La explosión musical que sintió en la espalda fue como un pulso eléctrico inesperado. Se dio vuelta y vio un edificio corporativo de líneas rectas que lanzaba destellos blancos y violetas, como si intentara hablarle con sus luces y sonidos intermitentes. De inmediato, otros ruidos atrajeron su atención desde el lado opuesto, donde hasta hacía un instante todo estaba en silencio. Diversas formas iluminaron el cielo oscuro, recortando la silueta de los edificios, que durante el día imponían su presencia y que ahora, en la noche, parecían desdibujarse. Las luces danzaban y pintaban el cielo, como una sinfonía enorme y colorida.
Hong Kong de noche es un espectáculo que vale la pena ver. Las luces crean una escena que parece de otro mundo, mientras los aromas intensos de la comida callejera flotan en el aire y completan la experiencia. Esa combinación activa tres sentidos al mismo tiempo y despierta en los otros dos, el tacto y el gusto, un deseo inevitable: probar esos platos que están a la altura del entorno.
Para una joven italiana de 18 años, aquella fue una experiencia extraordinaria. Pero lo más llamativo era que venía de un pequeño pueblo de la Toscana llamado Santa Brígida, con menos de 1.000 habitantes, y era hija de padres muy protectores. Además, todos esperaban que empezara a trabajar de inmediato en el negocio familiar de vinos, ya que había crecido en la finca principal, Castello del Trebbio, ubicada en ese mismo pueblo.
Pero sentía la necesidad de encontrar su propia identidad. Por eso, les dijo a sus padres que no se sumaría al negocio familiar del vino y que quería recorrer el mundo, con paradas en ciudades como Londres y Hong Kong. Sin embargo, después de haber vivido en lugares fascinantes, volvió y retomó su vínculo con el vino. Esta vez, con una convicción clara: no quería apoyarse en la fama de sus padres. Buscaba su propio camino. Quería construir algo distinto, asumir un desafío que la movilizara, y esa idea la cargó de una energía electrizante.
Elena Casadei
Aunque Elena Casadei había conseguido una oportunidad laboral en Hong Kong, su madre la llamaba seguido para que volviera y probara suerte en la bodega familiar. Elena aceptó con la idea de que sería algo temporal, hasta encontrar una carrera que realmente la representara. Iba a pasar una vendimia trabajando en la finca. Si bien se había criado en el antiguo castillo de Trebbio, decidió vivir en Florencia, a veinte minutos de allí, para mantener cierta independencia. De todos modos, admite que sus padres siguen enterándose de todo a través de una red de amigos y familiares.
Pero algo inesperado ocurrió. Descubrió una cara del vino que nunca había imaginado. Hasta entonces, pensaba que era una pasión antigua y tradicional, reservada a quienes vivían en entornos rígidos y lejanos a su generación. Durante la vendimia, compartió el trabajo con otros jóvenes que se habían sumado por puro entusiasmo. Aunque fue una tarea exigente, también fue muy gratificante: le permitió conectarse con personas de su edad que le mostraron un costado joven y vital del mundo del vino.
Elena quedó atrapada por ese universo. Aquella determinación que antes la había llevado a recorrer el mundo encontró ahora una nueva dirección: quería crear sus propios vinos.
El Anfore
Quería demostrarles a sus padres que no era una chica ingenua. No le alcanzaba con trabajar en la bodega familiar: quería entregarse por completo, durante años, a un nuevo proyecto que mostrara otra forma de interpretar los viñedos de su familia. Pero no sabía por dónde empezar. Entonces, se acercó con humildad a su padre para pedirle un consejo. Él le sugirió que, si realmente quería involucrarse en la elaboración del vino, empezara a trabajar con ánforas, unas vasijas de terracota que había traído de Georgia, un país que elabora vino en ánforas desde hace al menos 8.000 años. @@FIGURE@@
Elena se propuso dedicar varios años a trabajar con ánforas, fermentando uvas de distintos viñedos de las fincas familiares: Castello del Trebbio, Terre di Romena, Casadei y Olianas. Todas forman parte de la empresa Famiglia Casadei. Tres están en la Toscana. Castello del Trebbio es la finca principal y también la residencia de la familia. Terre di Romena, en la zona de Chianti Rufina, se encuentra en un área de clima más fresco. Casadei, en Suvereto, está ubicada en una región de alta calidad para vinos de Burdeos con Sangiovese, que incluso cuenta con la máxima denominación de origen para este tipo de vinos, y representa una alternativa más accesible que Bolgheri. La cuarta finca, Olianas, está en el sur de Cerdeña. @@FIGURE@@
Elena quería comprender a fondo el vino y, en particular, cómo las ánforas podían resaltar la esencia de la zona y la pureza de cada variedad. No le interesaba usar esa técnica para obtener vinos con una extracción excesiva ni con sabores forzados. Por eso, decidió aprender a través de sus propios ensayos, trabajando durante años con distintas variedades de uva de su finca y en parcelas diferentes. Primero identificó qué combinaciones realzaban mejor la pureza del vino. Después, eligió las uvas que fermentaría en ánforas. Tampoco quería sumar componentes que alteraran el sabor o el aroma. Para ella, las ánforas eran una herramienta para alcanzar mayor transparencia. Con el tiempo, notó que cada vasija de terracota oxigenaba el vino de manera distinta, según el tamaño de sus poros. Cada una es una pieza artesanal, y parte de su encanto está justamente en esa singularidad.
