David Paredes Periodista
Hace 10 años, la arquitecta Lorena Sevilla le dio un giro radical a su vida. Dejó la comodidad de Quito y su trabajo en la empresa familiar para apostar por el emprendimiento de su hermano Juan Francisco. Tenía 31 años y apenas se había casado cuando le propusieron que se asociara a una empresa de turismo en República Dominicana.
La idea le gustó, porque en sus planes estaba empezar de cero con su esposo y qué mejor hacerlo entre Ecuador y el país caribeño. Llegaron a Punta Cana con el dinero suficiente para construir un catamarán, una embarcación multicasco que sería utilizada para las actividades turísticas de la compañía. Desembolsaron US$ 100.000 para el proyecto.
"Ya conocíamos República Dominicana, porque mi hermano ya vivía un tiempo en Punta Cana. Él llegó unos años antes para montarse su empresa de turismo. En 2016 me llamó, porque querían hacer una inversión de capital para que su negocio creciera y nos invitaron a participar. En ese momento yo trabajaba en la constructora familiar y mi esposo se acababa de montar con un amigo un taller multimarca de motocicletas".
El plan era desarrollar sus actividades de arquitectura entre los dos países y dedicarle tiempo a la compañía de la que ahora era socia.
Mientras esperaban que la embarcación estuviera lista para navegar, Lorena buscaba una vivienda para establecerse durante un tiempo. El plan inicial era quedarse tres meses, recibir el catamarán y ponerlo a funcionar en las paradisíacas playas dominicanas.
"Mientras buscaba una casa de arriendo para vivir, conocí a Fabio de la Rosa, fundador y dueño de Noval Properties. Durante la conversación me propuso que trabajara con él en su compañía y acepté".
Empezó como diseñadora de interiores y vendedora. Actualmente es directora comercial y de expansión. Maneja un equipo de 30 personas, que a su vez están en contacto con más de 3.000 agentes asociados.
Noval Properties es una de las compañías más importantes del sector inmobiliario de ese país. Esta organización tuvo ingresos por ventas en 2025 por US$ 250 millones. Según su portal web, tiene más de US$ 3.000 millones en nuevos desarrollos y una cartera de 3.000 clientes.
La firma se especializa en desarrollar proyectos inmobiliarios turísticos, considerados segunda vivienda o casas vacacionales. Sus unidades son principalmente apartamentos y villas de lujo que están valoradas entre US$ 150.000 y US$ 7 millones.
"La empresa desarrolla los proyectos y los comercializa a través de canales B2B (business-to-business). Tenemos agentes inmobiliarios en todo el mundo que ofrecen las propiedades a clientes de Estados Unidos, Canadá y Europa".
El modelo de negocio permite que los propietarios, que no residen en República Dominicana, arrienden sus departamentos cuando no estén en uso. Además, son administradas y gestionadas por marcas hoteleras internacionales asociadas como Wyndham, Meliá Hotels, Aston Hotels y Grupo Archipiélago.
Una arquitecta en construcción
Lorena estudió arquitectura en la Universidad San Francisco en Quito e hizo su maestría en diseño, en la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería de Barcelona (Elisava). En España se especializó en interiorismo.
Desde niña soñaba con ponerse botas, utilizar casco y estar en las construcciones. Se enamoró de esta profesión gracias a los proyectos que sus padres desarrollaban. Su madre era una emprendedora que se dedicaba a los bienes raíces y a la construcción de proyectos pequeños, mientras que su padre trabajaba en la banca pública.
"Mi mamá se dedicaba a vender propiedades y a hacer negocios hasta que entró al mundo de la construcción. Comenzó haciendo casas y vendiéndolas y en algún momento eso creció y llegamos a hacer edificios pequeños de 10 y 15 departamentos", recuerda.
Sevilla estudiaba arquitectura cuando sus padres fundaron Belermo, una pequeña constructora que se dedicaba a proyectos pequeños. Trabajó desde 2008 hasta 2016, cuando se mudó al Caribe.
