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Estadio Lincoln Financial Field de Filadelfia con hinchas de Ecuador
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Estadio Lincoln Financial Field de Filadelfia con hinchas de Ecuador
Foto: Cortesía

Con la fe como bandera, más de 50.000 ecuatorianos celebraron en Nueva Jersey

Sara Montalvo

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Ecuador se jugó su última chance de clasificar a los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo ante Alemania y lo logró tras imponerse 2-1. Estas son algunas de las historias que acompañan a la Tri en Estados Unidos.

25 Junio de 2026 17.30

El sentimiento de ver a tantos hinchas ecuatorianos con la camiseta que representa tu nacionalidad es, sin duda, algo inigualable. Cuatro años de espera, y la rutina del mundo sigue la misma: el fútbol paraliza al planeta, y han clasificado 48 países para enfrentarse en las canchas. Todos estos representan la ilusión y la frustración en cada jugada.

Para nosotros los ecuatorianos, esta Copa del Mundo no solo es la quinta en la cual participa La Tri, sino que significó distintos viajes, distintas formas de vivir el mundial. Todos en busca de una oportunidad de estar en un estadio compartiendo una misma pasión. Para Nicolás, un joven de 25 años y su mejor amigo Federico, de su misma edad, la planificación para ir al mundial fue espontánea, no solo para compartir la amistad, sino para juntar los criterios del análisis, la práctica y la comprensión ante un juego con una pelota, que tiene signos ya de evolución.

El trayecto de Nicolás y Federico fue: viajar de Filadelfia hacia Nueva York, y ver a Francia enfrentarse contra Senegal, luego tomaron ruta hacia Pittsburgh, seguido de una parada en Indiana hasta llegar a Kansas City, Missouri. En el camino, degustaron de una parrillada típica de los estados del centro, tradicional de la unión Americana. El resultado del partido de Ecuador - Costa de Marfil no fue el soñado, ni el esperado. Con un estadio de 68.000 ecuatorianos, los gritos de gol se quedaron estancados, pero la ilusión seguía.

Cuando el viaje se armó, resultó un éxito, piensas en los gastos, y también en la calidad del esfuerzo que le pones para apoyar a tu selección, hacer lo que puedas para llegar a un partido, que incluso las distancias con más de 20 horas para manejar, se torna corta pese a haber cruzado seis estados solo para ver, nuevamente, a tu selección.

Estos dos ecuatorianos tenían un presupuesto de plan de viaje, para cada estadio en el que jugaba el Ecuador, entradas que promediaba los US$ 400 a US$ 600. Y a veces, tocaba incluir reventas en Facebook de último minuto.

El mundial no termina con el sabor amargo de los primeros dos juegos. Se logró una sufrida clasificación a los dieciseisavos de final en un partido agónico. La ausencia de gol se acabó y llegaron dos tantos que pusieron a Ecuador en la siguiente fase. Los jugadores que no han podido destacar sus mejores esfuerzos en la cancha, y que si lo han hecho en sus clubs privados, deberán luchar por sus sueños y el de todos nosotros en el siguiente encuentro.  

Disfrutar de este único torneo con tus seres queridos o cercanos, no solo va a reforzar ese lazo entre familia y amigos, sino que se basa también en poder nutrir con recuerdos que se viven y que nunca serán iguales, que seguramente quedarán grabados para siempre.

En el primer partido contra Costa de Marfil, los ecuatorianos que asistieron masivamente a un estadio ajeno, que les juntó con el color amarillo y sus personajes de un Ecuador diverso que suena. Joaquín, que ha asistido a varios mundiales desde pequeño, sintió como única, esta presencia masiva en un país lejano, con tantos ecuatorianos, sumando un aforo de alrededor de más de 60,000 compatriotas.  

Ver un estadio ajeno con gente de tu país, no parece tener nombre como lo sintió Joaquín. Los contrastes e impacto y felicidad pura dominan sin importar cual sea el resultado. Los viajes de última hora, la reservación de alojamiento y vehículos; todo vale la pena por ellos: por los representantes que juegan en la cancha y los que salieron del país y dejaron parte de ellos en su país.

El partido del pasado 14 de junio se enfocó en la resiliencia de la selección, frente a la fuerte adversidad africana que topaba en la cancha. Como toda tensión debe estar presente en los partidos, el gol de Costa de Marfil se sintió como un balde de agua fría sobre los patriotas presentes, tal como lo describió Joaquín.

Con un ambiente algo decepcionado, Joaquín cuenta que empatar con el equipo menos fuerte del grupo, fue una gran sorpresa. Ha sido difícil mantener una actitud positiva, debido a los resultados.

Emilia, que es profesora en Estados Unidos, asegura que esta copa del mundo transportó una parte de nuestra cultura a ese país anfitrión. No solo con la presencia de los hinchas marcó un eco, sino que la gastronomía y accesorios, replicaban los festejos en el estadio Atahualpa, sede histórica para la selección de Ecuador.

¡Pero…no se puede bajar los brazos! Mientras que los sentimientos se cruzan, algo queda claro: la motivación de venir a darlo todo está para quedarse. Ecuador se mantuvo de pie y derribó al gigante. Venció 2-1 a Alemania. 

Como pudieron confirmar los ecuatorianos en gradas del estadio o desde su salón familiar: la esperanza es lo último que se pierde. (I)

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