Qué ver: Peaky Blinders, The immortal man, los malos que tanto queremos
Casi cuatro años después del final de la serie, una película para Netflix hace las veces de epílogo. Al mismo tiempo que trae de vuelta a personajes emblemáticos, incorpora algunos giros que le dan un cierre a la historia y dejan abiertas algunas posibilidades.

Después de años de seguir una serie con pasión, temporada tras temporada, la llegada del último episodio se puede parecer, a veces, a la despedida de un amigo o de alguien querido. Aunque el cierre de una historia sea el adecuado para los personajes, es difícil dejarlos atrás y se suele percibir que precisan de un epílogo. La película de Peaky Blinders responde a esto, como una suerte de nueva oportunidad para Tommy Shelby, el personaje de Cillian Murphy.

La historia

The immortal man se apoya en el viejo tópico del personaje retirado al que alguien va a buscar con el objetivo de que vuelva a la acción y resuelva algún asunto. En este caso, Tommy Shelby dejó su vida como líder de los Peaky Blinders tras la muerte de su hermano y se retiró para vivir solo en compañía de su asistente, Johnny Dogs

Tommy vive acosado por visiones de su hija fallecida y se dedica a escribir su autobiografía, que predeciblemente se llama El hombre inmortal. No siente necesidad de volver al infierno de corrupción y violencia en el que vivía y quiere estar solo para terminar esas memorias, que no tienen un destino aparente más allá de él mismo.

Peaky Blinders. Foto: Difusión.

Por supuesto, todo cambia. En el prólogo de unos pocos minutos nos enteramos de un complot nazi para saturar la economía británica con millones de libras falsas. Quien está a cargo de llevar adelante la operación de tráfico del dinero es un oficial nazi interpretado por el gran Tim Roth. Su personaje parece un poco insulso al comienzo, pero empieza a revelar capas siniestras a medida que se desarrolla la trama, algo que, de la mano de su discreto carisma, le da todavía más oscuridad.

El problema de fondo para Tommy Shelby es, en realidad, familiar. Su hijo, interpretado por Barry Keoghan (Saltburn, entre muchas otras), está ahora a cargo de los Peaky Blinders y parece no tener ni el más mínimo código para sus actividades criminales en una Inglaterra bombardeada por los alemanes. 

Su tía parece ser la única que se le opone. Y ella, combinada con las acciones del joven Shelby, son quienes motivan a Tom a volver a la acción. Sin necesidad de hacer spoilers, se podría especular con un retorno de la serie, aunque no del modo que uno podría esperar a partir de este regreso de Shelby.

Los buenos y los malos

Quien está detrás de cámaras es el director Tom Harper, un realizador con oficio aunque no con una marca personal. El verdadero sello lo pone el creador y guionista Stephen Graham, quien parece ser el que verdaderamente controla el asunto y mantiene la película al nivel de la serie. La banda de sonido, la estética, el ritmo y hasta muchas secuencias mantienen el sello. 

De hecho, hay incontables referencias a la serie, situaciones similares y personajes que reaparecen aunque sea para darle el gusto a los fanáticos. Porque en parte, esta clase de películas se realizan para el público que siguió la serie con fidelidad (cuyos números permiten que Netflix le dé luz verde a la inversión necesaria para filmar) y en parte se hacen como resolución de la historia. 

Las historias sobre villanos siempre son atractivas cuando tienen un buen desarrollo en lo argumental. Con esa clase de personajes se suele generar una relación contradictoria, entre el entusiasmo por lo que les va sucediendo y lo que hacen, pero también el rechazo moral por sus decisiones. Walter White en Breaking bad causaba tanto admiración como desprecio. Tony Soprano despertaba cariño y, paradójicamente, rechazo. 

Peaky Blinders. Foto: Difusión.

Los actores son fundamentales en este proceso. Tony Soprano no sería lo mismo si no hubiera sido encarnado por James Gandolfini, lo mismo con Walter White y Bryan Cranston. No en vano se eligió al hijo de Gandolfini para interpretarlo en la película que continuó (como precuela) a Los Soprano. Breaking bad tuvo una película como epílogo, llamada El camino, en la que se le daba un mejor cierre al personaje que hacía Aaron Paul. Lo mismo con Tommy Shelby y Cillian Murphy.

Hay otra gran serie sobre delincuentes, Sons of anarchy, que no tuvo película. No fue por falta de público, ya que Disney anunció en diciembre pasado que por sí sola ya acumulaba más de mil millones de horas de visualización. En ese caso, el creador optó por un spin off que tuvo corta vida.

Los buenos villanos son irresistibles, más carismáticos e interesantes que muchos héroes. Esa verdad aplica tanto a ficciones como Star Wars y a los policiales o thrillers políticos. En este caso, Tommy Shelby se ve ante una situación ambivalente, que lo deja en un lugar heroico aunque no lo quiera y esa dualidad o contradicción hace que la trama tenga un motor interesante para moverse. Todo por la familia, tal como argumentan los protagonistas de Breaking bad, Los Soprano y Sons of anarchy, aunque con un poquitito menos de hipocresía. 

Imagen principal - Peaky Blinders. Foto: Difusión.