David Paredes Periodista
José Joaquín Granda, científico ecuatoriano y vocero oficial de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) para los países hispanohablantes, tuvo una semana intensa.
Su agenda se vio desbordada por el seguimiento de la misión Artemis II, que llevó a cuatro astronautas a orbitar la Luna después de 50 años. Fue una expedición compleja en la que Granda cumplió una tarea retadora: traducirla para que sea comprendida tanto por un niño de 12 años como por sus colegas y altos ejecutivos. La misión comenzó el 1 de abril de 2026.
“Uno de los retos más importantes como vocero es poder explicar la parte técnica y el uso de alta tecnología a nivel de sexto grado. Esto es para que cualquier persona pueda comprender lo que está pasando”, asegura en una entrevista desde California, vía telemática, con Forbes Ecuador.
También es el encargado de redactar los informes de la NASA en español para su difusión. Granda combina sus actividades en ese organismo estadounidense con su trabajo como profesor de Ingeniería Mecánica en la Universidad Estatal de California, en Sacramento (capital del estado). Imparte las materias de Sistemas dinámicos y control automático, Modelaje y simulación de sistemas mecatrónicos. También apoya en investigaciones científicas.
En la misión Artemis II, que tiene previsto amerizar la noche de este viernes 10 de abril en las aguas del Océano Pacífico, frente a California, aportó con la simulación matemática para poner a prueba los posibles riesgos que pudieran tener los astronautas en la cápsula.
Su origen
@@FIGURE@@José Joaquín Granda nació en 1948, en el sector de La Alameda, en el centro de Quito. Estudió la primaria en la Escuela Eugenio Espejo y la secundaria en el Colegio Municipal y Experimental Sebastián de Benalcázar. Desde niño se interesó por los idiomas. Habla español, alemán, inglés y francés. Su fascinación por las lenguas extranjeras lo impulsó a buscar oportunidades para visitar Estados Unidos.
“Me gustaba el inglés y trataba de aprenderlo solo”. Su madre, Clara Díaz, adquirió una radio Philips donde Granda sintonizaba todos los días la señal de la emisora Voz de América, en inglés.
Desde cuarto curso (hoy primero de bachillerato) intentó ser parte de American Field Service, un programa que permitía a los colegiales estudiar un año y vivir con una familia estadounidense. Lo rechazaron en dos ocasiones hasta que en sexto curso lo aceptaron. Viajó a Dayton, en el estado de Ohio, y perfeccionó su inglés. Ahí se quedó un año.
A sus 25 años, en 1973, se graduó de ingeniero mecánico en la Escuela Politécnica Nacional. Al culminar su pregrado viajó a California para hacer su especialización en la Universidad de California, en Berkeley. Desde entonces se quedó a vivir y se involucró en investigaciones científicas. En 1982 se mudó a Sacramento para ser profesor.
Así inició la carrera de profesor e investigador de este quiteño, ahora de 78 años, quien es parte del programa Artemis II.
Así ‘alunizó’ en la NASA
@@FIGURE@@En 2002, la Universidad Estatal de California recibió una invitación de la NASA para hacer una investigación conjunta sobre modelos matemáticos y simulaciones. El encargado de liderar al equipo de investigación fue Granda. “Ya tenía 19 años como profesor e investigador y algunas divulgaciones científicas publicadas. La NASA se interesó por lo que hacíamos en el campo de modelos matemáticos y simulaciones. Les gustó tanto que me invitaron a trabajar con ellos en el departamento de ingeniería, con Ray Montgomery, en la sede de la NASA en el Langley Research Center, en Virginia”.
Granda recuerda que en sus primeros días en la NASA se sintió “como un niño en su primer día de escuela”. Estaba nervioso, ansioso por empezar y con ganas de aprender cómo funciona una entidad tan importante.
Montgomery, quien fue su mentor, trabajó en los sistemas de control del programa espacial de transbordadores que ejecutó la NASA entre 1981 y 2011. Por eso, Granda asegura que creció de la mano de una eminencia.
