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The Bear
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Foto: Difusión.

Qué ver: The bear, el final de un camino gastronómico

Matías Castro

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La serie llegó al cierre con su quinta e intensa temporada, enfocada en una sola jornada de servicio a través de la que se reflejan sus evoluciones y la potencia del elenco.

3 Julio de 2026 08.25

The Bear (El oso en español) llegó a su final tras un viaje intenso, caótico y, por muchos momentos, emocionalmente desequilibrado. Lo cierto es que, contra todo pronóstico, arriba a buen puerto desde el punto de vista de la trayectoria de los personajes y sus empeños personales. Siete capítulos dedicados al servicio más intenso y exigente que ha tenido el restaurante, más un octavo que aporta un cierre emocional, redondean una serie que transmite amor por la gastronomía como arte y como servicio.

Sin entrar en spoilers, un crítico que aparece en esta temporada de la serie se refiere al clima que se respira en el salón del restaurante. Por lo común, la crítica gastronómica se centra en los platos, la limpieza, la celeridad, los sabores y otros factores que están sobre la mesa. Como mucho hacen mención a la diligencia del mozo o la moza. En este caso, el acierto del director y creador de la serie, Christopher Storer, pasó por incluir ese aspecto.

El clima del salón y de la cocina de The original beef of Chicagoland ha sido el alma de la serie. Es la manifestación de los estados anímicos y psicológicos de los personajes, donde se cruzan el caos, los altibajos emocionales, el humor, el compañerismo, las reyertas y las manías. 

Ha sido un clima marcado por la exigencia que se propone el chef Carmen Berzatto (Jeremy Allen White) y que, entre gritos, idas y vueltas, su equipo sigue con el objetivo de lograr que el restaurante sea reconocido como un lugar único y distinguido. 

Hay un contraste enorme entre el primer capítulo y el penúltimo de esta temporada. La serie empezaba de manera vertiginosa con primerísimos planos del trabajo en el local de sándwiches donde se ambienta toda la serie, rodeado de puro caos. Todo eso para servir exactamente el mismo sándwich con papas fritas una y mil veces, siempre en bandejas de plástico azul.

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En esta última temporada, la focaccia de entrada se sirve en este reconvertido local en las mismas bandejas azules de plástico. En ese detalle estético hay algo que comunica que el origen del local no se niega, tal como se hizo cuando se mantuvo un mostrador a la calle que seguía vendiendo los sándwiches originales, en paralelo al refinamiento de los platos del salón comedor. 

Desde aquella primera temporada, el empeño de Carmy Berzatto por reconvertir el local en algo digno de una Estrella Michelin parecía disparatado. A lo largo de las sucesivas temporadas su búsqueda y la de su equipo, agitada por las turbulencias internas, manías y obsesiones de cada uno, parecía un gran error, un camino equivocado que desnaturalizaba la esencia del lugar. 

Sin embargo, Storer y su equipo se aseguraron de llegar a un destino en el que aquel origen se pudiera mantener. Los capítulos de esta temporada van aumentando de ritmo paulatinamente, acompañados de música exclusivamente synthwave (producida por el oscarizado Hans Zimmer) que refuerza las tensiones aunque parezca la elección sonora más rara posible para estos ambientes y personajes

Toda la tensión se construye en torno a lo que se supone que será su último día de servicio tras el anuncio de que el tío de Carmy ya no seguirá subvencionando pérdidas.

Como siempre ha ocurrido, los imprevistos de todo tipo y color se suceden, algunos de forma muy espectacular aunque con más humor y menos histeria que en las temporadas anteriores. Lo interesante es cómo se ha trabajado la evolución de los personajes, de qué manera enfrentan esas situaciones casi límite y tratan de resolver problemas aparentemente imposibles. Ahí está la evolución y el camino hacia un final satisfactorio.

Si bien el clímax está en el séptimo capítulo, el octavo, que es el más largo, le da una resolución y cierre adecuado e íntimo a sus personajes. Se atan algunos cabos emocionales, como por ejemplo lo sucedido en la película Gary, que se estrenó algunos meses y casi todos los personajes, excepto los terciarios, tienen su momento de intimidad en el que los actores pueden lucirse a sus anchas. 

The Bear
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Ninguna serie de streaming puede entenderse sin contexto de los ecosistemas en los que se producen ni las tradiciones de las que pueden venir.  The bear se ha apoyado fuertemente en el foco sobre los personajes y sus dramas (por lo tanto en la capacidad de su elenco y de los guionistas) y también en el food porn, un género definido en las redes y que se basa en el regodeo al exhibir primerísimos primeros planos de la comida y su elaboración. 

La serie explota bien el food porn, desde el enchastre y el desorden del inicio hasta la delicadeza y la sistematización con la que trabajan en esta última temporada. Pero le da un sentido relacionado a la personalidad de los personajes, al mismo tiempo que logra transmitir encanto y curiosidad por la gastronomía. En cierto modo, y esto no es un ejemplo tirado de los pelos, lo consigue como las novelas policiales de Pepe Carvalho transmitían el gusto por la gastronomía que tenía su autor, Manuel Vázquez Montalbán. 

Hay grandes debates entre críticos sobre lo satisfactorio o no de este final. Más allá de eso, es el adecuado y el que la serie necesitaba. Hasta cierto punto, es inesperado (aunque hay un par de momentos previsibles), pero es positivo y feliz, como merecían esta serie de personajes queribles y su elenco. 

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