Hace más de 20 años la multinacional de logística DHL inauguró, en una open house, sus nuevas oficinas en la avenida República, en Quito. Boris Aguirre era su gerente comercial y tenía la tarea de hablar sobre las innovaciones en los procesos, la tecnología implementada y la trazabilidad. Que todo estuviera en perfecto orden, era el mensaje a posicionar.
El gran acto central terminó con la típica interrogante: "¿Alguna pregunta?".
Una mano se levantó desde el fondo. Era la de una chica de 19 años, recepcionista de una petrolera estadounidense, cliente de DHL. "¿Por qué si tienen toda esta tecnología me perdieron mi paquete?", dijo con inocencia y honestidad.
No se sabe quién quedó mal. Boris ante sus clientes o María Paulina Romo, ante un salón "lleno de señores con corbata". Ninguno tampoco imaginaría, en ese momento, que años después de ese primer encuentro, llegarían a ser socios, esposos y coautores del libro De la Cama al Escritorio. Está previsto que salga a la venta la primera semana de diciembre, primero en Amazon en versión digital, y se presentará de forma física en la sede de Grupo Entregas, en Quito.
Los ingresos por las ventas del texto van destinados a crear un fondo de capital ángel para emprendedores vulnerables. "Es nuestra forma en que el libro genere algo más allá de los aprendizajes que contamos en las páginas", dicen los dos empresarios.
Los capítulos de inicio
Su historia no empieza con la fundación de Grupo Entregas, que actualmente es el único grupo logístico certificado como empresa B en Ecuador, con más de 300 empleados directos y un cierre proyectado para 2026 de aproximadamente US$ 23 millones, según Romo. Y es que llevan 18 años juntos en el negocio, pero 20 en pareja.
Después del incidente del reclamo del paquete perdido no se volvieron a ver. No hubo contacto, ni un mail, ni nada. María Paulina escaló rápido en la parte financiera del sector petrolero. Boris siguió en DHL, donde trabajó 21 años, con responsabilidad sobre siete países latinoamericanos.
Pasaron al menos dos años y la mejor amiga de Paulina en la universidad, con quien comparte nombre, la invitó a un almuerzo familiar. Cuando entró al comedor vio una cara conocida, la de Boris. El ejecutivo al que le preguntó por su paquete era el hermano de Pauli… "¿Qué haces aquí?", le preguntó.
Pero pasaron dos años más para que un sábado en la mañana, después de una fiesta, María Paulina se quedara a dormir en la casa de su amiga, se despertara con sed, caminara hacia la cocina y en vez de encontrar el vaso de agua, se asustara con "una pierna peluda asomando por la puerta".
Pensó lo peor. "Hay un tipo en tu cocina", le dijo a su amiga. La respuesta la descolocó, "Es mi hermano Boris, que está separándose de su mujer y se está quedando en mi casa". Regresó a la cocina. Él estaba en short y camiseta. "Ese día hablamos larguísimo", recuerda ella.
Comenzaron a salir en 2006, pero sin etiqueta. María Paulina estaba a punto de irse a estudiar a Estados Unidos. Boris acababa de salir de un matrimonio largo. Los dos acordaron quedar así. Ocho meses después, en una conversación que duró hasta las cuatro de la mañana, decidieron que ya no podían seguir siendo ambiguos. "Si vamos a tomarnos un chance, tomémoslo en serio".
Fue en conversaciones largas, de frente y sin rodeos, donde trazaron también todo lo demás: quedarse en Ecuador, construir una casa, tener un hijo y un negocio propio. Los cuatro acuerdos que hoy son el eje de su libro.
El negocio propio
El emprendimiento llegó por una cadena de coincidencias que ellos llaman "diosidencias". Era 2008, Boris acababa de salir de DHL, de viajar de lunes a viernes, los últimos siete años. María Paulina venía de cerrar su primer emprendimiento, una galería de arte y centro cultural en Cumbayá que no fue rentable, y había regresado temporalmente a la casa de sus padres.
Un grupo de amigos los invitó a revisar una compañía de logística que querían vender. Tenía dos empleados, US$ 40.000 en deudas, cuatro años en el mercado. "Estaba quebrada", dijo María Paulina con la misma precisión con la que alguna vez revisó balances en el sector petrolero.
Los vendedores le propusieron contratarla para administrar la compañía. Ella negoció diferente. "Les dije que yo me comprometía a dejarles la compañía en números azules hasta diciembre y que no me paguen un salario". Con ese trabajo compró el 25 % de acciones de una empresa que con mucho esfuerzo estaba saliendo a flote y que ya presentaba márgenes pequeños de utilidad.