Actualmente, Sevilla no diseña. Sus funciones son exclusivamente comerciales. Eso sí, aprovecha sus conocimientos para las ventas. Ella sabe de colores, de distribución de los espacios y de materiales.
"La arquitectura es una parte de mi vida muy interesante que me llevó a donde estoy ahora. Cuando llegué a Noval, salí por completo de mi zona de confort. Al inicio, cuando empecé en ventas, pensaba que eso no era para mí. Con el tiempo logré crecer y evolucionar hasta tener un perfil más comercial".
Un nuevo estilo de vida
Lorena reconoce que mudarse de país representó un cambio enorme en su estilo de vida. En Quito tenía algunas comodidades. Trabajaba con su madre, en una oficina pequeña y administraba su tiempo según los proyectos que surgían en Belermo.
El ritmo de vida era más acelerado. "Los ecuatorianos somos trabajadores, amables y bastante rápidos para resolver las cosas. Tenemos una cultura de inmediatez donde todo es para ayer".
Ahora vive en Punta Cana, una ciudad más pequeña y uno de los principales destinos turísticos de República Dominicana. Para esta arquitecta de 41 años y madre de dos hijos, la pasividad del local le llegó a desesperar, hasta que se acostumbró.
"El ritmo en localidades más pequeñas o turísticas es más pausado y relajado. Existe una actitud más tranquila frente al tiempo. Si pasa hoy, pasa hoy; y si no pasa mañana, no pasa nada", dice.
Acostumbrarse a la comida también fue un reto. Si bien asegura que Punta Cana es una ciudad globalizada y se encuentra todo tipo de producto, extraña los ceviches, la fritada y las empanadas de morocho.
"En Ecuador, al ser un país continental, tienes más facilidad de encontrar cualquier producto que necesites. Somos un país bananero, cacaotero y con una variedad de productos de mar. En República Dominicana no hay industria pesquera tan fuerte. Ellos viven del turismo".
Lorena explica también la diferencia de ambos países en cuanto a los mercados inmobiliarios. Asegura que Ecuador mantiene un ritmo más reservado, caracterizado por dinámicas locales tradicionales y un crecimiento concentrado principalmente en la demanda interna.
Por el contrario, República Dominicana atraviesa un panorama radicalmente distinto. Según Sevilla, actualmente se posiciona como el país con mayor movimiento inmobiliario de toda Latinoamérica y cuenta con una de las industrias de más rápido crecimiento en el mundo. Este auge está respaldado por una fuerte inyección de capital e inversión internacional que busca dinamizar el sector turístico y de vivienda vacacional.
"Hay mucha inversión extranjera. República Dominicana tiene uno de los aeropuertos mejor conectados del Caribe. En 2025 llegaron 11,6 millones de turistas, la misma cantidad de habitantes. Existe más de US$ 5.000 millones en inversión extranjera. Es un país que está en el mapa de inversión del mundo", afirma.
Este atractivo caribeño no es casualidad, sino el resultado de un sólido esquema de incentivos legales diseñado para captar capital extranjero. Entre estas garantías destaca la exención del pago de impuestos durante 15 años para propiedades calificadas, sumada a un marco normativo que otorga a cualquier inversionista internacional exactamente los mismos derechos que a un ciudadano local, permitiéndole adquirir un inmueble presentando únicamente su pasaporte.
La empresa de turismo
Power Adventure, la empresa que fundó su hermano, sigue funcionando. El catamarán que adquirió Lorena aún navega cerca de las costas de Punta Cana. Ella se define como una socia y empresaria silenciosa. Deja todas las decisiones y operación sobre los hombros de Juan Francisco y su esposo.
"Yo soy socia de la empresa, pero no tengo mayor participación en las decisiones. La empresa es de servicios turísticos y está especializada en actividades acuáticas. Yo estoy concentrada en crecer con Noval y llevar su modelo de negocio a otros países".
Como directora comercial, da charlas y conferencias por toda República Dominicana y en su discurso siempre menciona de dónde viene.
"Llevo 10 años fuera de Ecuador y no dejo de sentirme 100% ecuatoriana. Pienso que mi país me dio las bases para crecer en el extranjero". (I)