Pagaron más de US$ 100.000 por un vino en una subasta: quiénes son los nuevos compradores y qué buscan
Pancho BarreiroEditor
Pancho BarreiroEditor
Una botella magnum de 1971 alcanzó los US$ 111.500. Fue el lote más caro de una subasta que durante 13 horas puso a competir en Hong Kong a coleccionistas por algunos de los vinos más buscados del mundo y terminó con un resultado difícil de ignorar: US$ 6,4 millones, 860 lotes a la venta y ni uno solo sin comprador.
La subasta, realizada por Christie’s, puso en el mercado una parte de la cava de Henry Tang, uno de los coleccionistas de vino más conocidos de Asia. Pero el resultado permite mirar más allá de la cifra final. El 80% de los lotes superó su estimación máxima, con Domaine de la Romanée-Conti, Henri Jayer y Leroy entre los productores que registraron algunos de los desempeños más fuertes.
El magnum Romanée-Conti 1971 que encabezó la subasta (por el cual pagaron US$ 111.500) había salido con una estimación de entre aproximadamente US$ 51.000 y US$ 70.000.
La colección recorría más de 90 años de cosechas y prácticamente todo el mapa clásico del vino de alta gama. Había desde los Premier Cru Classé de Burdeos hasta Pétrus, Lafleur, Le Pin y Cheval Blanc; de Borgoña aparecían Domaine de la Romanée-Conti, Henri Jayer, Leroy, Georges Roumier y Armand Rousseau.
La selección se extendía además a Champagne —con Krug, Salon y Jacques Selosse—, pasando por el Ródano, Italia, España, Alemania, Australia y Estados Unidos. Vega Sicilia, Giacomo Conterno, Screaming Eagle y Penfolds Grange formaban parte de una cava construida por Tang durante aproximadamente cinco décadas.
Para Tang, sin embargo, el valor de esa colección excedía el precio alcanzado en la sala. "Esta colección me dio un enorme disfrute, amistades duraderas e incontables experiencias memorables a lo largo de los años", señaló después de la venta. El coleccionista también destacó su deseo de que las botellas continuaran su recorrido entre nuevos propietarios que compartieran "el amor por el vino y el aprecio por las personas y las historias detrás de cada botella".
No es la primera vez que una porción de esa colección llega al martillo. En 2013, Christie’s había vendido 809 lotes pertenecientes a Tang por US$ 6,22 millones, también con el 100% adjudicado. Entonces, el máximo fueron seis magnums de Romanée-Conti 1995 que alcanzaron los US$ 156.695.
La comparación introduce un matiz. Esta subasta de 2026 no produjo el vino más caro vendido de la colección de Tang, pero mostró una demanda mucho más extendida: ocho de cada diez lotes terminaron por encima de las expectativas máximas de la casa.

Tang tampoco es sólo un coleccionista. Como secretario de Finanzas de Hong Kong participó en 2008 de la eliminación del impuesto a la importación de vino, una decisión que contribuyó a transformar a la ciudad en uno de los principales centros asiáticos para el comercio, almacenamiento y subastas de grandes etiquetas.
Su relación con algunos productores, además, precede por décadas al actual auge de precios de Borgoña. Christie’s recuerda, por ejemplo, que Tang conoció personalmente a Henri Jayer y llegó a comprarle una partida de magnums después de su retiro. Esa procedencia importa especialmente en un mercado en el que conservación, trazabilidad y autenticidad pueden alterar de manera sustancial el valor de una botella.
Ese punto fue también uno de los que destacó Adam Bilbey, responsable global de Vinos y Espirituosas de Christie’s, al atribuir la respuesta de los compradores tanto a la calidad de los vinos como a su procedencia: "La fuerte respuesta de los coleccionistas demuestra tanto la calidad excepcional como la procedencia de los vinos".
Sin embargo, uno de los datos más llamativos de la subasta no estaba dentro de ninguna botella. Casi la mitad de los compradores perteneció a las generaciones Millennial y Z y, dentro de ese grupo, cerca del 70% eran nuevos clientes. Para un mercado construido históricamente alrededor de coleccionistas de mayor edad y grandes fortunas consolidadas, la composición introduce una señal sobre el recambio de demanda.
También ayuda a explicar por qué la disputa no quedó limitada a uno o dos trofeos. Los compradores se distribuyeron entre Borgoña, Burdeos, Champagne y el Ródano, y participaron desde Asia, América y Europa.
La subasta abrió además las celebraciones globales por los 60 años del departamento de Vinos y Espirituosas de Christie’s, que continuarán durante octubre en Nueva York y luego pasarán por Londres y nuevamente por Hong Kong.
Sesenta años después de que Christie’s realizara su primera subasta especializada de vinos, en Londres, el mercado conserva buena parte de sus nombres históricos. Romanée-Conti, Jayer o Leroy siguen funcionando como imanes. Lo que empieza a cambiar, según dejó esta venta, es quiénes con los que levantando la paleta para comprarlos.