Elena nunca imaginó que llegaría a dedicar tanto tiempo y energía a la elaboración de vino. De chica, no le interesaba en lo más mínimo. Le parecía que, si seguía ese camino, sería solo por imitación, sin pensar demasiado. Pero el proyecto con ánforas era distinto: era completamente suyo. Ella tomaba todas las decisiones y buscaba su propia forma de expresar esos vinos. Y, para destacar, sus padres la apoyaban sin condiciones y estaban felices de que hubiera encontrado su verdadera pasión.
A Elena le tomó varios años sentirse lista para lanzar sus vinos de ánfora al mercado. Quería que alcanzaran un nivel lo suficientemente alto como para presentarlos por mérito propio, sin depender del prestigio de su familia. Recién hace unos años empezó a comercializarlos bajo su propia marca, Le Anfore. Hoy ya suma 12 años de experiencia con este tipo de vinos, aunque su padre le recordó que se necesitan al menos 20 para volverse una experta. Las cuatro fincas de Famiglia Casadei cuentan con entre 20 y 30 ánforas cada una. Las primeras llegaron desde Georgia, pero el resto fueron adquiridas en Impruneta, en la Toscana, una región reconocida por la calidad de sus vasijas de terracota. @@FIGURE@@
Al principio, muchos pensaban que Elena solo quería viajar por el mundo para evitar responsabilidades, y ella sabía bien que esa era la imagen que daba en su pequeño pueblo. Pero lo que otros veían como un rumbo perdido, para ella era tiempo bien aprovechado: conocer otras formas de vida y conectarse con personas distintas le permitió, a una edad temprana, reflexionar sobre decisiones importantes.
Elena no le escapaba al trabajo. Lo que buscaba era un propósito más profundo, algo que la movilizara de verdad. Quería una misión que le diera sentido a sus días, algo a lo que pudiera entregarse por completo. Aunque todavía le faltan ocho años para alcanzar los 20 de experiencia que, según su padre, hacen falta para ser una experta, ya cosechó reconocimientos. Recibió la medalla de platino en los Decanter World Wine Awards 2025 por su Cannonau di Sardegna 2022 y fue distinguida con el premio "Tre Bicchieri" de la reconocida guía Gambero Rosso, como uno de los mejores Cannonau de Cerdeña. Su historia muestra que, muchas veces, esa inquietud que aparece frente a un trabajo cómodo puede ser la señal de que se necesita un desafío. Y cuando alguien con ese espíritu encuentra su vocación, lo que ofrece al mundo, como los vinos de Le Anfore, puede ser verdaderamente inspirador. @@FIGURE@@
Al momento de catar los vinos de Le Anfore, Elena propuso empezar por los tintos antes que por los blancos, ya que estos últimos tienen muy poco contacto con las pieles. No le gusta llamar "naranja" a sus vinos blancos porque, según explica, ese término arrastra cierto estigma. Suele asociarse a vinos con notas inusuales y una estructura tánica marcada, donde la técnica de vinificación se impone sobre la pureza de la variedad y la expresión del terruño.
Los vinos de ánfora que probé fueron de los más puros que conocí. Nunca habría imaginado que habían fermentado en ánfora si no me lo hubieran dicho antes. Se presentan con una transparencia sorprendente y elevan la experiencia frutal, en equilibrio con los aromas elegantes del terruño.
Vinos Le Anfore
2022 Le Anfore, Cannonau, Cannonau di Sardegna DOC, Cerdeña, Italia
Este vino está hecho con 100% Cannonau, cultivado bajo prácticas biodinámicas. Proviene de la finca Olianas, en el sur de Cerdeña, una zona mucho menos poblada y alejada del turismo que concentra el norte de la isla. Esa lejanía le da un carácter más agreste y virgen. La finca está cerca del yacimiento arqueológico de Su Nuraxi. Elena contó que sus padres visitan Cerdeña desde hace más de 25 años y que se enamoraron del lugar. Aunque los sardos suelen mirar con desconfianza la compra de tierras por parte de extranjeros, en este caso hicieron una excepción, ya que la familia se integró por completo a la comunidad. Este Cannonau, premiado por su calidad, se destaca por su pureza y elegancia. Es de esos vinos que se pueden regalar con total seguridad: impresiona desde el primer sorbo. Tiene aromas complejos de frutos rojos frescos, toques especiados, una acidez marcada y la cantidad justa de fruta aterciopelada en el centro del paladar. Los taninos, sedosos y perfectamente integrados, completan un vino que no falla en dejar huella. Solo se produjeron 6.000 botellas.
