Tres décadas después del accidente aéreo que conmocionó a Estados Unidos, una serie vuelve a poner bajo la lupa a una de las parejas más observadas de los años 90. Love Story, la nueva producción de Ryan Murphy, reconstruye el vínculo entre John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette-Kennedy y reabre una pregunta que aún genera fascinación: ¿quiénes eran realmente y qué hubo detrás del mito?
La ficción, inspirada en el libro Once Upon a Time: The Captivating Life of Carolyn Bessette-Kennedy de Elizabeth Beller, retrata un romance intenso atravesado por la presión mediática. Con Paul Anthony Kelly y Sarah Pidgeon en los papeles principales, la serie expone la tensión entre la vida pública y el deseo de intimidad que marcó a la pareja. Pero más allá del dramatismo televisivo, la historia real ofrece matices que ayudan a entender por qué el vínculo terminó convertido en tragedia.
Kennedy Jr. cargó con un apellido que funcionó como sello político y símbolo cultural. Hijo del presidente John F. Kennedy y de Jacqueline Kennedy Onassis, creció bajo una exposición permanente. Abogado de formación y fundador de la revista George, combinó interés por la política con una imagen de celebridad. La prensa lo trató como heredero de una dinastía que muchos en Estados Unidos definieron como la “realeza” local.
Bessette, en cambio, provenía de otro universo. Nacida en Nueva York, construyó su carrera en la moda. Trabajó como publicista en Calvin Klein y se encargó de clientes de alto perfil. Su estilo sobrio y minimalista la transformó en referencia estética de los 90. Sin buscarlo, su relación con Kennedy la empujó al centro de la escena pública.

El encuentro y el peso de la fama
La serie presenta el primer cruce en un evento benéfico para salvar la selva tropical. Sin embargo, la biografía de Beller ubica el inicio en 1992, en un probador de Calvin Klein. Bessette atendió personalmente a Kennedy mientras él se probaba trajes. Tras la sesión, le entregó su número de teléfono. La versión televisiva dramatiza la escena y propone un juego de seducción más esquivo.
Antes de ese encuentro, Kennedy ya había ocupado portadas por sus romances. Salió con figuras como Madonna, Sarah Jessica Parker y Daryl Hannah. Parker describió en 1992 el asedio mediático que sufrió durante su relación. “Íbamos a lugares donde no había ni un alma, y al día siguiente veía fotos nuestras allí en los tabloides”, declaró a The New York Times. Esa experiencia anticipó el escenario que enfrentaría Bessette.
Love Story dedica sus primeros episodios a la relación intermitente entre Kennedy y Hannah. La ficción muestra una transición con zonas grises entre ese vínculo y el comienzo del romance con Bessette. En la vida real, ambos circularon en un ambiente donde las citas y los rumores formaron parte del paisaje mediático. Para Bessette, el salto de ejecutiva de moda a figura perseguida por fotógrafos resultó abrupto.
Según Beller, la publicista percibió la fama como una amenaza para la felicidad. La presión de los paparazzi se intensificó cuando la pareja oficializó la relación. Bessette evitó entrevistas y apariciones públicas innecesarias. No concedió reportajes y buscó preservar su intimidad. Los tabloides respondieron con calificativos despectivos y la retrataron como distante. Esa narrativa alimentó una imagen fría que contrastaba con testimonios de su entorno más cercano.
Una boda secreta y un desenlace fatal
Kennedy propuso matrimonio en el verano de 1995, en Martha’s Vineyard. Tras un año de relación, Bessette aceptó tres semanas después. La boda tuvo lugar en la isla Cumberland, en Georgia, en una ceremonia con menos de 40 invitados. Para ingresar, los asistentes debieron presentar una moneda especial como identificación. La pareja intentó blindar el evento frente a la prensa, que desplegó recursos para obtener imágenes exclusivas.
La tensión con los medios no cesó tras el casamiento. Meses antes de la boda, fotógrafos captaron una fuerte discusión en Central Park. Las imágenes mostraron un intercambio físico que derivó en un escándalo mediático. Kennedy intentó quitarle el anillo de compromiso y Bessette reaccionó con empujones. El episodio amplificó rumores sobre crisis recurrentes. La exposición constante añadió presión a una relación ya exigida por agendas y expectativas externas.

En julio de 1999, la historia tomó un giro definitivo. La pareja viajó a Martha’s Vineyard para asistir al casamiento de Rory Kennedy, prima de John. Volaron en un avión ligero pilotado por Kennedy. También los acompañó Lauren Bessette, hermana de Carolyn. La aeronave cayó al mar y los tres murieron.
La serie incluye una escena en la que Bessette pregunta por el instructor de vuelo previsto para ese trayecto. Kennedy responde que “no pudo asistir”. Un informe de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte indicó que un instructor certificado habló con el piloto el día del accidente y se ofreció a acompañarlo. Según ese testimonio, Kennedy “quería hacerlo solo”. La investigación concluyó que la causa fue desorientación espacial del piloto.
La muerte impactó en la opinión pública y reforzó el halo trágico asociado al apellido Kennedy. Para muchos estadounidenses, el accidente cerró un capítulo marcado por glamour, conflictos y persecución mediática. La figura de Bessette adquirió con el tiempo una dimensión icónica en la moda y en la cultura popular.
Love Story retoma esa narrativa y la adapta al lenguaje televisivo actual. La producción explora el contraste entre la imagen pública y la intimidad de la pareja, con énfasis en la presión que ejercieron los medios. El interés renovado confirma que, a más de 25 años del accidente, la historia conserva vigencia.
Detrás del mito hubo dos personas con trayectorias distintas que intentaron construir un espacio propio bajo una exposición constante. Kennedy representó una herencia política cargada de simbolismo. Bessette encarnó un ideal estético que trascendió su tiempo. La serie propone revisitar ese romance y reabre el debate sobre los límites entre celebridad, privacidad y tragedia.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com