David Paredes Periodista
Hace cinco años, los planes de María José Cucalón, directora de gestión patrimonial en Banrio Casa de Valores, estaban lejos del mar. Su meta estaba centrada en consolidarse como economista en la empresa familiar. El velerismo era cuestión del pasado.
Empezó a practicarlo cuando tenía nueve años y a los 18 hizo una pausa para dedicarse a sus estudios. Dejó Guayaquil y se mudó a Washington DC (Estados Unidos) para estudiar en la American University.
"Cuando me fui a Estados Unidos me sentí saturada del deporte. Toda mi infancia y adolescencia combinaba mis responsabilidades estudiantiles con los entrenamientos. Sentía en ese momento que debía enfocarme exclusivamente a mi preparación profesional".
La pausa que hizo a su actividad deportiva duró 12 años, entre 2011 hasta 2023. En el medio, en 2018, integró el equipo de Ecuador en los Juegos Sudamericanos Odesur, por una invitación que le hizo su antiguo entrenador.
"Un mes antes de los Juegos Sudamericanos, en Cochabamba (Bolivia), un exentrenador me contactó. Me pidió que integrara el equipo ecuatoriano de velerismo porque les faltaba un integrante en la categoría de Sunfish, donde se compite de forma individual. Acepté y estuve cerca de subirme al podio". Esa experiencia fue el inicio de un retorno exitoso al mar.
Retomó por completo los entrenamientos en 2023. Viajaba de Guayaquil a Salinas los fines de semana para subirse al velero y sentir de nuevo el viento en su rostro y la adrenalina de sortear olas gigantes. Empezó como una actividad recreativa y poco a poco se volvió parte de su rutina diaria.
Después de un año y medio de entrenamientos, a finales de 2024, su disciplina dio sus frutos. Esta economista de 33 años se proclamó campeona femenina del Mundial de Sunfish en Texas (Estados Unidos) frente a timoneles de 15 países. El 20 de septiembre de 2026 conquistó la medalla de plata en los Juegos Sudamericanos Odesur disputados en Santa Fe, Argentina.
"Lo más difícil de retomar la actividad deportiva fue el aspecto físico. Mi cerebro recordaba cómo navegar gracias a la experiencia que tenía de cuando era más joven. Me tocaba competir en categorías mixtas y trataba de destacar ante los hombres, pero físicamente no estaba preparada".
Actualmente, sus días se dividen entre sus entrenamientos y sus responsabilidades en la casa de valores. Inicia sus jornadas a las 05:00, en el gimnasio, y a las 09:00 ya está en la oficina atendiendo reuniones con clientes.
María José es directora de gestión patrimonial en Banrio Casa de Valores. A nivel empresarial, administra inversiones de empresas privadas por US$ 50 millones bajo custodia y cuenta con una cartera de 30 clientes directos.
En la empresa maneja un equipo de 10 personas. En su faceta deportiva tiene un grupo de apoyo de ocho profesionales que le ayudan en los entrenamientos en tierra y en mar, en su nutrición y en la parte psicológica.
La vela le ha enseñado a ejecutar bajo presión, adaptarse a condiciones que pueden cambiar sin aviso, gestionar riesgos en tiempo real y mantener la mirada en objetivos de largo plazo. También, dice, le ha demostrado que algunos de los mejores momentos para pensar aparecen precisamente cuando se desconecta del día a día.
"En la desconexión del mar aparecen ideas y soluciones que no encuentras en la rutina".
Su sueño es llegar a los Juegos Olímpicos, aunque reconoce que para alcanzar esa meta se necesita financiamiento y hacer sacrificios. Ya lo intentó durante el ciclo de los Juegos de París 2024.
Su categoría habitual, el Sunfish femenino, no forma parte del programa olímpico, lo que la obligó a cambiar a una modalidad mixta y navegar junto a un compañero masculino. A eso se suma el desafío económico. Por falta de recursos, su preparación para París se redujo a solo dos meses, un tiempo insuficiente para medirse en igualdad de condiciones ante potencias como Italia, Australia o España.
"Una campaña olímpica de cuatro años requiere una inversión astronómica", explica Cucalón. Para competir al máximo nivel en Europa, donde se concentra casi todo el circuito mundial, es necesario mudarse a ese continente, financiar la logística, estadía y alimentación de un equipo de tres personas (los dos navegantes y el entrenador), además de adquirir una embarcación en suelo europeo.
"Esta inversión puede llegar fácilmente a US$ 1,5 millones y ese monto no está en mi presupuesto".
Sin ese financiamiento, el sueño olímpico está en pausa. Cucalón prefiere concentrar su energía en metas a corto plazo para no abrumarse, sabiendo que un podio en los Juegos Panamericanos de Lima, en 2027 podría atraer sponsors y acercarle a su meta deportiva.
Para ella, volver a competir también significó recuperar una parte de su identidad que durante años había quedado en pausa. Y encontró, además, que las habilidades desarrolladas en el deporte tienen un lugar natural en su vida profesional. Porque en muchos sentidos, navegar se parece a invertir: no se pueden controlar las condiciones del entorno, pero sí la preparación, la estrategia y la calidad de las decisiones.
"Los resultados consistentes no vienen de un solo movimiento, sino de muchas buenas decisiones ejecutadas con disciplina en el tiempo", afirma la medallista sudamericana. (I)