiedad y de depresión. No estoy en contra de la tecnología, pero debe tener tiempo y lugar. Un día mandé a investigar en un libro físico y lo que más les sorprendió a los alumnos fue que no había “search”. No sabían qué era un índice. La exploración también es una habilidad blanda.
Entonces, ¿qué hacer?
Integrarlas al currículo sin evaluarlas directamente. Y también en casa tener tiempo de calidad sin pantallas. Algunos colegios están estableciendo limitaciones al uso de celulares y tabletas en horas de clases. En Suecia está eliminada por completo la tecnología en las aulas.
¿Cuán importante es en la educación superior este sistema?
Es importantísimo, no solo para el desarrollo profesional, sino como ser humano. Tener confianza de hacer y emprender; eso lo vemos claramente en el sistema estadounidense, versus el europeo que es más técnico. Muchos de los grandes fundadores de empresas tecnológicas vienen de universidades de artes liberales.
Si tuviera que nombrarlas de otra manera, ¿cómo las llamaría?
Formación para ser una persona integral. Aprender a convivir, a ser feliz o triste, a dialogar, a resolver conflictos con palabras, mediante una conversación y persuasión y no con violencia. El primer paso es saber que no estoy solo en mi búsqueda de ser una mejor persona. No estamos hablando de herramientas, son la base para una vida plena. (I)
Esta nota se publicó originalmente en nuestra edición impresa número 28 febrero /marzo 2026. ¡Tú también puedes ser parte del mundo Forbes!
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