Elaboran whisky como un vino: cómo es la técnica francesa que promete ahorrar años de crianza
Pancho BarreiroEditor
Pancho BarreiroEditor
En el mundo del whisky, los años de crianza suelen ser uno de los principales indicadores de calidad, prestigio y precio. Sin embargo, una destilería francesa ubicada en las afueras de Burdeos, una de las regiones vitivinícolas más famosas del mundo, está desafiando esa tradición con una propuesta poco convencional: elaborar whisky utilizando técnicas de la producción de vinos y conseguir, según sus responsables, resultados comparables a los de destilados que pasaron varios años más en barrica.
Se trata de Maison Lineti, un proyecto fundado por Magali Picard, ingeniera química y doctora en Enología, y Alex Cosculluela, que decidió trasladar conocimientos de la industria vitivinícola a la elaboración de whisky. Su principal innovación consiste en intervenir sobre el proceso de fermentación, mucho antes de que el destilado llegue a las barricas de madera donde tradicionalmente desarrolla buena parte de su complejidad.
Después de varios años de investigación y de atravesar una crisis financiera que estuvo a punto de terminar con el proyecto, la destilería acaba de lanzar sus primeros whiskies en el Reino Unido, con etiquetas de apenas tres años y medio de crianza y precios que comienzan en unas 50 libras esterlinas (US$ 67).

La principal diferencia de Maison Lineti aparece durante la fermentación. Mientras que en la elaboración de muchos whiskies este proceso suele durar entre dos y tres días, los franceses lo extienden durante una semana, con el objetivo de favorecer el desarrollo de compuestos aromáticos antes de la destilación.
Para ello utilizan siete grandes recipientes de hormigón con forma de huevo, similares a los que emplean algunas bodegas. Su geometría favorece el movimiento natural del líquido, mientras que el material contribuye a mantener temperaturas estables durante la fermentación.
Además, el líquido permanece durante dos semanas en contacto con las lías, los restos de levaduras que quedan después de fermentar y que pueden aportar textura y complejidad aromática. Se trata de una práctica conocida dentro de la industria vitivinícola, especialmente en la elaboración de determinados vinos blancos y espumosos.

A estas técnicas se suma la fermentación maloláctica, otro procedimiento habitual en la elaboración de vinos mediante el cual determinadas bacterias transforman el ácido málico en ácido láctico. En Maison Lineti buscan aprovechar este proceso para conseguir una textura más cremosa y un perfil aromático diferente.
La afirmación más ambiciosa de Maison Lineti es que su metodología permitiría reducir entre dos y cuatro años el tiempo necesario para obtener determinados perfiles. En lugar de depender principalmente de la interacción prolongada entre el alcohol y la madera, los responsables del proyecto buscan generar una mayor diversidad de aromas y texturas desde el comienzo de la elaboración.
Sin embargo, la reducción de los años de crianza es una estimación de la empresa y no una equivalencia demostrada de manera independiente. Tampoco significa que el whisky pueda prescindir completamente de la barrica: la legislación europea exige un mínimo de tres años de maduración en madera para comercializar un destilado bajo esa denominación.

La cuestión tiene, además, una dimensión económica. Cada año que un whisky permanece en barrica implica costos de almacenamiento, capital inmovilizado y pérdidas por evaporación, un fenómeno conocido como la parte de los ángeles. Reducir ese período permitiría disminuir los costos de producción y acelerar la llegada de nuevas etiquetas al mercado.
Para Leandro Azin, enólogo y creador de Auro Whisky y A Corazón Abierto Wines, la utilización de técnicas propias de la industria vitivinícola en la elaboración de whisky no es una novedad. "Hace muchos años que se aplican procedimientos similares, especialmente durante la fermentación. Hay productores que fermentan en barricas e incluso algunos que trabajan con el grano entero, aunque después resulta más complicado separarlo del líquido", explica el enólogo. En ese sentido, considera que la utilización de huevos de hormigón por parte de Maison Lineti representa una variante de prácticas que ya existen en la industria.
Sin embargo, Azin pone reparos a la promesa de reducir varios años de crianza. "Con estas técnicas podés conseguir un whisky equilibrado, con aromas, cuerpo y textura, pero hay características que sólo se desarrollan con el tiempo en barrica, sobre todo la complejidad. La fermentación puede aportar mucho, pero no reemplaza la crianza y maduración del tiempo". El enólogo reconoce que todavía continúa estudiando y experimentando con estos procesos en sus propios whiskies.
El camino hasta el lanzamiento comercial no fue sencillo. En julio de 2025, Maison Lineti entró en liquidación después de que su principal inversor retirara su apoyo financiero, una situación que puso en riesgo varios años de investigación. En marzo de 2026, la llegada de un empresario francés del sector del ultralujo, vinculado con la alta relojería y la joyería, permitió recuperar el proyecto. Aunque su identidad no fue revelada públicamente, actualmente es el principal accionista de la marca.

La destilería acaba de presentar en el Reino Unido sus primeras tres etiquetas de single malt, todas con aproximadamente tres años y medio de maduración. La línea está encabezada por Calibre No1, y se completa con Complication No1 y Complication No2, dos ediciones limitadas de 850 y 750 botellas, respectivamente.
El objetivo de sus creadores no es reemplazar los whiskies de larga crianza, sino demostrar que existen otros caminos para desarrollar complejidad aromática y personalidad. Una propuesta que, después de décadas en las que la cantidad de años en barrica se convirtió en uno de los grandes argumentos de venta del whisky premium, plantea una pregunta: ¿un buen whisky sí o sí tiene que "ser viejo"?