Con una parte de la liquidación de Boris de DHL compraron el otro 25 %. Entre los dos tenían el 50 %, con una inversión que no superó los US$ 5.000. Boris entró formalmente a la compañía en febrero de 2010, después de un año en otro proyecto.
Fue una época de muchos retos, angustias e incertidumbres. Construir una compañía, la transición del negocio, rechazar algunas propuestas… "Todo lo que conlleva emprender", explica Boris. Por eso, en aquella época se acercó ansioso al escritorio de María Paulina y le propuso venderle sus acciones. Para ella fue como si le cayera un baldazo de agua fría encima.
Pero como ya se conocían bien, y la comunicación entre los dos siempre fue uno de sus aciertos. Como es su costumbre, conversaron y trataron de disminuir la ansiedad de emprender, apoyándose el uno en el otro.
En uno de esos momentos complejos, subiendo por el barrio de Guápulo, Boris señaló una casa y le preguntó a María Paulina si sabía qué había ahí, donde la gente hacía fila. Ella le respondió que vivía una bruja famosísima. Decidieron entrar.
Boris, escéptico, nunca había visitado a nadie así. Entraron. La cola era larga. Cuando la señora los vio, les aseguró que les iría muy bien si se juntaban. Les hizo preguntas sobre sus habilidades e identificó el conocimiento del inglés y de los números de María Paulina. A Boris le señaló que tenía muchos contactos y conexiones en el ámbito de la logística, ya que era lo que había hecho toda su vida.
"Si se juntan, eso va a ser potente. Ahora, si se separan, será por siempre", sentenció. Les hizo meter las manos en una pecera llena de arroz, simbolizando la abundancia y la prosperidad y cerró con una instrucción, "Nunca más vuelvan".
Nunca lo hicieron. Pero esa visita les permitió tomar decisiones, tener claridad sobre sus objetivos y el camino que seguirían.
Pasaron los años y su hijo, Luciano, nació en uno de los momentos más duros de la empresa. Salían de la oficina a las seis de la mañana de tanto trabajar. María Paulina estaba con la panza grande, embarazada de ocho meses, y el bebé todavía no tenía nombre. En todos los ecos lo llamaban Alejandro.
Una madrugada, agotados, encontraron en un libro de nombres la definición que los detuvo, "el ser que trae luz". "Nos quedamos viendo y dijimos, así se va a llamar, Luciano".
"Definitivamente es luz para nosotros", dice su madre. Hoy, adolescente, fue él quien insistió en que el lanzamiento del libro tenía que ser en la sede de la empresa. "Tienen que ser en Grupo Entregas, si esta es su historia", les dijo a sus padres.
El libro que enseña
De esa historia se desprende el nuevo libro. Los temas son los que nadie suele hablar en pareja como el ego, los acuerdos, los roles en la casa y en la oficina, los valles del emprendimiento, los silencios que no incomodan. "No es una fórmula de pareja perfecta", aclara Paulina. "Hay días de bronca, de incertidumbre, de querer dejarlo todo. También hemos llorado diciendo que vamos a tener que cerrar la compañía".
El libro, dicen, es para emprendedores y para parejas que trabajan juntos. "Siempre se van a sentir solos en algún momento, el camino del emprendedor es duro, pero si a eso le sumas a tu pareja". Boris hace una pausa y con una sonrisa dice, "una pena compartida es menos pena".
El texto tiene nueve capítulos. Cada uno abre con un poema escrito por María Paulina, "una forma de comunicarme con Boris es con dedicatorias", y una fotografía tomada por Boris desde su celular, el único aparato que lo acompaña a todas partes y con el que retrata lo que ve en el trabajo, en la calle, en la vida cotidiana.
El arte atraviesa el libro de principio a fin, así como los volvió a unir, antes de casarse, cuando Boris compraba cuadros de la galería de María Paulina, sin siquiera verlos. "No te preocupes. Elige la obra que más te guste y yo voy a comprarla", le decía. Ahora esos cuadros están decorando su casa.
Es parte de la esencia que la pareja ha decidido dejar como huella propia en las páginas de De la Cama al Escritorio. Pero sin duda, la regla con la que cierran esta entrevista con Forbes Ecuador, que no es financiera ni operativa, es la clave de sus individualidades. "Nunca te dejes de gustar con tu pareja", dicen. "Porque el momento en que dejas que la cotidianidad te embargue, generas una fricción en la comunicación sin darte cuenta. Olvidas que de ese amor completamente puro no hay jerarquías, no hay uno que manda al otro". (I)