La primera mujer Kichwa Salasaca en el MIT
El sueño de rescatar la lengua nativa con la que nació fue un fuerte impulso que le permitió abrirse camino para alcanzar sus metas y convertirse en la primera mujer Kichwa Salasaca en entrar al MIT. Allí estudia un Master of Science (Msc) en lingüística aplicada en el departamento de lingüística y filosofía, que dura años. Ahora quiere mejorar sus conocimientos para volver a ecuador a fortalecer la lengua kichwa, que está en peligro de extinción.

El día en que se enteró de que fue aceptada en una de las mejores universidades del mundo, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), soñó que su hermano vino a felicitarle. Él había dejado este mundo hace algunos años. 

Margarita Soledad Chango Masaquiza nació en la Sierra ecuatoriana, en la parroquia Salasaca, provincia de Tungurahua. Tiene 29 años y vivió la mayor parte de su vida en Salasaca, pero estudió y trabajó en Ambato. "Soy la menor de cinco hermanos, tengo una hermana, tres hermanos y luego estoy yo", dice esta ecuatoriana que ahora estudia en una institución que mantuvo durante diez años consecutivos el título de la mejor universidad, según la clasificación mundial de universidades QS (en inglés, QS World University Rankings).

Es la primera mujer kichwa de Ecuador en entrar en el MIT, donde estudia un Master of Science (MSc) en Lingüística Aplicada. Cuenta que de alguna manera creció con inseguridades por la desconfianza de sus profesores en cuanto a sus habilidades, solo por ser indígena kichwa salasaca. 

En su adolescencia estuvo en dos colegios distintos. En uno de ellos recuerda que existía una exclusión social por las diferencias étnicas, y el trato a las personas de las comunidades estaba marcado por la desconfianza en sus habilidades, por parte de los docentes y los compañeros. "Siempre me percaté de esa mirada al salasaca diciendo tal vez no pueden estudiar o no pueden hablar inglés. Incluso cuando yo lo daba todo en clase no era lo suficiente, simplemente porque era salasaca". 

Decidió cambiarse de colegio por estos malestares que vivió y las cosas mejoraron. Su perspectiva cambió y se dio cuenta de que hay entornos que pueden endurecer la realidad, pero hay otros que pueden mejorarla. También fue una época en la que se introdujo en el mundo de la música y la danza, que le ayudaron mucho a transitar esa etapa de su vida. Aunque encontró un ambiente más sano para su desarrollo educativo, hubo una pregunta que no dejó de rondar por su mente: "¿En verdad los salasacas no podemos?". 

Soledad sabía que ser warmi kichwa salasaca era una fortaleza y no una debilidad. "Yo estoy segura de que muchos de los actos que recibí en el colegio fueron mi impulso para decir que en verdad los salasacas sí podemos, hay muchas cosas que hacer aquí y no por cuestiones de discriminación me voy a detener". 

La nota completa la puede encontrar en la edición impresa número 15, que circula desde el pasado 9 de diciembre.

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