Le Anfore 2021, Sangiovese, Toscana IGT, Toscana, Italia
Elaborado con 100% Sangiovese de cultivo ecológico, este vino proviene de la finca Castello del Trebbio, en pleno corazón del Chianti. Está pensado para quienes buscan un Sangiovese más refinado, que muestre su esencia sin pasar por madera. Entrega aromas intensos a aceite de rosas y trufa fresca, acompañados por sabores profundos de cereza negra, con un leve matiz de sotobosque. Los taninos, finísimos, sostienen un vino equilibrado y expresivo. Es una edición limitada de apenas 5.000 botellas.
2023 Le Anfore, Trebbiano, Toscana IGT, Toscana, Italia
Hecho con 100% Trebbiano de cultivo ecológico, este blanco también proviene de la finca Castello del Trebbio. Elena cuida especialmente los tiempos de maceración con pieles en sus vinos blancos: evita prolongarlos porque su prioridad es que el vino sea agradable, sin aromas ni texturas fuera de lugar. Le tomó años de ensayo y error entender qué variedades funcionaban mejor y cómo adaptarse a cada cosecha. Si un vino no alcanza el nivel que busca, directamente no lo embotella. Lo único poco habitual en este Trebbiano es su color dorado, brillante y muy atractivo. Los aromas y sabores reflejan la calidad de una uva cultivada con esmero, pero con una intensidad que eleva el placer de beberlo. En nariz se destacan notas de piel de naranja y piedra caliza triturada; en boca, sabores a tarta de durazno y mermelada, con especias dulces y a la vez frescas, sostenidas por una acidez vibrante. Se elaboraron solo 4.000 botellas.
2022 Le Anfore, Migiu, Semidano Isola dei Nuraghi IGT, Cerdeña, Italia
Este vino está elaborado con 100% Semidano de cultivo orgánico, proveniente de la finca Olianas, en Cerdeña. La Semidano es una antigua variedad blanca autóctona de la isla. Como también da nombre a la zona, Elena no pudo usarla en la etiqueta, por lo que optó por su denominación histórica: Migiu. Presenta un color cobre impactante y una nariz cautivante, con aromas a violetas confitadas, té de jazmín y caracoles marinos, junto a notas de mandarina en conserva. En boca se destaca por su mineralidad salina, combinada con una textura envolvente y una acidez firme que le da equilibrio. Elena señala que ese leve carácter oleoso que tiene proviene de la piel de la Semidano. Solo se produjeron 3.000 botellas.
Un detalle curioso sobre los vinos Le Anfore que Elena elabora en la finca Olianas, en Cerdeña, es el método que usa para evaluarlos antes de embotellar. Primero los prueba en la propia finca, pero luego lleva las muestras a la Toscana para volver a catarlos. Explica que Cerdeña le parece un lugar tan mágico y de una belleza tan sorprendente que no siempre está segura de si lo que la enamora es el vino en sí o el entorno en el que lo toma. Por eso, prefiere comprobar en otro contexto si la magia está, efectivamente, en la copa. @@FIGURE@@
Olianas 2024, Vermentino, Vermentino di Sardegna DOC, Cerdeña, Italia
Elaborado con 100% Vermentino de cultivo biodinámico, este blanco se destaca por sus notas vibrantes de flor de limón y brisa marina. En boca ofrece sabores a crema de limón, con buen cuerpo, una acidez refrescante y un final largo que deja una sensación limpia y persistente.
Castello del Trebbio 2020, Chianti Rufina Riserva DOCG, Toscana, Italia
Este vino está compuesto por 90% Sangiovese, con el resto repartido entre Merlot y Syrah, todos de cultivo ecológico. Se trata de un Sangiovese encantador, elaborado con gran delicadeza. Presenta una expresión vibrante de cereza roja, acompañada por un leve toque especiado, notas de tomillo silvestre y una frescura que lo envuelve por completo. Los taninos, sedosos, aportan una elegancia notable.
Casadei "Sogno Mediterraneo" Toscana IGT 2022, Toscana, Italia
Hecho con 75% Syrah, completado con Garnacha y Monastrell, cultivadas bajo prácticas biodinámicas. Proviene de Suvereto, una zona que se consolida como una de las más prometedoras para los ensamblajes bordeleses con Sangiovese, y que también ofrece grandes vinos al estilo del Ródano. En nariz, muestra aromas a frutos del bosque y flores silvestres, con un toque de romero. En boca es jugoso, con taninos suaves y un final largo y persistente.
*Con información de Forbes US.