“Me sorprendió cuando le comenté sobre mi investigación y los trabajos que estaba haciendo. Le hablé de los métodos que realizaba para que los cálculos automáticos sean más fáciles y permita automatizar el proceso de modelaje y simulación. Solo giró su silla y sin entender todo lo que le decía, me dio su tiempo y me pidió que le explicara”, recuerda.
Su reto más importante
@@FIGURE@@Granda explica que uno de los momentos más complicados de una misión espacial no es cuando la cápsula despega, sino cuando regresa a la Tierra. Se hacen simulaciones matemáticas y los astronautas se ponen a prueba, porque el vehículo entra a la atmósfera a 40.000 kilómetros por hora y puede alcanzar una temperatura de hasta 3.000 grados centígrados.
En 2005, cuando la misión Discovery ya estaba en el espacio, ocurrieron dos situaciones críticas: el desprendimiento de una parte del aislamiento del tanque, que casi golpea al transbordador, y el desprendimiento de unas láminas de las losetas de la panza del vehículo. La misión fue exitosa, porque en la Tierra se tomaron decisiones oportunas para resolver estos inconvenientes en el espacio y salvar a los astronautas.
Esta situación ponía en riesgo a la tripulación, sobre todo en su retorno a la Tierra. Ya había antecedentes catastróficos como el despegue del Challenger en 1986 o el retorno del Columbia en 2003, cuando las naves explotaron.
El ingeniero ecuatoriano fue vocero de la misión para toda Latinoamérica y países hispanohablantes y parte del equipo que presentó simulaciones de misiones anteriores sobre contextos similares. “Hubo varias posturas de lo que se debía hacer. Los médicos pensaban en la salud del equipo, otros temían que la misión fracasara y en ingeniería, que se pueda reparar el trasbordador y todos vuelvan a casa”.
El plan que presentaron implicaba que el astronauta Stephen Robinson, que estaba en la misión Discovery, saliera de la nave y reparara la estructura. El director aceptó esta propuesta y toda la NASA trabajó para resolver el problema. “Vi un equipo comprometido. Nadie se quejó. Entendí que en estos grupos élite no hay cabida para el ego”.
Granda ya conocía a Robinson, cuando fue su alumno en la Universidad Estatal de California. Se reencontraron 23 años después en la agencia espacial. Años después realizaron investigaciones juntos.
Desde entonces, la NASA le pidió que continuara con dos responsabilidades: ingeniería y la transmisión de información al público hispanohablante.
Como vocero, entre 2005 y 2011 participó en 17 misiones del transbordador y la estación espacial. Asegura que ese fue su mayor desafío, porque debía encontrar las palabras adecuadas para que todos pudieran entenderlo.
Aunque era maestro y se presentaba a auditorios repletos de alumnos, enfrentarse a los medios fue un desafío. Siente que la NASA y la academia lo prepararon para este cargo.
Su desempeño lo llevó a obtener el segundo lugar en un certamen de investigación que involucró a todas las áreas de la NASA.
Detrás de ese logro estuvo la tutela de Montgomery, quien lo citaba dos veces por semana para pulir su oratoria, enseñándole desde el manejo de la voz y la postura hasta la importancia de la brevedad en sus mensajes.
“Aprendí a presentarme ante el público de una forma distinta a la que estaba acostumbrado. Cuando las oportunidades vienen uno tiene que evaluarlas y tomarlas”, dice.
Granda viene a Ecuador cada tres años, en verano. Lo que más extraña es la gastronomía. Viaja cuando puede con sus cuatro hijos, que trabajan en distintos estados en Estados Unidos.
Mientras imparte clases en la facultad de Ingeniería Mecánica, sus investigaciones continúan. Actualmente trabaja en simulaciones para el descenso de la misión Artemis IV en la Luna. “Eso se dará en 2028 y estamos a tiempo de hacer pruebas y correcciones”. (I)